“Cualquier argentino que recuerde el ‘corralito’ de 2001 debería centrarse en convertir sus activos en dólares”


El Ibex 35 terminó la semana pasada con la peor racha bajista de los últimos meses, debido a la exposición de las grandes empresas españolas a países latinoamericanos. Fue especialmente doloroso el traspié del peso argentino, que registró su peor caída desde los días del ‘corralito’. De hecho, tan grave ha sido la depreciación de la divisa –un 56% frente al dólar en 2013- que el Ejecutivo de Cristina Fernández de Kirchner levantó el pasado viernes la prohibición de compra de divisas en el mercado oficial para los ciudadanos de a pie, prohibición conocida popularmente como “cepo cambiario”.

James Barrineau, co-responsable de deuda de países emergentes de Schroders, insiste en separar a Argentina de los otros países emergentes (Brasil, India, Turquía) que están sufriendo apuros cambiarios. Para Barrineau, el caso argentino “está relacionado solamente desde el momento en que el entorno de liquidez a la baja –que la retirada de estímulos de la Reserva Federal ha disparado en los mercados emergentes- ha llamado la atención sobre las vulnerabilidades de los países con peor calificación”.

El co-responsable de deuda emergente explica que los bonos argentinos denominados en dólares se habían disparado por la creencia de los inversores de que el interminable proceso judicial de la quiebra anterior del país les permitiría conseguir cupones atractivos con poco riesgo, algo que fomentaron las escasas medidas políticas tomadas al respecto. Entretanto, las reservas oficiales descendieron desde los 38.000 millones de dólares de julio hasta los 29.000 actuales. El experto no se olvida de recordar el deficit energético de carácter estructural que afronta el país –más de 6.000 millones de dólares-, “exacerbado por un populismo increíblemente corto de vista por parte del régimen de Kirchner”. “Esto es siempre garantía de una sangria en las reservas y estamos asombrados de ver que el mercado ignora estos hechos”, manifiesta el experto de Schroders. 

“Sin ninguna responsabilidad política salvo los controles de capital, que no estaban funcionando, esta era una crisis anunciada”, continúa Barrineau, que se muestra sinceramente anonadado con los sucesos de la última semana: tras la intervención del Banco Central de Argentina ante la aguda depreciación de la moneda, la autoridad gastó cerca de 100 millones de dólares para intentar que la divisa cotizara por encima de los 8 pesos el dólar (una caída cercana al 20% en sólo dos días), y el viernes se levantaba el mentado “cepo cambiario”. “No podemos entender cómo podrá funcionar”, afirma el experto. 

El análisis de Barrineau no termina ahí: “La política parece haber sido designada para crear pánico, no impedirlo. No podemos recordar ninguna respuesta más incoherente a una crisis de un mercado emergente. Creemos que las probabilidades de una recesión profunda, con inflación extremadamente elevada y una crisis política que lleve potencialmente a un cambio de liderazgo son bastante elevadas”. En añadidura, ante un posible efecto contagio con ramificaciones en Brasil, Uruguay y Chile, el co-responsable de renta fija emergente de Schroders ha decidido mover su exposición a aquellos países que tengan más recursos para responder a este fenómeno.

El experto termina con un mensaje claro y directo: “Cualquier argentino que recuerde lo que sucedió durante la quiebra de 2001 y la devaluación debería centrarse únicamente en convertir sus activos en dólares”.

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