Consejos de gestores de renta fija para reposicionar las carteras tras la victoria de Trump


Según cálculos de Bloomberg, la corrección de la semana pasada en los mercados de renta fija ha supuesto pérdidas de 1,2 billones de dólares para bonistas de todo el mundo. Las grandes oleadas de incertidumbre y volatilidad que ha desatado el resultado electoral en EE.UU. podrían prolongarse todavía por algún tiempo, como previene Scott Mather, director de inversiones de PIMCO en estrategias core para EE.UU.: “Es probable que la volatilidad se mantenga elevada en relación con niveles recientes. En este punto, dada la incertidumbre en torno a la agenda política de Trump, las posiciones clave de liderazgo en el Gobierno y los probables cambios en política comercial y de asuntos exteriores – y reacciones mundiales de gobiernos y mercados a esos ajustes- lo que es desconocido sobre las previsiones supera a lo que es conocido”.

Mather alerta del “riesgo potencial de presiones sobre los precios de los activos financieros, procedentes de la aplicación de estrategias de paridad de riesgo y con objetivo de volatilidad”. Igualmente, advierte que los inversores deben prever un fortalecimiento del dólar frente a las divisas emergentes, a pesar de que “algunas ya se han abaratado sustancialmente”. En cambio, anticipa “un escenario más apagado para el dólar en su cruce con divisas desarrolladas utilizadas como divisa de reserva (euro, libra, yen, franco suizo)”.

Los bonos del Tesoro de EE.UU. no han sido ajenos a esta corrección (leer más), de manera que algunas referencias han vuelto a cotizar a precios no vistos desde comienzos de año. Mather observa que se ha producido “un rápido ajuste en las expectativas de inflación y un incremento esperado de la oferta de treasuries mantendrá probablemente la presión sobre los bonos nominales de mayor duración, pero los bonos ligados a la inflación (TIPS) y los activos que se comportan como proxies probablemente sigan comportándose bien”.

Un panorama complejo para el crédito

El reajuste de expectativas a nivel estadounidense y global (incluyendo por ejemplo las implicaciones para activos emergentes) está obligando a otros gestores a dar un paso atrás, contemplar el conjunto del basto y complejo universo de renta fija, y efectuar ajustes sobre sus carteras. Jim Cielinski, responsable global de renta fija de Columbia Threadneedle Investments, afirma que “la mayor volatilidad y unos mercados de renta variable más baratos podrían ser obstáculos para el crédito corporativo”, a lo que se suma que “las valoraciones sólo están en fair value, lo que podría limitar cualquier rally”.

Sin embargo, observa que algunas de las políticas propuestas por Donald Trump “están hechas a medida para extender el ciclo de crédito”, como la reducción del impuesto de sociedades o la posible repatriación de efectivo en el extranjero, lo que “incrementará el flujo de caja después de impuestos”. Además, afirma que, “de elevar el cambio político las expectativas de inflación, las compañías más endeudadas se pueden beneficiar”.

Su solución ha sido adoptar una posición neutral en deuda corporativa, por creer que “estos factores se equilibrarán”. Termina su análisis con una advertencia: “Mantenga en mente que los bonos corporativos con grado de inversión, en particular, están expuestos a significativos riesgos de tipos de interés en añadidura al riesgo de crédito. Los retornos totales serán arrastrados a la baja por los tipos de interés al alza”.

Desde BlueBay, Mark Dowding, co responsable de deuda con grado de inversión, se fija en que la reacción inicial del crédito ha sido de estrechamiento de los diferenciales, y que el repunte de la rentabilidad de los activos estadounidenses “ha atraído una demanda sólida de inversores que tienen como objetivo niveles absolutos de rentabilidad”. A pesar del buen comportamiento de algunos sectores en particular, como el de farmacéuticas estadounidenses – uno de los potencialmente más perjudicados por una Administración Clinton- Dowding advierte que de aquí en adelante “la incertidumbre al alza y el incremento de la volatilidad pueden ser malas noticias para los diferenciales, y vemos poco atractivo en las valoraciones actuales, salvo para el sector financiero”.

Stefan Isaacs, gestor y director adjunto de renta fija minorista de M&G Investments, cree que la probabilidad de que se aplique en EE.UU. una política fiscal laxa, junto con la cercanía al pleno empleo, “provocará inflación a medio plazo y las curvas de tipos seguirán mostrando un claro pronunciamiento”, un entorno teóricamente positivo “para los activos de beta superior, incluido el high yield estadounidense”. Isaacs pronostica que “los activos de la inflación se comportarán mejor que los activos de la deflación”, mientras que “los activos en papel se comportarán peor que las materias primas y los bienes inmobiliarios en un mundo dominado por políticos que juegan la carta del populismo”.

Christian Hantel, Mondher Bettaieb y Jamil Bouallai, de Vontobel AM, como respuesta a la conjunción del nuevo escenario de -hipotéticamente- estímulos fiscales, mejora gradual de la inflación, medidas proteccionistas y menor regulación en EE.UU. han optado por reducir la duración de la deuda soberana core, reducir la asignación a crédito emergente y ponerse largos en crédito corporativo con menor sensibilidad a duración.

Los expertos destacan como especialmente relevante la promesa del aumento del gasto de infraestructuras, pues para los gestores “estas medidas bien podrían contribuir hasta un 1% del PIB relativamente rápido”, y creen que “podrían tener efecto desde mediados de 2017, siendo los más beneficiados los trabajadores menos cualificados y con ocupaciones manuales, que empezarían a volver a gastar, sosteniendo la tendencia positiva de consumo vista a lo largo de 2016”.

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