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COVID-19: una crisis sin precedentes o tal vez no


¡Vaya tsunami que hemos tenido con el COVID-19! Todavía recuerdo los maremotos que tuvimos en la ria de Bilbao cuando yo era niño y luego adolescente. Primero llegó la crisis del petróleo de 1973 en la que varias industrias pesadas de la ría de Bilbao se vieron seriamente afectadas. Resulta que eran los motores de un montón de pymes de origen familiar que vivían a la sombra de los grandes altos hornos. La cascada de impagos se hizo interminable.

En aquel entonces en la industria se funcionaba con letras de cambio y se pagaban los viernes. Los lunes era el día que mi padre, industrial en la ría de Bilbao, se enteraba de los clientes que no habían podido pagar la anterior semana. Lo que empezó siendo una anécdota acabó siendo la norma porque pronto aprendimos que los países emergentes podían producir los productos de la ría mucho más baratos, con mano de obra con la que no se podía competir en los países occidentales. Fueron los primeros síntomas de la globalización industrial. Por si todo aquello fuese poco llegaron las inundaciones del verano del año 1983 que terminaron por dar la puntilla a la difícil situación que estábamos viviendo en el bocho, eliminando en muchos casos la posibilidad de restructurar lo que quedaba de aquel esplendor.

El COVID-19 nos ha cogido por sorpresa también ahora en Europa. Me he cansado tanto de oír en la prensa anglosajona que la crisis del coronavius era “unprecedented” (que nunca había pasado nada parecido), que he decidido escribir este artículo para que no nos confundan. Estando en Wall Street haciendo el training de un banco americano, el vicepresidente de la entidad centenaria nos dedicó 30 minutos de su valioso tiempo. Aún recuerdo uno de sus mensajes: “Acuérdense que todo lo que les vaya a pasar o les esté pasando, ya le ha ocurrido a alguien antes en este banco centenario”. No dijo quizá, aquel banquero de más de sesenta años, de la vieja escuela y de pelo canoso nos dijo que estaba seguro.

La telaraña de impagos que se va a producir en Europa es cuantificable y se puede anticipar. Las políticas monetarias implementadas por los bancos centrales deben ser complementadas con políticas fiscales eficaces. La catástrofe es fácil de prever en algunos sectores como aerolíneas o empresas hoteleras, por mencionar algunos sectores que alguien se atrevía a decir que están en situación dantesca. Habrá que explicar a los políticos miopes que llegaron al poder con la idea de poner nuevos impuestos y expandir el gasto, que precisamente ahora es cuando se necesita dar ayudas fiscales a todos los sectores, es decir bajar impuestos y reducir la carga fiscal a la que estamos todos sometidos, empresas y familias. Quiere esto decir que la cascada de impagos va a llegar a todos los bolsillos, incluido el Estado que también tendrá que arrimar el hombro y en vez de gastar más, que era lo que tenían pensado los políticos miopes, tendrán que hacer recortes y reestructurar. Ya pudimos observar que están muy alejados de la realidad económica del país cuando un partido que quiere destruir España les convenció para derogar la reforma laboral. La reacción de la CEOE fue la que merecía la circunstancia.

En conclusión, estamos ante una situación que ya la hemos vivido en el pasado en España y sabemos perfectamente las consecuencias nefastas a las que nos enfrentamos. Un profesor de la Universidad para que entendiésemos la situación dantesca que vivíamos en la ría de Bilbao en el año 1988, nos llevó a toda la clase en barco para que lo entendiésemos mejor y nos dijo: “Vamos a ver el cementerio de empresas de la ría”.

Es decir, sabemos perfectamente lo que no queremos que ocurra, que se lleve el viento el entramado de empresas que con tanto esfuerzo hemos construido los españoles las ultimas décadas. La solución la van a encontrar las propias familias y empresas con su flexibilidad, austeridad y esfuerzo como en cualquier crisis anterior. Las ayudas gubernamentales a las familias aliviarán, es por ello que el ingreso mínimo vital temporalmente durante este tsunami parece una medida de contención necesaria, pero habrá que arrimar el hombro y aliviar la situación a todos, familias y empresas, a través de un paquete fiscal y una reducción de gastos superfluos del estado, además de un plan de aceleración de la digitalización del país, para que evitemos hacer otro viaje en barco para ver el cementerio de empresas que va a dejar el COVID-19.

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