Construir un mundo mejor a la par que ganar dinero es posible con las microfinanzas


Estamos en un buen momento para invertir en microfinanzas. Una tesis que defendió Jean-Philippe de Schrevel, director y consejero delegado de BlueOrchard en la I Conferencia sobre el “Presente y futuro de inversión en microfinanzas”, organizada por la firma de inversiones alternativas Finenza, la gestora de microfinanzas BlueOrchard, Planet Rating y FundsPeople y celebrada recientemente en Madrid. Entre las razones, el experto señaló la ausencia de acceso financiero para todo el mundo, la maduración del sector y su crecimiento a un ritmo más sostenible, el hecho de que los gestores están afinando la percepción del riesgo y la atractiva rentabilidad que ofrece.

 

“El sector está más regulado, auditado, organizado, es más transparente y se ha reenfocado al control de calidad. Tras el calentamiento de los años anteriores, hay un back to basics”, comentó De Schrevel, añadiendo que ahora existe una forma más metódica, “con mejores prácticas y responsabilidad”, de construir las carteras. Los números apoyan su tesis pues el fondo que gestiona para Dexia –Dexia Micro-Crédito, lanzado en 1998 y que invierte en instrumentos de deuda con un plazo máximo de 3 años emitidos por instituciones de microfinanzas en Asia, África, Europa del Este y Latinoamérica, con liquidez mensual-, puede presumir de no haber finalizado ningún año con pérdidas. Además de este fondo, gestiona otros para otras casas como Rothschild o BBVA, así como un fondo de EEUU en Latinoamérica. BlueOrchard planea lanzar un nuevo producto con liquidez trimestral.

 

El experto también señaló las oportunidades de negocio que se abren en el sector, como fondos con riesgo cambiario (para aprovechar la apreciación de las divisas emergentes frente al dólar y el euro) o de capital riesgo (por ejemplo, para beneficiarse de oleadas de fusiones y adquisiciones). Todo ello, con la base de realizar una inversión social y con una clara fórmula: “Pretendemos hacer un mundo mejor siendo un agente catalizador de un capital comercial inteligente y humano”.

 

En el acto también participó José Antonio Monedero, ex responsable del área de microfinanzas de AECID, que destacó el riesgo de sobreendeudamiento y el pequeño universo de firmas de microcrédito, si bien indicó que pese a la crisis, el nivel de inversión del Fondo estatal de Concesión de Microcréditos no ha bajado, aunque sí se ha frenado la inversión de otros actores y la oferta. “Además, las instituciones de microcréditos son más conservadoras, llevando la cartera a créditos más seguros”, afirmó. Monedero ofreció datos de 2009 que cuantificaban la inversión en microcréditos en 21.300 millones de euros, concentrados sobre todo en América, aunque África y Asia van ganando terreno, y sobre todo en sector terciario y en las áreas urbanas.

 

El impacto social

Del desempeño e impacto social en microfinanzas habló Ximena Escobar de Nogales, de BlueOrchard, mientras Emmanuelle Javoy, directora de la agencia calificadora especializada en microfinanzas Planet Rating, comentó las tensiones y sinergias entre el desempeño financiero y el social para las instituciones microfinancieras. “Es importante medir tanto uno como otro para no perder el enfoque”, indicó la experta, indicando su compleja relación. “El desempeño social lleva a un desempeño financiero más sólido a largo plazo, aunque a corto plazo tenga costes. Pero a su vez, para que haya un impacto social, es necesario el financiero, es decir, los recursos”, comentó. “Tener los dos es comaptible pero requiere elegir a veces de forma razonable. Con una buena definición de objetivo de gobierno se pueden combinar”, apostilló. En este sentido, Francisco Neri Crespo, de Finenza, defendió el doble motivo económico y social de la inversión en microfinanzas.
 

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