Crédito en moneda local: oportunidades en deuda emergente


Los inversores llevan años apostando fuerte por los mercados bursátiles de los países emergentes, pero no tanto por su deuda, que ocupa un porcentaje mucho más bajo en las carteras. Sin embargo, y según Pierre-Yves Bareau, director de inversiones del equipo de deuda emergente de JP Morgan AM, este año la tendencia está cambiando hacia un aumento de la apuesta por la renta fija de los países en desarrollo, algo que ya se refleja en los flujos de dinero. Las áreas que mejor resultado darán son el crédito corporativo, gracias al saneamiento de los balances empresariales, y la deuda pública en moneda local, muy beneficiada por un rebalance de las divisas.

“Su credibilidad, su crecimiento y su fortaleza fiscal, así como el aumento de la calificación crediticia de su deuda, impulsarán un cambio estructural que sacará a estos mercados de la marginación, porque son más parte de la solución que del problema”, asegura. De hecho, se dará una convergencia de calificaciones crediticias con el mundo desarrollado, debido tanto a la mejora de los emergentes como al empeoramiento de los ratings en los países desarrollados. Según Bareau, el cambio de poder beneficia a los mercados asiáticos y latinoamericanos, así como al de Europa del Este, un mercado que resurge y vuelve a estar en el centro de interés de los gestores.

En cuanto al segmento con más potencial de crecimiento, destaca el de crédito gubernamental en divisa local (con retornos esperados de entre el 12% y el 15%), en países como Suráfrica, Brasil, Indonesia o Rusia, frente al escaso potencial de la deuda pública en dólares. Con todo, la escasez de oferta podría ser un revulsivo para esta última opción. Las oportunidades también estarán en crédito corporativo, con un fuerte catch-up de aquí a 2020 impulsado por activos mejor calificados. Unas apuestas que vendrán apoyadas por el rebalance de divisas. “Las monedas de México, Corea, Polonia, Hungría, India, Hong Kong y Malasia están muy atractivas en términos históricos, una cesta que habría que financiar no sólo con el dólar, sino también con el euro y el yen”, asegura Bareau.

Estos productos son también una respuesta a una creciente preocupación por las subidas de tipos. “Los inversores están saliendo de los mercados monetarios y otros activos conservadores, añadiendo riesgo a sus inversiones desde una perspectiva global y pensando ya en cubrir el tipo de interés de sus carteras. Para dar respuesta a esta preocupación estamos trabajando en bonos corporativos en mercados emergentes, así como en fondos de retorno absoluto, no sensibles a los tipos, y en fondos de bonos de duración cero para eliminar ese riesgo a largo plazo”, explica Jeremy Cave, gestor senior de renta fija del grupo.

Estabilización del segmento high yield

Con respecto a los productos de deuda high yield global, Thomas Huaser, vicepresidente y gestor senior de este segmento de deuda en JP Morgan AM, aseguró que también se encuentran en un ciclo favorable, gracias al fortalecimiento del escenario económico y el saneamiento de las compañías, que han estabilizado sus ingresos y mejorado su cash flow, lo que ha conducido a una bajada de la tasa de defaults, que el mercado cuantifica entre el 4% y 6%. “Nadie contaba con el factor tan favorable que ha supuesto la fuerte reducción de costes de las empresas, que les está permitiendo pagar su deuda, lo que mejora su calificación, reduce el riesgo de impago y estrecha los diferenciales”, asegura el experto, convencido de que a los bonos les espera un periodo de spreads estables marcados por el fin de la recesión. “Sólo habrá picos si se da un escenario de doble recesión que hemos descartado y la selección ahora estará dirigida por la normalización de los mercados”, afirma.

Desde JP Morgan AM sobreponderan los sectores de productos y servicios de consumo, así como el de salud e infraponderan bancos y financieras. Entre sus apuestas en high yield más recientes destaca el aumento del atractivo de la deuda BB y la reducción de posiciones en CCC/distressed debido a las valoraciones. El 85% de sus inversiones en este segmento de deuda están en EEUU y el resto en Europa y Canadá. La mayoría de su cartera la componen midcaps que podrían dar un retorno anual de entre el 8% y el 10% en los próximos años, según las previsiones de la gestora.

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