Las tres cosas a las que los inversores deben permanecer muy atentos en estos momentos


Estamos ante una situación sin precedentes en los últimos 100 años. Hemos pasado del máximo histórico en las cotizaciones de las acciones de todos los tiempos, en un estado muy complaciente, a lo que se puede considerar el mercado bajista más rápido de la historia. El desplome ha sido de hasta 34% para el S&P 500, lo que se parece al Lunes Negro de 1987, cuando cayó un 34%, pero esta vez ha sido más rápido. Incluso en la crisis de 1929 el PIB global cayó un 27% y las acciones un 86% desde máximos, si bien a lo largo de un periodo de dos años. Además, en esta ocasión la desviación de la volatilidad respecto a la media ha sido mucho peor que cuando el Lunes Negro de 1987 o la quiebra de Lehman Brothers.

“La caída en las cotizaciones de las acciones ha llegado a ser tal las últimas cinco semanas que las de Italia o Japón muestran rentabilidad negativa real (después de inflación) en 33 y 34 años, en España los últimos 22. De hecho, el 90% de los mercados globales de acciones muestra rentabilidad negativa real los últimos 10 años. Así que las acciones globalmente están cerca del punto más barato de 20 años, más que en marzo de 2009. Las de Reino Unido y sector de energía ya están en su punto más barato históricamente y también se encuentra cerca de tal punto el sector financiero”, asegura Luca Paolini, estratega jede de Pictet AM.

Según el experto, con esto el mercado descuenta una caída del 14% en los dividendos en EE.UU por el índice S&P 500 este año y otro 21% en 2021. En Europa un 30% y un 27%, respectivamente. Así que el mercado espera una caída de los beneficios mucho peor que en 2008 y 2009, cuando hace unas semanas esperaba un aumento del 10%. Estamos en una situación similar a la de octubre de 2008, cuando la incertidumbre era muy alta, la volatilidad extrema y la liquidez se reducía. El mercado tocó fondo en marzo del año siguiente. Sin embargo, esta vez se han implementado medidas extraordinarias en una etapa más temprana de la crisis y los estímulos son mayores.

“Los mercados tardarán un tiempo en digerir todas estas medidas, pero comenzarán a descontar que son ilimitadas”, señalan Pascal Blanqué, director de Inversiones en Amundi y Vincent Mortier, director de Inversiones adjunto en la entidad. “Van por delante del ciclo económico real y, por lo tanto, tocarán fondo antes de que se produzca el final de la pandemia. Sin embargo, se calmarán y tranquilizarán cuando puedan anclar las expectativas en tres puntos. El más importante: cuando se tenga más información sobre el patrón cíclico de la pandemia, o cuando haya algún signo de una mejora en la velocidad del contagio. Esto depende de la variable tiempo (la extensión del período de crisis) y de los esfuerzos de movilización (las medidas de contención puestas en marcha en los diferentes estados)”.

1. En opinión de los expertos de la firma francesa, la dirección todavía apunta hacia un aumento del número de casos, con una velocidad creciente en las últimas semanas. Y eso es lo primero que los inversores tienen que vigilar: la evolución de la pandemia. “Cuando las medidas de contención comiencen a funcionar, la velocidad debería desacelerarse. Esto sucedió primero en China y ahora vemos algunas señales de que también empieza a suceder en Italia, lo que está ayudando a proporcionar algo de alivio al mercado. Sin embargo, la normalidad no vendrá directamente tras la contención de la pandemia, pues una suerte de distanciamiento social seguirá vigente mientras no se encuentre una vacuna. Este es, de nuevo, el caso de China; donde la actividad se reanuda lentamente después del cierre, pero aún permanece por debajo de los niveles normales”, señalan.

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2. En segundo lugar, hay que estar atentos a si las políticas monetarias y las medidas fiscales que han puesto en marcha bancos centrales y gobiernos para aliviar las condiciones financieras del sector corporativo y para proporcionar recursos adecuados a los hogares para afrontar un período de mayor desempleo son creíbles y efectivas . “La escala y el ritmo de las medidas de estímulo fiscal y monetario para apoyar la economía no tienen comparación desde la Segunda Guerra Mundial, si no antes. En vista de la rapidez con que algunos paquetes han sido impulsados a través del proceso legislativo, parece casi imposible descartar errores técnicos”, asevera Stefan Kreuzkamp, director de Inversiones de DWS. Pero habrá que estar muy pendientes de sus efectos y, sobre todo, de cómo se implementan.

Tal y como apunta Anna Stupnytska, responsable del área de Macroeconomía Global y Estrategia de Inversión en Fidelity International, en Estados Unidos, la principal preocupación actual estriba en la ejecución del ingente paquete fiscal de dos billones de dólares. “El dinero tiene que fluir rápidamente hacia las áreas donde más se necesita. Los obstáculos burocráticos y de reparto podrían dilatar el proceso semanas o incluso meses, un retraso que la economía estadounidense no puede permitirse. Cualquier bloqueo podría traducirse en una recesión más larga y, posiblemente, más profunda que se extendería al segundo semestre del año”, afirma.

3. Por último, los inversores tienen que estar muy atentos a cuándo se puedan anclar las expectativas sobre el tramo corto de la curva de crédito, después de las recientes dislocaciones, y los yields de los bonos de los países core, que han comenzado a subir desde que se anunciaron las medidas fiscales, descontando una mayor deuda futura.

"En esta fase transitoria, a medida que se desarrolle la crisis se hará evidente para los inversores que al día siguiente de que termine la pandemia se encontrarán con menores rendimientos de los bonos core y con la necesidad de encontrar rentabilidad en otros lugares. El crédito y la deuda de los mercados emergentes serán los candidatos naturales en los mercados públicos, pero de momento la presión sobre estas clases de activos sigue siendo elevada y todavía no es hora de hablar de puntos de entrada agresivos", destacan Blanqué y Mortier.

En cuanto al crédito, lo que hay que vigilar son las rebajas de las calificaciones de las empresas (de BBB al espacio high yield) y la morosidad. "Son los retos clave en un entorno de baja liquidez. En el ámbito de la calificación de baja calidad, la atención se centra en las empresas que pueden sobrevivir a un bloqueo temporal de la actividad económica (menor/nulo beneficio) con costes todavía regulares y a veces elevados (amortizaciones de deuda): Lo que era insostenible antes de la crisis será seriamente cuestionado y dará lugar a impagos", concluyen.

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