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COVID-19: la última prueba de fuego de la ESG


Artículo en FundsPeople Learning de Corinne Bendersky, directora y coordinadora del equipo EMEA de Finanzas Sostenibles de S&P Global Ratings.

La pandemia del COVID-19 está agudizando los enfoques en salud y seguridad y está causando una perturbación económica mundial sin precedentes. En un momento en el que los inversores se afanan en identificar aquellas compañías mejor preparadas para resistir la tormenta y aguantar los cisnes negros, las estrategias ambientales, sociales y de gobernanza corporativas están  bajo lupa más que nunca.

Pocos sectores y compañías se han librado del efecto que la pandemia ha tenido en el amplio espectro de los criterios ESG. La interrupción de las operaciones y de las cadenas de suministro, el cambio en la dinámica de trabajo y de la fuerza laboral, así como la de las necesidades de los clientes, plantean riesgos financieros y de reputación importantes a una empresas que navegan en aguas impredecibles. Las consecuencias de la mala gestión pueden ser graves y duraderas.

El factor social ha demostrado ser uno de los riesgos más agudos en esta crisis, al menos en el corto plazo. Baste recordar como al comienzo del brote, la salud y la seguridad del personal fueron un riesgo material inmediato para las compañías. Sin embargo, y prácticamente de forma simultánea se puso de manifiesto que los riesgos para la salud y la seguridad se extendían más allá de la plantilla. Por poner un ejemplo, los desplazamientos y la movilidad de los trabajadores ponía en riesgo no solo al propio personal sino también a colectivos de población, lo cual suponía un riesgo sustancial de daño reputacional.

El comportamiento del consumidor se ha visto igualmente alterado. El distanciamiento social y el aumento del desempleo han provocado una reducción de las compras habituales y una mayor tendencia hacia la compra on-line. Muchas compañías han tenido que adaptar rápidamente su modelo de compromiso y servicio con el cliente para garantizar simultáneamente la continuidad del negocio y la seguridad del cliente.

En este sentido, la protección de datos y la ciberseguridad representan otro riesgo crítico en la relación con el cliente, especialmente en el sector de la salud, donde los datos son fundamentales para mejorar la comprensión científica del virus y orientar la respuesta política. Las empresas que trabajan en sector de la salud y tienen que manejar estos datos están claramente expuestas a ciberataques en un momento en el que, muchas de ellas, se han visto obligadas a trabajar de forma remota mediante teletrabajo.

Por acabar con este apartado, baste finalmente destacar que durante esta pandemia se han puesto de manifiesto comportamientos de entidades que han respondido a las necesidades colectivas y que largo plazo pueden agregar valor a su comunidad y cosechar beneficios reputacionales. Este ha sido el caso de empresas que han decidido reutilizar sus instalaciones y su operativa para proporcionar bienes y servicios esenciales como son mascarillas, desinfectantes y ventiladores. De hecho, esta pandemia ha puesto de relieve cómo las compañías pueden servir a sus comunidades conectando y haciendo compatibles sus competencias y capacidades centrales con necesidades locales e incluso globales.

Los riesgos ambientales persisten

Aunque con menor foco que sobre los riesgos sociales, creemos que los perfiles de riesgo ambiental se verán afectados, probablemente, de manera más indirecta. Algunas entidades pueden reportar mejores métricas de desempeño medioambiental en sus próximos informes, pero es probable que la mejora sea meramente temporal, a menos que persista en el tiempo el cambio fundamental en los patrones de consumo o se produzca una intervención política.

Es importante tener en cuenta que para administrar su liquidez en este complicado escenario de la pandemia, algunas entidades pueden diferir los compromisos ambientales, lo que podría traducirse en un deterioro de sus indicadores de cumplimiento medioambiental. La volatilidad del mercado y las intervenciones regulatorias también influirán en el desempeño ambiental.

Responsabilidades en la alta dirección

Las pandemias no son una nueva amenaza. Las enfermedades infecciosas se han venido citando como uno de los principales riesgos globales en el Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial desde 2006 y todo apunta a que no será hasta ahora cuando se abra hueco en las agendas. Es probable que el énfasis en las pandemia ocupe la primera posición de las agendas de los consejos y equipos de gestión empresarial. En nuestra opinión, solo aquellas compañías que consideran de forma ordinaria fenómenos emergentes o de largo plazo en sus estrategias de gestión de riesgos estarán mejor preparadas para anticiparse y mitigar el efecto de tales eventos.

Es difícil predecir ahora mismo como la pandemia del COVID-19 cambiará las empresas a largo plazo, si bien el sistema económico podría verse alterado de manera profunda y duradera. Para aquellos que escuchan y se adaptan, la pandemia presenta oportunidades para reorientar y fortalecer las relaciones con los grupos de interés. Pero para aquellos con deficiencias en la estrategia o el liderazgo, esta pandemia puede provocar un shock que podría amenazar su viabilidad a largo plazo.

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