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Coronavirus y efectivo, una descorrelación casi perfecta


Cuando en el mes de abril, prácticamente la mitad del mundo combatía al coronavirus quedándose en casa, los pocos comercios que estaban abiertos pedían a sus clientes que por favor se abstuvieran de utilizar dinero en efectivo y optaran por el uso de la tarjeta para minimizar el riesgo de contagio. Pero esa animadversión hacia la liquidez no se ha producido solo por la irrupción del coronavirus en nuestras vidas sino que mucho tiene que ver con el auge de los medios de pago electrónicos que se ha visto en los últimos años. El ultimo informe que ha publicado ING al respecto, ING New Tech, viene a confirmarlo. No solo porque según el mismo el 64% de los españoles afirma que utiliza ahora menos efectivo que hace un año, frente al 58% de la media europea, sino porque un tercio de ellos está dispuesto a dejar de usar el dinero en efectivo. Además, un tercio de estos últimos alega que la causa principal es el COVID-19.

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Y eso no es algo que solo se esté viendo en España si no también en el resto de Europa, cuatro de cada cinco europeos (83%) dicen que utilizan menos dinero en efectivo desde que empezaron a emplear los métodos de pago contactless y el porcentaje de población que señala que preferiría que el efectivo no existiese presenta una tendencia al alza en todos los grupos de edad.

De este modo, solo el 30% de los europeos señala que no quiere que el dinero en efectivo desaparezca. Según los resultados de la encuesta, en promedio, los europeos utilizan entre 4 y 6 opciones de pago diferentes y un 25% de los consultados está completamente de acuerdo en que cuantas más opciones de pago tenga, mejor.

Sin embargo, como ya publicábamos hace unos meses en otro artículo , la desaparición total del dinero en efectivo, aunque tenga una serie de consecuencias positivas como la facilidad de rastreo, también implica otras que no lo son tanto . “Si el dinero en efectivo no es generalmente aceptado como medios de pago, esto podría abrir una "brecha de pagos" entre los que tienen acceso a los pagos digitales y los que no. Esto, a su vez, podría tener un impacto especialmente severo en los consumidores no bancarizados y de mayor edad”, afirman desde el Banco Internacional de pagos (BIS). Por no mencionar que las personas que no quieran o puedan utilizar métodos más electrónicos para pagar tendrán cada vez más trabas para hacerlo. “Los bancos no están dispuestos a mantener las costosas redes de cajeros automáticos con una demanda de efectivo cada vez menor. Los datos del BCE muestran que en 2018 el número total de cajeros automáticos en la eurozona disminuyó un 0,3%, mientras que el número de terminales en puntos de venta aumentó en un 11,2%”, afirma Roger Doig, analista de renta variable de Schroders, al tiempo que cita un documento del BCE de 2017 que sitúa la población no bancarizada de Europa en un 3,6%.

 

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