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COP25: Cuál es el impacto del ESG en el activismo accionarial


Carl Icahn, Bill Ackman, Daniel Loeb…Todos ellos son lo que se conoce en el mundo de la inversión como inversores activistas, aquellos que adquieren participaciones importantes de compañías cotizadas con el objetivo de influir en su gestión en un corto plazo de tiempo. Lo habitual es que sean pocas las compañías que quieran tener a un inversor activista entre su accionariado pero lo cierto es que este tipo de inversiones no ha hecho más que crecer en los últimos años.  Tanto que según un informe de Forética, el volumen de activos gestionados con estrategias activistas se ha multiplicó por 29 veces entre 2004 y 2018.

Y en parte ese aumento del activismo ha venido provocado por el boom que ha experimentado la inversión socialmente responsable (ISR) ya que cada vez son más las gestoras o inversores que tratan de provocar desde el accionariado cambios sustanciales en una compañías para que integre en su ADN algún criterio socialmente responsable. De ahí que en la 5ª Edición del Informe Activist Investors in Europe: who will they target next  realizado por la consultora Alvarez &Marsal hayan incluido por primera vez  cómo influye la integración ESG en una compañía a la hora de que sea objetivo de inversores activistas.

“Las clasificaciones ESG, junto con otros factores, pueden actuar como un predictor significativo de interés activista potencial. Esto tiene sentido, dado el creciente cuerpo de investigación que demuestra una correlación persistente entre empresas que obtienen buenos resultados en las medidas ESG y las que generan rendimientos financieros superiores”, apuntan, al tiempo que destacan que el activismo ya no es cosa de unos cuantos inversores so no también de las gestoras de activos más tradicionales, lo que multiplica exponencialmente el riesgo.

Según su estudio, en la actualidad hay 158 compañías  que están en riesgo de convertirse en objetivo de los inversores activistas (en abril publicaron 150 y de ellas 33 ya han sido objetivo de activistas) a las que dan dos notas: bandera roja o posibilidad de ser objetivo de activistas en 6-12 meses y bandera ámbar, que amplia el periodo de 12 a 18 meses. No desglosan quienes son esas compañías pero sí se sabe que la amplia mayoría se encuentran en Reino unido, Alemania y Francia; que el sector más frecuente es el industrial y que el 60% de las compañías que han identificado como potenciales objetivos tienen bajos ratios de ESG  o lo que es lo mismo, están en los dos cuartiles de cuatro más bajos en función de estos criterios. Eso sí, hay grandes diferencias entre países ya que mientras que en Reino Unido e Italia son las empresas que estñan en cuartil 3 las más susceptibles de recibir ofertas de activistas, en España son las que están en último cuartil.

Captura_de_pantalla_2019-12-05_a_las_9“Una posible explicación de esta divergencia radica en el diferentes niveles de adopción de prácticas de inversión ESG entre países de Europa”, afirman en el informe, ya que muchos inversores excluyen a aquellos países que muestran una puntuación demasiado baja en ESG. ”Nuestra conclusión inicial es que porque los activistas necesitan involucrar a otros inversores en sus campañas para tener mayor posibilidad de éxito, más inversores institucionales en un mercado excluye compañías con puntajes ESG bajos, y pierden así atractivo empresas de bajo puntaje se vuelven para activistas.”

En todo caso, desde la consultora defienden que el activismo no hará otra cosa que ir en aumento en un contexto donde además cada vez es más complicado obtener rentabilidades positivas invirtiendo de manera tradicional. Fernando de la Mora, director general de A&M en España, afirma que “Europa Continental sigue aumentando su atractivo para los activistas. Aunque entre las empresas españolas siempre les ha resultado más complicado encontrar objetivos interesantes - dado el menor número de empresas cotizadas y participación institucional - la tendencia está cambiando. Hemos observado que existen oportunidades en España con mejores resultados para aquellos activistas que comprenden el mercado local y las tácticas necesarias para lograr cambios”.

Qué implica en mercado ser objetivo de activista

Una falta de objetivos ESG ayuda a una compañía a convertirse en objetivo de los inversores activistas pero también lo hace un mal comportamiento en el mercado. De hecho, según los datos de J.P. Morgan recogidos en el informe de Forética titulado Más Activos, Más Sostenibles: entrando en la era del activismo ESG, las campañas activistas suelen venir precedidas por unas desviaciones negativas frente al mercado de al menos un 10% durante el último año previo a la campaña, o incluso, del 21% en media, durante los tres años precedentes a la misma. Eso sí, el banco americano también ha analizado el efecto en precio que tiene la entrada de un activista en una compañía para concluir que el efecto de media tiende a ser positivo mientras se mantiene en el accionariado, aunque no exento de volatilidad.

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