Crisis: El poder creativo de la destrucción


La crisis de deuda de la zona euro está dominando los titulares - y por lo que parece esta situación continuará todavía. Incluso si se encuentra al final una solución política para restablecer la confianza de forma sostenible, e incluso si se calman los mercados financieros, con los bancos centrales saliendo del modo anticrisis de vuelta a la normalidad, harán falta años o incluso décadas para reducir la deuda acumulada. Y la tragedia es que esta crisis de deuda no es la única que hemos tenido que sufrir en las últimas décadas: Está ligada a una serie de otras crisis, y parecería que cada una era la preparación para la siguiente, con cada una de las crisis sucesivas más intensa que la anterior.

¿Acaso no fue el dinero barato con el que el Banco de Japón inundó el mundo (especialmente Asia) en los 90 la causa de la Crisis Asiática? La reacción de la Fed (Federal Reserve Bank) ante esa crisis fue inundar los mercados con todavía más dinero (el famoso "Greenspan Put"), que puso los cimientos de la burbuja en el mercado de renta variable (la burbuja "puntocom") al final del milenio. Todo lo que faltaba era el plan de Clinton de convertir a los Estados Unidos en una nación de propietarios de vivienda. Esto terminó por ligar las hipotecas a los tipos de la Fed – pero solo en una dirección. Si los tipos de interés clave bajaban, los dueños de las viviendas obtenían mejores condiciones pero estaban protegidos si aumentaban. A esto hay que añadir que es más fácil financiar el gasto del consumidor si los tipos son bajos.

Uno de los chistes de la historia es que los chinos, al invertir sus excedentes de las exportaciones en bonos del gobierno de Estados Unidos, mantuvieron bajo el tipo de interés de los bonos, y en consecuencia el tipo de los préstamos, hasta que el gasto de las tarjetas de crédito de los consumidores americanos llegó al punto de ebullición. Por tanto, fue el superávit por cuenta corriente de China el que fomentó el déficit de Estados Unidos. Debido a este acuerdo, el déficit cada vez se hizo mayor.

Se intentó agrupar las hipotecas malas con el fin de estructurar el riesgo de impago y hacerlas así más manejables (títulos respaldados por hipotecas) lo que condujo a una burbuja del mercado inmobiliario en Estados Unidos que se exportó alrededor del mundo, especialmente a Europa. Los bancos estaban felices de tener bonos de alto rendimiento en sus libros. La rueda empezó a girar cada vez más rápido: De repente, la calidad crediticia de los préstamos no era lo que causaba los cuellos de botella, sino la habilidad para deshacerse de las hipotecas. Éstas eran empaquetadas en bonos, de forma que se colocaban en los mercados de deuda, con la consecuencia final de que el principio fundamental del préstamo conservador había saltado por los aires. No hubo que esperar mucho tiempo para la siguiente burbuja: La crisis de los mercados financieros estalló en 2008. Luego apareció la crisis de deuda de la zona Euro: Los Estados que ya tenían unas finanzas en el límite tuvieron que enfrentarse a la crisis de los mercados financieros. El resultado fue un crecimiento descontrolado de la deuda soberana y finalmente una crisis de confianza mientras Grecia se veía forzada a mejorar constantemente los datos del presupuesto que mandaba a Bruselas.

La reacción primera reacción ante la crisis fue inyectar incluso mayores cantidades de liquidez. Los países lanzaban paquetes de estímulo uno detrás de otro con la intención de evitar el colapso económico. Esto hizo que los números de las perjudicadas finanzas públicas se pusieran aún más en rojo. Las montañas de deuda crecían cada vez más y las agencias de rating terminaron por retirar la confianza a estos estados. Nos queda después de todo esto un mundo al revés: los países industrializados, sobre-endeudados, a menudo con déficit por cuenta corriente que son financiados por los mercados emergentes.

Todo esto viene a probar que el dinero por sí solo no hace la felicidad, ni siquiera cuando procede de los bancos centrales. Lleva a realizar malas inversiones que suelen terminar con inflación – si no en la cesta de la compra, en los activos reales. Si miramos atrás, digan lo que digan los manuales de economía, parece indiscutible que los gobiernos y los bancos centrales no tenían otra opción. ¿Qué podemos aprender de todas estas crisis, además de los asuntos sobre política regulatoria que han generado?

Aunque pueda parecer sarcástico, la lección más importante es que las crisis son un componente inherente de la prosperidad. Las crisis pueden verse como el “proceso del descubrimiento” según el filósofo Friedrich Hayek, de forma que la destrucción de lo viejo precede la creación de lo nuevo. Esto puede trasladarse a las pequeñas crisis, vistas como fluctuaciones económicas, pero también a las grandes crisis que conducen a nuevos ciclos de crecimiento. El círculo se cierra: la historia de nuestra prosperidad es al mismo tiempo una historia de crisis. Cada ciclo de Kondratieff (fueron descubiertos por Nikolai Kondratieff, un economista ruso asesinado precisamente al final del tercero de los ciclos que llevan su nombre) que se ha medido desde finales del siglo XVIII terminó con una crisis, y después le siguió un largo periodo alcista. Es histórica y única la prosperidad alcanzada en los últimos 200 años. Sin embargo, solo aquellos que viven en una “sociedad abierta” que permita las crisis pueden beneficiarse.

Es posible identificar cinco largos periodos desde finales del siglo XVIII: el ciclo que provocó la máquina de vapor, seguido por la nueva tecnología del acero y el ferrocarril, el cual lo reemplazaron los productos químicos y la electrificación antes de que adquirieran mayor relevancia los productos petroquímicos y los automóviles. Las características principales del último ciclo hasta la actualidad son las telecomunicaciones y las tecnologías de la información. No obstante, todos estos ciclos económicos se vieron irrumpidos por una crisis antes de comenzar un nuevo auge: Ya sea el pánico de 1837, la crisis conocida en Alemania como la crisis de los fundadores de finales del siglo XIX (“Crisis Finesecular”, para la historiografía económica española), la Gran Depresión de 1930 o las dos crisis del petróleo de 1970. Como dice el economista austriaco Joseph Schumpeter, “la destrucción creativa” siempre precede a una nueva era.

Por cierto, Karl Marx escribió su teoría en el momento del colapso del primer ciclo de Kondratieff. Con todos los debates que su teoría ha generado, este punto de vista no se ha considerado hasta la fecha. Lo interesante de esto es que Nicolai Kondratieff estableció que un largo ciclo de crecimiento - que penetra y cambia la economía y la sociedad – pasa por una fase de madurez, perdiendo fuerza luego y finalmente acaba en una crisis. Sobreviviremos a la crisis actual cuando el próximo repunte económico comience. Para esto se necesitarán nuevas innovaciones que serán respaldadas por una demanda creciente y generalizada para estas tecnologías fundamentales 2. La demanda estará limitada por un cuello de botella en la productividad, de forma que, solo cuando se elimine este cuello de botella, la productividad aumentará.

El capital financiero fomentó estos cambios que acabaron en malas inversiones. Ahora mismo está buscando rendimientos que ya se encuentran en las industrias maduras, y que suelen acabar en la creación de burbujas. Sin embargo, una vez que las burbujas estallan, el capital estará disponible para nuevas industrias. ¿No hemos estado ya en esta situación? De hecho, la última gran expansión económica hasta la fecha, que empezó con las tecnologías de la información, llegó a su punto de inflexión y al colapso – algo que era muy evidente en los mercados de capitales – al cambiar de siglo y se produjo mediante una burbuja en las “puntocom”. Desde entonces, ha sucedido un terremoto detrás de otro. Si miramos en retrospectiva, tenemos que reconocer que la cadena de crisis sucedidas durante la última década, engloban una gran crisis.

Si lo miramos desde fuera, lo más probable es que el nacimiento del nuevo ciclo de crecimiento económico coincida con la crisis actual. En él se oculta el poder creativo de la destrucción. ¿Qué se puede esperar en el sexto ciclo de Kondratieff? Como suele ser típico en los ciclos de Kondratieff, estará dominado por grandes (limitaciones) cuellos de botella a nivel económico. En una época de escasez de materias primas y recursos energéticos, y en un momento en el que el propio medio ambiente se ha convertido en un recurso escaso, es importante mejorar la eficiencia del uso de estos materiales escasos. Para ello se debe aumentar la productividad energética y la productividad de las materias primas, de forma que aunque siga aumentando el precio de la energía y las materias primas, no supondrá un problema a nivel económico, ya que la productividad de los mismos evoluciona de igual forma que los precios. La bombilla de LED es un claro y reciente ejemplo, ya que el 90% de ahorro energético que supone, representa un incremento de la eficiencia de nada menos que 10 veces.

El medio ambiente: Un recurso escaso

Es cierto: el medio ambiente se ha convertido en un recurso escaso. Ya no puede explotarse de forma gratuita, nunca debería haber sido así. A partir de ahora, el uso del medio ambiente – como por ejemplo las emisiones de CO2 – deberá reflejarse en su coste/precio.

El cambio climático es la última llamada de atención y que no se puede dejar pasar a esta verdad económica. La presión para actuar hará cambiar la economía y la llevará a una nueva fase de crecimiento. Este crecimiento parece que será diferente. El cambio hacia nuevas fuentes de energías renovables muestra que el crecimiento será una cuestión más de regeneración que de consumo. Todo se basa en la sostenibilidad. Si pensamos más allá: En lo que se refiere a nuestro planeta, el cambio sería de un crecimiento parásito a un crecimiento simbiótico. Las tecnologías básicas para alcanzar este cambio, como requeriría Kondratieff, la mayoría ya existen. La “sociedad abierta” es parte lo que traerá consigo.

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