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¿Continuará la recuperación? La misma canción


TRIBUNA de Jim Caron, responsable de Estrategias Global Macro en el equipo de Renta Fija Global, Morgan Stanley Investment Management. Comentario patrocinado por Morgan Stanley IM.

Julio fue otro buen mes para los mercados financieros. Sorprendentemente, la deuda pública se unió a la sólida rentabilidad del crédito, los mercados emergentes y la renta variable. Y, el dólar estadounidense finalmente se depreció, algo que el consenso del mercado había estado esperando durante algún tiempo. Normalmente, las rentabilidades de la deuda pública no caen cuando el crédito y las acciones evolucionan favorablemente. ¿Alguien se equivoca? No necesariamente. El repunte del crédito y los mercados emergentes se ha basado en la confianza en que la Reserva Federal y los bancos centrales de todo el mundo continuarán brindando un apoyo excepcionalmente fuerte a la economía a través de una política monetaria acomodaticia sin precedentes junto con una política fiscal expansiva. La favorable evolución de la deuda pública en julio refleja la confianza del mercado en que la política monetaria seguirá como apoyo indefinidamente en el futuro. Es probable que esto sea correcto.

También hubo buenas noticias en el frente de política fiscal global. El acuerdo de la Unión Europea (UE) sobre la creación de un Fondo Europeo de Recuperación de 750.000 millones de euros fue una fuerte señal de que la política fiscal se desplegaría en el conjunto de la UE para combatir la recesión, aumentando las iniciativas en el ámbito de la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE). Además, el BCE aumentó su Programa de compras de emergencia en caso de pandemia (PEPP) de 750.000 millones de euros a 1,35 billones de euros(1). Es probable que la creación del Fondo de Recuperación cambie las reglas del juego en términos de mejora de la confianza en las perspectivas de crecimiento europeo, reducción de los riesgos fiscales en el sur de Europa, particularmente Italia, y aumento del atractivo de la moneda común europea. Por último, la Reserva Federal extendió todos sus Programas de Financiación de Emergencia, incluidos el programa de préstamos para pequeñas empresas (PPP) y el programa de préstamos a plazo titulizados (TALF), por otros tres meses, hasta finales de diciembre.

Si bien los datos económicos continuaron sorprendiendo al alza, las noticias sobre la pandemia y el precipicio fiscal de Estados Unidos no fueron tan positivas. Los brotes en varios estados de Estados Unidos fueron preocupantes, al igual que las noticias sobre nuevos brotes en el resto del mundo. Sin embargo, estas situaciones se equilibraron con las buenas noticias en el frente de lucha contra el virus: la creciente posibilidad de que una vacuna esté disponible para finales de año. Una vacuna ampliamente disponible supone, por supuesto, un punto de inflexión. Los mercados deben descontar esta probabilidad, así como la probabilidad de que la pandemia no esté bajo control, o no esté tan bajo control como el mundo pensaba. Por tanto, no es sorprendente que los mercados puedan recuperarse a pesar de las malas noticias sobre reaperturas económicas y posibles segundas olas.

Aunque Estados Unidos se enfrenta al vencimiento de las medidas temporales de apoyo fiscal a finales de mes, esto no pareció afectar la confianza del mercado, ya que el único resultado razonable de las negociaciones del Congreso parece ser la aprobación de un paquete de estímulo de Fase IV. Si bien esto aún no se ha logrado, nadie cree de manera realista que sea de interés para cualquiera de las partes permitir que la legislación anterior caduque por completo, particularmente ante las inminentes elecciones de noviembre. Esperamos que se llegue a un acuerdo en agosto, lo que mantendrá el flujo de dinero hacia los más afectados por la pandemia. Cualquier retraso significativo podría socavar el progreso realizado en la confianza y el gasto de los consumidores.

A pesar de las buenas noticias en el frente político, persisten desafíos. Las batallas políticas y económicas entre Estados Unidos y China se han intensificado, el precipicio fiscal de Estados Unidos sigue inquietando, además de celebrarse elecciones presidenciales en este país, los brotes de virus han ido en aumento, las vacunas siguen siendo una esperanza más que una realidad y es probable que los datos económicos mejoren a un ritmo más lento de cara al futuro. Seguimos siendo optimistas y confiamos en que los confinamientos económicos no se repetirán en masa y que las mejoras incrementales de los datos continuarán, aunque no necesariamente de forma lineal. La misma canción.

Gráfico 1: Rendimiento de los activos desde el comienzo del año

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Nota: rentabilidad en USD. Fuente: Bloomberg. Datos a 31 de julio de 2020. Los índices se facilitan con fines meramente ilustrativos y no es su objetivo describir el rendimiento de una inversión concreta. La rentabilidad pasada no garantiza resultados futuros. 

Gráfico 2: Variaciones mensuales de divisas frente al USD

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Fuente: Bloomberg. Datos a 31 de julio de 2020. Nota: una variación positiva indica apreciación de la moneda con respecto al USD.

Gráfico 3: Variaciones mensuales considerables de las rentabilidades a 10 años y los diferenciales

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Fuente: Bloomberg, JP Morgan. Datos a 31 de julio de 2020.

Perspectiva para la renta fija

Nuestra perspectiva para la renta fija sigue siendo moderadamente alcista. Las valoraciones se han ampliado a medida que los mercados se han recuperado, pero el flujo de información ha sido positivo en términos netos, respaldando el aumento de los precios de los activos. A pesar de los reveses en el frente de la reapertura económica, no vemos que la tendencia se revierta, por lo que somos optimistas y creemos que las economías continuarán reabriéndose en los próximos meses. Los titulares positivos sobre nuevos tratamientos y vacunas también podrían impulsar aún más la percepción y el margen de sorpresa positiva es considerable, dada la sólida cartera de vacunas candidatas y un proceso de aprobación potencialmente acelerado Dicho esto, existe el riesgo de una corrección si los mercados quedan decepcionados con el flujo de noticias considerando que las valoraciones ahora son más exigentes.

La recuperación económica continuó en julio, apoyando la narrativa optimista. Los mercados laborales se fortalecieron, la producción aumentó y la confianza empresarial en los sectores manufacturero y de servicios mejoró. Sin embargo, es probable que los fuertes rebotes económicos (en forma de V) observados hasta ahora se desaceleren a medida que las trayectorias de crecimiento se aplanen. Esto no es algo malo, solo algo que debe calibrarse en los precios de los activos, que ahora son significativamente más altos. No obstante, percibimos riesgos en la posibilidad de una reapertura torpe de las economías en un contexto de una segunda ola de infecciones peor que la primera, así como en que el recrudecimiento de las tensiones entre Estados Unidos y China (Hong Kong y cuestiones comerciales) y el ruido geopolítico en otras regiones (Rusia/India frente a China) pesen sobre la percepción de riesgo.

Los acontecimientos recientes en el frente político son positivos en términos generales, pero las demoras en la extensión del apoyo fiscal en los Estados Unidos corren el riesgo de socavar la confianza de los inversores, ganada con tanto esfuerzo. Creemos que se encontrará un compromiso positivo este mes, pero persiste el riesgo de no llegar a un acuerdo. Esto se ve contrarrestado por las noticias de Europa, donde la UE acordó una respuesta fiscal paneuropea a gran escala a la crisis, que puede verse como un primer paso hacia la mutualización fiscal. Esta es una muy buena noticia para las perspectivas económicas, el riesgo sistémico de la UE y el euro. Además, esperamos que la política monetaria a escala mundial se mantenga en modo whatever it takes y que las rentabilidades de la deuda pública bajas o estables reflejen esta creciente confianza. Se espera que la Reserva Federal anuncie los resultados de su revisión estratégica de política monetaria en septiembre, lo que debería respaldar la confianza del mercado en que el banco central mantenga los tipos de interés muy bajos en el futuro y continúe aumentando su balance.

Si bien ha producido una ligera consternación y nerviosismo en el mercado por las rentabilidades bajas y en descenso de la deuda pública, no estamos preocupados. Las rentabilidades excepcionalmente bajas son parte de la solución a los problemas económicos del mundo. Con los déficits fiscales y el endeudamiento empresarial en niveles récord, los tipos de interés bajos y estables son una necesidad. Se podría incluso llamarlo la fiscalización (pública y privada) de la política monetaria, por ejemplo, la financiación del déficit por parte del banco central. Si bien las rentabilidades ciertamente podrían aumentar moderadamente, no vemos una buena razón para adoptar una posición bajista acerca de los tipos libres de riesgo. Pero, ¿podrían caer mucho más las rentabilidades estadounidenses? El ejemplo de Europa y Japón sugiere que sí. En ambos casos, los bancos centrales iniciaron políticas de tipos de interés negativos. Si la Reserva Federal no lo descarta, el mercado necesita descontar la probabilidad de que ocurra. En la actualidad, parece poco probable que el organismo bancario recurra a tipos de interés negativos o incluso a objetivos de curva de rentabilidades. Un avance científico que ponga fin a la pandemia y la necesidad de una política monetaria de emergencia pondría en riesgo mayores rentabilidades.

Seguimos confiando con cautela en la deuda de mercados emergentes ante las todavía atractivas, aunque menos llamativas, valoraciones y el enorme apoyo de política proveniente tanto del mundo desarrollado como de los países emergentes. A pesar de la fuerte evolución favorable del último trimestre, creemos que la deuda de mercados emergentes todavía ofrece valor, principalmente en deuda de alta rentabilidad en monedas fuertes y, en menor medida, en monedas locales, ya que la tendencia de debilitamiento del dólar estadounidense parece alcanzar su límite y los diferenciales de crecimiento con los mercados desarrollados no ha mostrado ninguna mejora material. Sin embargo, abundan los riesgos, incluidos los fallos de política en los mercados emergentes.

Los mercados de crédito continúan evolucionando adecuadamente. Es poco probable que esta tendencia cambie, aunque, al igual que los datos económicos, el ritmo se moderará. A medida que los diferenciales se acercan cada vez más a los promedios históricos, o en algunos casos los superan, será difícil que se ajusten aún más sin una mejora adicional en los fundamentales (o el apoyo técnico de las compras de los bancos centrales). Creemos que el apoyo de política continuará, ya que el comportamiento empresarial es positivo (con una reducción del riesgo de impago mediante acaparamiento de efectivo, venta de activos, recortes de dividendos y reducción de inversiones en inmovilizado) y se espera que la oferta disminuya a medida que bajen las necesidades de efectivo de las empresas.

La mayoría de las pérdidas económicas deberían ser transitorias y, por tanto, no resultarán sustancialmente negativas para las valoraciones corporativas en general. Auguramos que, a medida que mejoren las economías, el rendimiento de las compañías avanzará sustancialmente, siendo sus pérdidas cortas en el tiempo y restándose relevancia a sus mayores niveles de apalancamiento, pero significativos, no obstante, para diferenciar a las compañías que evolucionen en positivo. Dejando a un lado posibles noticias negativas económicas y relacionadas con la pandemia, es de esperar que los diferenciales de los bonos con grado de inversión y de alta rentabilidad sigan estrechándose durante el resto del año, aunque, tras la reciente evolución favorable, cabe esperar cierta consolidación.

El crédito titulizado también continuó en julio con un rendimiento sólido. Las oportunidades siguen bifurcándose. Parece haber un alza limitada en los diferenciales de los valores con calificación de AAA, ya que ahora han retrocedido entre el 80% y el 90% frente a la ampliación del diferencial causada por el COVID-19. Por su parte, también es improbable que se amplíen los diferenciales de los valores con calificación de AAA de modo considerable dados los menores volúmenes de emisión y los 100.000 millones de USD del TALF, dispuestos para aprovechar cualquier ampliación de los diferenciales que pueda producirse. De forma alternativa, las clases de activos con calificaciones menores, concretamente BBB y BB, todavía tienen margen sustancial para seguir estrechándose. Si bien hemos asistido a cierta recuperación de los diferenciales en los tres últimos meses, los de los activos titulizados con calificaciones menores permanecen en niveles muy superiores a los de febrero y no se han beneficiado de las mejoras experimentadas por los sectores de crédito corporativo. Los datos fundamentales siguen siendo críticos y los mercados buscan concienzudamente señales de deterioro sustancial del crédito por la subida del desempleo. Sin embargo, hasta ahora, el deterioro del rendimiento ha sido muy moderado para la mayoría de los sectores y mucho mejor que las expectativas. Seguimos con una posición sobreponderada.

Tipos y monedas de mercados desarrollados

Análisis mensual

En julio, los datos económicos en general continuaron mejorando, repuntando fuertemente con respecto a meses anteriores y en casi todos los casos superando las expectativas de los analistas. Sin embargo, aunque el cambio en el crecimiento puede haber sido muy positivo, el nivel absoluto de actividad económica sigue estando muy por debajo de lo normal. Esto fue evidente en los datos del PIB del segundo trimestre, donde Estados Unidos y la zona euro experimentaron la mayor contracción trimestral de la historia debido al coronavirus. Entonces, si bien las economías pueden estar recuperándose más rápido de los confinamientos inducidos por el COVID-19, aún no ha vuelto a la normalidad. A pesar de los datos mejores de lo esperado, las rentabilidades de la deuda pública a 10 años cayeron en los mercados desarrollados durante el mes debido a que los bancos centrales se mantuvieron acomodaticios y señalaron su continua disposición a brindar apoyo adicional si fuera necesario. El dólar estadounidense se debilitó frente a todas las monedas del G-10 a medida que disminuyeron la liquidez y las primas de riesgo asociadas con él. Los inversores parecen haber recurrido a los metales preciosos como una reserva líquida de valor.

Perspectiva

Seguimos pensando que la política monetaria continuará siendo acomodaticia y que los activos de riesgo contarán con un apoyo sólido en los diferentes mercados desarrollados en los próximos meses para favorecer que siga la estabilización de la economía y los mercados financieros globales. Tras llevar a cabo una relajación agresiva de sus políticas en meses anteriores, la mayoría de los bancos centrales siguen ahora de cerca los datos económicos y analizando posibles respuestas de política fiscal adicionales. Además, los datos que se van conociendo por lo general han sido mejores de lo esperado, pero, dada la marcada debilidad de las presiones inflacionarias y el embate a las economías de una grave perturbación exógena, hay numerosas razones para creer que los bancos centrales se mostrarán dispuestos a relajar aún más sus políticas y lo más probable es que procedan con medidas de política no convencionales (por ejemplo, programas de expansión cuantitativa y medidas de provisión de liquidez).

Tipos y monedas de mercados emergentes

Análisis mensual

Al igual que en otras áreas de renta fija, las rentabilidades de los mercados emergentes continuaron cayendo y los diferenciales se contrajeron al empujar la liquidez global las valoraciones hacia los niveles anteriores a la pandemia de COVID-19. El crecimiento económico de los mercados emergentes siguió avanzando en julio, pero a un ritmo más lento: los PMI manufactureros de Markit se adentraron en territorio expansivo (51,4), mientras que los PMI de servicios de Markit (49,2) quedaron cerca del nivel de 50 que indica expansión(2). El optimismo continuo también respaldó las materias primas: los precios de energía, metales y agricultura aumentaron en general en el mes, con notables excepciones en los precios del maíz y la soja. La deuda soberana denominada en dólares estadounidenses lideró el mercado, y el segmento de grado de inversión superó al de alta rentabilidad gracias a la caída de las rentabilidades de los bonos del Tesoro estadounidense(3). La deuda nacional imitó a la deuda soberana en USD, ya que las monedas de mercados emergentes, y las monedas vinculadas al EUR en particular, se fortalecieron frente al USD y los bonos locales arrojaron rentabilidades positivas. La deuda corporativa quedó a la zaga de la deuda soberana en el mes, en parte debido a su perfil de menor duración, y los rendimientos se dividieron equitativamente entre grado de inversión y alta rentabilidad. Desde una perspectiva sectorial, las empresas de los sectores de petróleo y gas, infraestructuras y metales y minería lideraron el mercado, mientras que las de los sectores de transporte, financiero, diversificado e inmobiliario obtuvieron un rendimiento relativo negativo(4).

Perspectiva

Seguimos confiando con cautela en la deuda de mercados emergentes de cara al corto plazo, sobre la base de valoraciones menos convincentes, retrocesos en la lucha contra la pandemia en ciertos países (principalmente, Estados Unidos y varias economías de mercados emergentes) y una mayor incertidumbre política a medida que se acercan las elecciones estadounidenses. En general, creemos que es probable que la tendencia de reapertura mundial continúe en los próximos meses y que los brotes se aborden de una manera más específica, lo que limitará la desaceleración de la actividad económica mundial. A pesar de la fuerte evolución favorable de los activos de riesgo en el último trimestre, creemos que la deuda de mercados emergentes todavía ofrece valor, principalmente en deuda de alta rentabilidad en monedas fuertes y, en menor medida, en monedas locales, ya que la tendencia de debilitamiento del dólar estadounidense parece alcanzar su límite y los diferenciales de crecimiento con los mercados desarrollados no ha mostrado ninguna mejora material. Además, abundan los riesgos, incluida una reapertura fallida de las economías, el aumento de las tensiones entre Estados Unidos y China (cuestiones comerciales y tecnológicas / factores geopolíticos) inflamadas por la proximidad de las elecciones estadounidenses y los conflictos geopolíticos en otros lugares (Rusia-Ucrania, India-China, Libia, etc.), lo que pesa sobre la percepción del riesgo.

Crédito

Análisis mensual

Los diferenciales se estrecharon en julio, tanto en Estados Unidos como en Europa. Los principales impulsores del ajuste de los diferenciales de crédito en julio fueron una combinación de:

  • La actividad económica continúa recuperándose, respaldada por una mayor relajación de los confinamientos en todo el mundo (el optimismo disminuyó ligeramente hacia finales de mes, ya que algunos países detuvieron una mayor flexibilización de las restricciones debido al aumento en el número de nuevos casos de COVID-19).
  • Un contexto técnico positivo para los mercados de crédito (fuerte demanda de crédito evidenciada por entradas en fondos de crédito y bancos centrales que continúan comprando bonos, en un contexto de oferta primaria limitada, al entrar en un período estival típicamente tranquilo y las empresas adoptan periodos de bloqueo de resultados que afectan al segundo trimestre).
  • No hay grandes temas inesperados o sorpresas negativas de la temporada de resultados del segundo trimestre (hasta ahora).

Perspectivas de mercado

Las compañías han respondido al coronavirus centrándose en el efectivo y en mejorar la liquidez. Esto se ha traducido en una combinación de estrategias, entre las que se encuentran captación de capital, emisión de deuda corporativa, reducción de dividendos y menores inversiones en inmovilizado. Se trata de una respuesta de gestión racional a la incertidumbre sobre las perspectivas económicas, aunque no ha sido uniforme en todos los sectores: así, los sectores más cíclicos han respondido en mayor medida dados los mayores riesgos empresariales que afrontan.

Productos titulizados

Análisis mensual

Los mercados titulizados evolucionaron en julio de forma prácticamente parecida a la registrada en junio: los sectores de crédito al consumo, el sector inmobiliario comercial respaldado por oficinas y los ámbitos relacionados con la vivienda vieron reducidos sus diferenciales. Sin embargo, los sectores más directamente afectados por el COVID-19, como los bonos de titulización hipotecaria sobre inmuebles comerciales de carácter hotelero y minorista, continuaron teniendo un desempeño deficiente durante el mes. Las condiciones económicas siguen siendo débiles, pues más de 50 millones de personas siguen solicitando prestaciones por desempleo y el desempleo se mantiene por encima del 11%.

Perspectiva

Dado que los diferenciales de los activos con una calificación de AAA han cedido un 80%-90% con respecto a la ampliación que sufrieron con motivo del COVID-19, creemos que parece improbable que sigan estrechándose sustancialmente dadas las condiciones de crédito actuales. Por su parte, también es improbable que se amplíen los diferenciales de los valores con calificación de AAA de modo considerable dados los menores volúmenes de emisión y los 100.000 millones de USD del TALF, dispuestos para aprovechar cualquier ampliación de los diferenciales que pueda producirse. Por el contrario, las clases de activos con calificaciones menores, concretamente BBB y BB, todavía tienen buen margen para seguir estrechándose. Si bien hemos asistido a cierta recuperación de los diferenciales en los tres últimos meses, los de los activos titulizados con calificaciones menores permanecen en niveles muy superiores a los de febrero y no se han beneficiado de las mejoras experimentadas por los sectores de crédito corporativo. Los datos fundamentales siguen siendo críticos y los mercados vigilan de cerca cualquier signo de deterioro sustancial del crédito por el aumento del desempleo; sin embargo, la merma del rendimiento hasta ahora ha sido muy moderada para la mayoría de los sectores y la situación ha sido mucho mejor de la esperada.

Puede consultar este artículo aquí.

 Fuentes:
1 Banco Central Europeo, a 31/07/2020
2 Bloomberg, a 31 de julio de 2020
3 JP Morgan, a 31 de julio de 2020
4 JP Morgan, a 31 de julio de 2020


CONSIDERACIONES SOBRE RIESGOS
No existe garantía de que una cartera vaya a alcanzar su objetivo de inversión. Las carteras están expuestas al riesgo de mercado, que es la posibilidad de que los valores de mercado de los títulos de la cartera bajen y que, por consiguiente, el valor de las acciones de la cartera sea inferior al que usted pagó por ellas. Los valores de mercado pueden cambiar a diario por acontecimientos económicos y de otro tipo (por ejemplo, catástrofes naturales, crisis sanitarias, atentados terroristas, conflictos y disturbios) que afecten a mercados, países, compañías o gobiernos. Resulta difícil predecir el momento en que se producirán tales acontecimientos, así como su duración y sus posibles efectos adversos (por ejemplo, para la liquidez de las carteras). En consecuencia, su inversión en una cartera podrá comportar pérdidas. Los títulos de renta fija están sujetos a la capacidad del emisor de realizar puntualmente los pagos del capital principal y los intereses (riesgo de crédito), a las variaciones de los tipos de interés (riesgo de tipos de interés), a la solvencia del emisor y a la liquidez del mercado en general (riesgo de mercado). En un entorno de subidas de los tipos de interés, los precios de los bonos pueden caer y dar lugar a periodos de volatilidad y a aumentos de los reembolsos en las carteras. En un entorno de caídas de los tipos de interés, la cartera puede generar menos ingresos. Los títulos más a largo plazo pueden ser más sensibles a las variaciones de los tipos de interés. Ciertos títulos de deuda pública estadounidense comprados por la estrategia, tales como los emitidos por Fannie Mae y Freddie Mac, carecen de la garantía del prestigio y la solvencia de Estados Unidos. Es posible que estos emisores no tengan los fondos para atender sus obligaciones de pago en el futuro. Los préstamos de bancos públicos están sujetos al riesgo de liquidez y al riesgo de crédito de los títulos con calificaciones inferiores. Los títulos de alta rentabilidad (bonos basura) son valores con calificaciones más bajas que pueden entrañar un mayor riesgo de crédito y de liquidez. Los títulos de deuda soberana están sujetos al riesgo de impago. Los bonos de titulización hipotecaria y los bonos de titulización de activos son sensibles al riesgo de amortización anticipada y a un mayor riesgo de impago y podrían ser difíciles de valorar y de vender (riesgo de liquidez). Asimismo, están sujetos a riesgos de crédito, de mercado y de tipos de interés. El mercado de divisas es altamente volátil. Influyen en los precios de estos mercados, entre otros factores, los cambios en la oferta y la demanda de una divisa en particular, las condiciones comerciales, los programas y las políticas fiscales, monetarios y de control de los mercados de divisas nacionales o extranjeros y las variaciones de los tipos de interés nacionales y extranjeros. Las inversiones en mercados extranjeros comportan riesgos específicos como, por ejemplo, de divisa, políticos, económicos y de mercado. Invertir en países de mercados emergentes comporta riesgos mayores que los relacionados generalmente con inversiones en el extranjero. Los instrumentos derivados pueden incrementar las pérdidas de forma desproporcionada y tener un impacto significativo en la rentabilidad. También pueden estar sujetos a riesgos de contraparte, liquidez, valoración, correlación y de mercado. Los títulos restringidos e ilíquidos pueden ser más difíciles de vender y de valorar que los títulos que cotizan en mercados organizados (riesgo de liquidez). Debido a la posibilidad de que las amortizaciones anticipadas alteren los flujos de caja sobre las obligaciones hipotecarias garantizadas, no es posible establecer con antelación su fecha de vencimiento final o su vida media. Además, si la garantía de la obligación hipotecaria garantizada o las garantías de terceros fueran insuficientes para realizar pagos, la cartera podría incurrir en pérdidas.

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