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¿Cuánto sabes de la descarbonización de una cartera?


TRIBUNA de Ophélie Mortier, estratega de inversión sostenible y responsable en DPAM. Comentario patrocinado por Degroof Petercam Asset Management.

Hoy en día, cuando muchos directivos se dedican a una "cacería de carbono", se menciona a menudo la noción de "descarbonización" de carteras ¿Qué significa esto?

Hoy en día, existen varios enfoques para descarbonizar una cartera de inversión, teniendo en cuenta todas las previsiones necesarias. Este concepto se basa en metodologías que están en desarrollo y por ende, siguen siendo imperfectas. No todas las empresas están equipadas con un sensor de medición de emisiones de carbono. Por lo tanto, las emisiones se notifican o se estiman a nivel global de la empresa, con la dificultad adicional de calcular las emisiones directas (que se utilizaron para producir el producto en sí) y las emisiones indirectas (relacionadas con el uso del producto).

Los procesos de descarbonización se centran en un único aspecto de la cartera, el riesgo climático, dejando de lado otros aspectos en la gestión. Cabe destacar varias metodologías para lograrlo:

Un primer método es invertir en sectores de baja emisión. Por ejemplo, una cartera que evitaría (total o parcialmente) la exposición a los sectores de energía, servicios públicos, industria y materiales. Se trata de un enfoque bastante restrictivo en varios aspectos: en primer lugar, debido a la amplia variedad de sectores y materiales industriales.

Además, la lucha contra la energía fósil puede llevar a algunos inversores a una salida radical de los sectores de gas y petróleo. Si sus esfuerzos se consideran insuficientes en este sentido, la exclusión puede llevar a un punto de no retorno. En este contexto, la transición energética a una economía hipocarbónica debe ir acompañada de un diálogo con todos los actores y partes interesadas para que exista una transición viable. 

Un segundo y más extendido método de descarbonización es calcular la huella de carbono de una cartera e intentar reducirla a lo largo del tiempo o en relación a otra cartera o índice de referencia. El objetivo de medir la huella de carbono de una cartera es evaluar su riesgo con miras a una transición a una economía con bajas emisiones de carbono.

Para ello, las emisiones de carbono de los emisores individuales generalmente se calculan y se reportan en relación con su volumen de negocio (enfoque de intensidad de carbono). El método de cálculo se basa en el reconocido por el Global Greenhouse Protocol e incluye las emisiones denominadas de alcance 1 (emisiones directas de fuentes propiedad o controladas por el emisor que informa de las emisiones), y las de alcance 2 (emisiones directas relacionadas con la energía consumo -electricidad, calor, vapor- necesarios para la fabricación del propio producto).

Como anunciábamos anteriormente, aunque el método de descarbonizar una cartera todavía es imperfecto, uno de sus beneficios es que la medición de la huella de carbono permite una estimación global del riesgo. Por otro lado, el objetivo de reducir esta huella muestra un fuerte deseo de progreso y una verdadera conciencia medioambiental.

Inquietudes metodológicas de la medición de la huella de carbono

En primer lugar, la metodología de cálculo de la huella de carbono tiene varias debilidades (emisiones directas e indirectas, emisiones diferidas o estimadas, solicitudes a clases de activos menos tradicionales, etc.). Por lo tanto, un proceso de inversión y de creación de carteras basado exclusivamente en esta medida es inherentemente arriesgado

La mayoría de las soluciones de inversión se basan en la optimización de la huella de carbono de la cartera mediante la sobreponderación o subponderación en función de estimaciones de las emisiones.

Asimismo, este enfoque tiene como objetivo reducir las emisiones totales de la cartera en un horizonte temporal. No obstante, a medida que avanza la tecnología, con una cartera sin cambios, la huella de carbono puede disminuir gradualmente. Dependiendo de las mejoras en la metodología de cálculo, esta última aumentará o disminuirá debido a un simple cambio metodológico.

Es por eso que existe el consenso de que la huella de carbono es una medida imperfecta. Sin embargo, representa una indicación del riesgo climático y, por lo tanto, es pertinente, ya que el cambio climático plantea riesgos financieros y económicos a corto y mediano plazo.

La integración del riesgo climático en un proceso de inversión es esencial. Debe ser llevada a cabo de una manera reflexiva y sensata por analistas y gestores que tengan plena conciencia de todos los temas en juego en sus sectores económicos, como resultado de una investigación fundamental en profundidad.

 

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