Cuatro derivadas que se deberán tener en cuenta para invertir en materias primas en 2017


Considerando lo accidentado que ha sido 2016 para las materias primas, más el radical giro que han dado los mercados a partir de las elecciones en EE.UU. – dólar más fuerte, subidas de tipos de interés en EE.UU. y previsión de reflación-, ¿qué deben esperar los inversores el año que viene?

“El crudo ha sido uno de los contribuidores destacados a que la inflación estuviera baja. Creemos que, a menos que se produzca una caída mayor en el precio del petróleo, ahora se postula como un motor clave de una inflación más elevada, primordialmente a través del mecanismo de la medida interanual del IPC”, detallan los analistas de Goldman Sachs AM. “El llamado efecto base podría ser sustancial, especialmente en la primera parte de 2017”, añaden.

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Los analistas aclaran que el repunte de la inflación será positivo, al alejar los temores de estanflación a favor de un entorno de “crecimiento nominal más sano, mayor empleo y crecimiento salarial, precios más estables de las materias primas, crecimiento potencial de los beneficios corporativos y tipos de interés moderadamente más altos”. Sin embargo, advierten de que “la inflación podría ser una espada de doble filo en 2017 si se pone mucho en precio y muy rápidamente”.

Desde PIMCO muestran una visión más cauta. Andrew Balls, director de inversiones de renta fija, y Joachim Fels, asesor económico, indican que “la mejoría del entorno macro, así como los signos de disciplina de algunos productores de la OPEP y los signos en general de ajuste avanzado entre oferta y demanda de varias materias primas, han impulsado las previsiones en términos generales”. Los dos expertos afirman que, con las valoraciones actuales, “las materias primas siguen ofreciendo valor como diversificadoras y protección contra la inflación”.

Dicho esto, y teniendo en cuenta el rally generalizado en la clase de activo durante 2016, los expertos creen que “probablemente la responsabilidad se ponga sobre la OPEP, para que cumpla con sus acuerdos, y sobre los estímulos fiscales y otros motores macro positivos para trasladar las expectativas a la realidad”.

Neil Dwane, estratega global de Allianz Global Investors, espera un incremento gradual del precio del crudo hacia los 55 dólares para final de 2017, aunque afirma que la meta final serían los 60 dólares el barril: “Los 60 dólares son el punto crítico en el cuál la industria puede empezar a autorizar proyectos”.

Dwane basa su expectativa de repunte de los precios en dos variables. Por un lado, hace notar que el potencial de recuperación del precio del crudo está limitado al rango de 65 a 70 dólares por “la normalización de una oferta inusualmente alta a través de la interrupción de la producción”. Por otro lado, explica que “es probable que se incremente la demanda en más de un millón de barriles al día, a no ser que se produzca una recesión global”.

En cuanto al reciente acuerdo de la OPEP – apoyado por Rusia y Omán-, el estratega afirma que “la organización es disfuncional, pero Arabia Saudí puede mover los precios ella sola, aunque esté financieramente estresada”. A esto añade que “Rusia probablemente mantenga su apoyo al acuerdo”.

En cuanto al precio del oro, el experto alerta de que “las previsiones dependerán de la política monetaria de la Fed, pero sólo se esperaría un incremento abrupto de los precios si el “dinero helicóptero” se convierte en realidad”.

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Mark Burgess, director global de renta variable de Columbia Threadneedle Investments, explica que “la expansión cuantitativa ha enviado a los productores la señal errónea de seguir invirtiendo, lo que se ha traducido en una sobrerreacción en los precios que ha obligado a los productores a cerrar minas y pozos de petróleo”. Esta reacción ha estimulado a su vez la demanda, y por eso Burguess se declara más optimista sobre las commodities para 2017.  

El experto explica que, los precios bajos que presentaron las materias primas en los últimos dos años “han supuesto un estímulo para los consumidores derivado del abaratamiento del petróleo en los mercados desarrollados y de unos alimentos a precios asequibles en los emergentes” y advierte que “estos precios podrían estar ahora listos para subir”.

“No cabe duda de que los estímulos fiscales en forma de proyectos de construcción de infraestructuras benefician a las commodities, e incluso sin el infame muro no faltarán proyectos en EE. UU. y otros países que impulsen al sector”, añade.

Dos consecuencias inesperadas

La evolución del precio de las materias primas traerán consigo al menos dos efectos colaterales. Uno de ellos lo detalla Steve Drew, responsable de deuda corporativa emergente de Henderson: “Es previsible que veamos emisiones continuas de deuda soberana en 2017, especialmente procedentes de Oriente Medio. Los déficit presupuestarios de estas economías dependientes del petróleo probablemente les convierta en emisores de deuda frecuentes en los mercados de capitales de un modo que no habían hecho en el pasado, ya que el precio del petróleo parece enquistado en el rango de 40-50 dólares el barril”.

El segundo efecto lo explica Prakriti Sofat, economista de mercados emergentes de Goldman Sachs AM: “El grado de agresividad de las medidas proteccionistas de EE.UU. será un importante indicador de la posibilidad de que se apliquen en represalia aranceles a la importación en EE.UU.”, explica Sofat; estas tarifas gravarían el precio de algunas materias primas (ver gráfico).

Captura_de_pantalla_2016-12-20_a_la_s__11El economista indica que la posibilidad de que China adopte este tipo de medidas “sería menos efectiva, porque las exportaciones de EE.UU. a China no son tan grandes como las exportaciones de China a EE.UU.”.

El experto matiza que “los aranceles pondrían presión alcista sobre el precio de los bienes importados y podrían contribuir a incrementar la inflación, añadiendo más motivos para que la Fed suba los tipos de interés”. 

En caso de materializarse un escenario de guerra comercial en el que EE.UU. impusiera fuertes aranceles a China y México y éstos respondieran con otras medidas punitivas, “el efecto negativo sobre el crecimiento y el sentimiento del mercado podría ser un catalizador para un gran punto de inflexión en los mercados”.

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