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COP25: El impacto de los bonos verdes. Estrategia y posicionamiento del Allianz GI Green Bond Fund


Con ocasión de la celebración de la COP25 en Madrid, Julien Bras, cogestor del Allianz Green Bond Fund, que cuenta con el sello Funds People 2019 por su calificación de Consistente, ha revisado la estrategia y filosofía del fondo.

Haciendo un poco de historia, la primera emisión de bonos verdes la realizó el BEI (Banco Europeo de Inversión) en 2007. La emisión ascendió a 600 millones de euros. En los 12 años que han transcurrido desde entonces, el mercado ha evolucionado significativamente. Para empezar, ya no hay sólo emisores supranacionales, se han unido empresas, regiones, municipios y estados. Apple realizó una emisión en 2016, y el año pasado Francia realizó la mayor emisión verde hasta la fecha: 7.000 millones de euros con vencimiento en 2039. Además, el volumen crece año tras año, en 2019 llevamos 215.000 millones de dólares, cifra record, lo que significa que esta clase de activo ha ganado en popularidad y liquidez. También el panorama regulatorio ha cambiado, con el lanzamiento en 2014 de los Green Bond Principles que son una guía de principios y pautas que los emisores siguen para emitir estos instrumentos.

Esta iniciativa busca evitar el greenwashing promoviendo la mayor transparencia posible en estas emisiones, que deben reunir determinadas características para considerarse verdes. La primera es que el dinero de la emisión debe ir destinada a proyectos con beneficios medioambientales, ya sea para financiar la mitigación del cambio climático, la adaptación al cambio climático, la conservación de la biodiversidad, el control de la polución o la conservación de los recursos naturales. El emisor debe comunicar claramente a los inversores los objetivos medioambientales y los proyectos que va a financiar la emisión, así como asegurarse de que esa financiación llega a los proyectos de manera adecuada. Por último, al menos anualmente debería comunicar a los inversores cómo va el programa de inversión y cuál está siendo su impacto.

Además de esta iniciativa, en distintas partes del mundo se han desarrollado leyes o regulaciones sobre la emisión y el listado de este tipo de bonos. Al respecto, el gestor de Allianz GI es claro: “necesitamos más regulación”, señala. En la Unión Europea, este es uno de los puntos incluido en el Plan de Finanzas Sostenibles de la Comisión Europea. Y es que los bonos verdes están llamados a jugar un papel clave en la financiación de la transición hacia una economía más descarbonizada, un esfuerzo titánico que requiere la participación de la economía privada y del sector financiero.

Características del fondo

Allianz Green Bond está invertido al 100% en bonos verdes. Hoy en día eso es posible gracias a la dimensión y profundidad que ha ido adquiriendo un mercado que ha evolucionado mucho desde el lanzamiento del fondo en noviembre de 2015. El fondo, que invierte en todo el mundo, busca títulos con grado de inversión, entre emisiones superiores a los 200 millones de euros para una cartera de gestión activa.

Con una cartera formada por un 60% de títulos corporativos y un 40% de deuda soberana, de agencias y supranacional, el objetivo del fondo es favorecer la transición energética más que reflejar una buena calificación ESG. De esa forma, busca participar del esfuerzo que supone apoyar a aquellas compañías que empiezan su transición.

Teniendo en cuenta este objetivo, el proceso de construcción de la cartera es claramente bottom up, basado en el análisis fundamental de cada emisor junto a un análisis financiero a los que acompaña una cobertura táctica. Además, las consideraciones sobre la valoración y los aspectos técnicos de cada emisión también son claves a la hora de tomar la decisión de inversión.

Los tres tipos de proyectos más financiados por el fondo son los relacionados con energías renovables (48,6%), las edificaciones verdes (17,5%) y el transporte limpio (14,2%). Y como hay que hablar de impacto, una inversión de un millón de euros en el fondo supone un ahorro anual de 969 toneladas de CO2, lo  que equivaldría a la energía necesaria para calentar 116 casas al año.

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