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Crónica de un rebote


TRIBUNA de Mario Rappanello, responsable de Tesoreria y Allocation Advisory de Banco Mediolanum

Muchos inversores aún están asimilando la velocidad y la contundencia del rebote que se ha vivido en los mercados mundiales desde el mes de febrero. Analizando lo sucedido, es interesante observar algunas causas de este fenómeno que quizás no son evidentes a primera vista.

Después del colapso de los mercados de febrero, los gestores se encontraron, muy rápidamente, a mediados de marzo con carteras de acciones desequilibradas. Especialmente aquellos con fondos que por definición y por estatuto tienen carteras mixtas (por ejemplo, 30% de bonos, 70% de acciones). A este tipo de vehículos las fuertes caídas de las cotizaciones de la renta variable les habían desequilibrado los porcentajes a favor de los bonos, que también habían caído, pero con un efecto menor en la ponderación.

La reacción positiva de los bancos centrales y la evolución positiva de la pandemia en algunas zonas geográficas llevaron a los gestores a aumentar su propensión al riesgo y a empezar a reequilibrar sus carteras comprando acciones para volver a su distribución natural de porcentajes.

En un estudio de marzo, JP Morgan calculó que solo este reequilibrio de las carteras originaría compras de acciones globales por más de 3,3 billones de dólares. Así que se produjo una convergencia de las adquisiciones de quienes querían aprovechar el colapso anterior con las de aquellos que tenían que comenzar a comprar para reequilibrar sus carteras.

Los índices bursátiles subieron y esto tuvo como efecto la reducción de la volatilidad: el índice que la mide, el VIX, que llegó a cotizar más de 80 en marzo (cuando el promedio de los últimos 10 años era de 16) cayó a 24 el 5 de junio. Esa bajada de la volatilidad tuvo un efecto detonador en los mercados debido al hecho de que este índice sirve de referencia para muchos productos financieros: no solo para quien especula directamente sobre este índice, sino también para fondos hedge (como los Risk Parity, Risk Control o fondos VAR), que lo utilizan para determinar cuánto riesgo hay en el mercado. En resumen, cuando el índice VIX baja, el algoritmo de esos vehículos de inversión aumenta automáticamente la exposición a las bolsas de valores. Por lo tanto, la recuperación durante el mes de mayo se ha autoalimentado.

Pero, a mediados del mes de junio, todo cambia. El pretexto fueron los nuevos brotes de coronavirus, la tendencia de la tasa de paro en Estados Unidos, las tensiones sociales en Estados Unidos… Este conjunto de elementos, unidos al hecho de que algunos gestores aprovecharon que Wall Street acababa de dejar atrás las pérdidas que acumulaba desde el comienzo del año para vender, ha bloqueado las compras de los algoritmos. Y entonces, de repente, los mercados bursátiles se corrigieron.

Aunque, mirando los factores técnicos, no se puede excluir un nuevo rebote. Este no estaría justificado aún por los datos macroeconómicos, todavía débiles, sino por los mecanismos y las interrelaciones de que hemos hablado.

Primero, los reequilibrios de las carteras aún no se han completado. JP Morgan estima que los inversores globales no bancarios tienen una exposición a la renta variable de poco menos del 40%, es decir, por debajo del promedio histórico. Esto es, que todavía están un poco infraponderados. Si solo tuvieran una exposición del 49% (el nivel que tenían a principios de 2018), JP Morgan calcula que las bolsas de valores mundiales aumentarían en un 47%.

Los fondos de volatilidad tampoco han terminado de reposicionarse. Según cálculos de UBS la semana pasada, los fondos de Risk Control podrían comprar más acciones por valor de entre 40.000 y 55.000 millones de dólares entre ahora y julio; los fondos de Risk Parity por entre 40.000 y 60.000 millones de dólares; los fondos Risk Control y Commodity Trading Advisor (CTA) por entre 45.000 y 65.000 millones de dólares.

No podemos olvidar la importancia que tiene la evolución del Covid-19 en el mundo en los futuros movimientos de los mercados ni tampoco las incertidumbres sobre la evolución de la campaña electoral en Estados Unidos, las tensiones entre China y Estados Unidos o las disputas fronterizas entre India y China.

No sabemos qué pasará mañana, ni la semana, el mes ni el año que viene. Lo que está claro es que detrás de cada situación extrema de los mercados hay muchos más factores de los que se observan a primera vista. Quien sabe, incluso podría ser que algún deslumbrante hechizo desencadenase un nuevo rebote.

En cualquier caso, el ahorrador ha de ser consciente de que tratar adivinar qué hará el mercado es un riesgo excesivo que le acaba pasando factura. Independientemente de los vaivenes a corto plazo de los mercados, lo más recomendable para los ahorradores es mantenerse fieles a su planificación financiera y a sus estrategias de inversión, no perder de vista sus objetivos y apoyarse siempre en su asesor financiero. Dejemos a los gestores: que sean ellos quienes cabalguen las siempre agitadas e imprevisibles olas del mercado.

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