Daniel White (M&G North American Value): “Muchos gestores value añaden a este concepto otros estilos, lo cual es un error”


No cabe duda de que el mercado de renta variable estadounidense ha recuperado brío. El discurso de rebaja de impuestos a familias y empresas con el que Donald Trump ha llegado a la Casa Blanca ha sido el factor que está haciendo que muchos inversores se planteen ahora construir o reforzar sus posiciones en bolsa americana. Si a esto le sumamos la vuelta del value que hemos vivido en los últimos meses, no cabe ninguna duda de que las estrategias de renta variable estadounidense que invierten siguiendo criterios de valoración vuelven a estar en el radar de los inversores. En M&G Investments ya han percibido este interés, que en la firma canalizan a través del M&G North American Value, fondo con la calificación Consistentes Funds People que es primer cuartil a tres años gracias al hecho de haber sido capaz de generar en este periodo una rentabilidad anualizada del 17,9%, 2,4 puntos por encima de su índice de referencia.

El fondo está gestionado por Daniel White, quien también es gestor adjunto del M&G European Strategic Value, producto gestionado por Richard Halle que también tiene calificación Consistentes Funds People y que gestiona siguiendo la misma filosofía. White ha estado de visita en España para explicar los entresijos de un producto cuyo gran rasgo distintivo es el ser una estrategia puramente value. “Muchos inversores value añaden a este concepto algo más: momentum, calidad… En mi opinión, esto es un error. A mí me encantaría comprar compañías de alta calidad que presentasen algún catalizador que estuviese a punto de disparar su cotización, pero la realidad es que el mercado no te da muchas oportunidades de este tipo. Cuando descubres el catalizador, ya está puesto en precio. El problema de añadir al value estilos adicionales es que esto te hace ignorar valores que te ofrecen buenas oportunidades de inversión a largo plazo. Nosotros hacemos value y, curiosamente, esto es algo que nos diferencia de nuestros competidores”, afirma White en una entrevista con Funds People.

La primera herramienta de valoración que utilizan a la hora de hacer la criba del universo de inversión es el precio Valor en Libros. “Preferimos esta ratio al Price to Earnings (PER) porque los beneficios suelen presentar una mayor ciclicidad. En la práctica, el PER puede llevarte a comprar algo que parece barato, pero en el punto equivocado del ciclo y al revés: desechar algo que parece caro con unos beneficios deprimidos que, en realidad, representan una oportunidad. Lo bueno del Precio Valor en Libros es que es más estable y crece en línea con la tendencia a largo plazo. Para nosotros, es una señal de valoración muy fiable, si bien es cierto que posteriormente tienes que complementarlo con un análisis fundamental que te permita conocer en profundidad el modelo de negocio de la compañía, su balance, la solidez de sus finanzas, su equipo directivo…”, explica el cogestor de la estrategia.

En primer lugar, White aplica un filtro cuantitativo que les permite averiguar qué compañías cotizan a un precio atractivo con respecto a su valor en libros. Su objetivo es quedarse con el primer cuartil más bajo, es decir, identificar al 25% de las compañías más baratas. Ese es el universo sobre el cual hacen posteriormente su análisis fundamental para seleccionar a los 60-100 valores que suelen tener en cartera (hoy hay 83). “El problema con el que te encuentras en estos momentos a la hora de realizar este ejercicio es que la mayoría de las empresas que aparecen corresponden a valores del sector financiero y energético. Para solventarlo, lo que hacemos es aplicar dicho filtro sobre cada uno de los sectores, para conocer cuáles son las compañías más baratas dentro de cada uno de ellos. Esto nos sigue permitiendo quedarnos con las acciones más atractivas según esta ratio, pero con una mayor flexibilidad”, subraya White.

Eso no significa que hagan una asignación sectorial neutral. Sobreponderan e infraponderan determinados sectores en función del stock picking. “Queremos que los retornos generados en la cartera provengan de la selección de valores y el estilo value, no que nuestra exposición sectorial o la beta, que siempre la mantenemos estable en uno, explique el comportamiento de la estrategia. No tenemos fijados límites específicos a nivel sectorial, pero si llegamos a un punto en el que en la cartera hay muchas empresas de un mismo sector, intervenimos”. White reconoce que hace tres años las oportunidades que ofrecía el mercado alcanzaba un universo más amplio, pero el buen comportamiento experimentado desde la crisis financiera por las compañías calificadas como bond proxies (empresas defensivas, de alta calidad y negocios estables) ha reducido su número. “Hoy todavía las hay, pero ahora se encuadran en las que tienen un negocio más cíclico”.

El gestor apunta a compañías que han atravesado procesos de reestructuración, que han cambiado sus equipos directivos o en situaciones especiales, lo que hace que la visibilidad sobre su negocio sea escasa. “La gente no quiere incertidumbre, pero esas áreas del mercado son baratas y ofrecen valor. Cuando compramos una acción es porque cotiza a un precio atractivo, confiamos en ella y los inversores no están percibiendo su potencial. Nuestro proceso no se basa en encontrar el próximo Apple o Facebook, sino en constituir una cesta de valores que, de manera agregada, sea barata, siempre con una visión de largo plazo (3-5 años)”. El tiempo medio de permanencia de un valor en la cartera es de cuatro años y la rotación anual de ésta inferior al 25%. “Una de las razones por las que creemos que la inversión value funciona es porque muchos participantes del mercado están centrados en el corto plazo, especialmente en EE.UU, donde tratan de predecir los resultados que van a presentar las compañías el próximo trimestre”, indica.

A su juicio, lo verdaderamente importante está en el análisis de la rentabilidad-riesgo que ofrece el valor. “Todo gira en torno a la valoración, tratar de entender qué está puesto en precio y decidir qué acciones representan una oportunidad interesante en función de este binomio. No podemos saber cuándo la compañía va a generar ese retorno esperado. Lo que sabemos es que el mercado puede cambiar su visión muy rápidamente. También sabemos que lo importante es la cartera y no las compañías. A comienzo de cada año hago el mismo ejercicio: trato de determinar qué acción de mi cartera registrará el mejor comportamiento en los próximos doce meses. Siempre me equivoco. En el value investing puede resultar muy difícil tener una fuerte convicción en valores individuales y, si la tienes, es muy posible que te equivoques. El peso de cada compañía en la cartera guarda relación con el perfil de riesgo de la empresa (cómo está el balance, el modelo de negocio, su valoración, su capitalización, su liquidez…). Por ese motivo, las diez primeras posiciones de la cartera no necesariamente son nuestras diez mejores ideas. No están ahí por eso, sino por lo que aportan a la cartera en su conjunto”.

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