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Con qué criterios acercarse a la inversión ESG


TRIBUNA escrita por Fernando Delgado García, CFA, CAd, Miembro de CFA Society Spain y Consultor ESG dentro de la entrega Visión de Fondo del profesional CFA.

A partir de los años 50 se empieza a hablar de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), el concepto se va afianzando y va calando tanto en los responsables corporativos de las empresas como en la sociedad. Hasta que en los años 80 se empieza ya a reconocer las obligaciones de la empresa con sus públicos de interés más allá de crear valor para el accionista. A su vez incrementa la importancia de las externalidades, aquellos costes que provoca la empresa en el desarrollo de su actividad y que suponen un coste para toda la sociedad (por ejemplo, emisiones de CO2 a la atmósfera).

La RSC es la antecesora de lo que voy a llamar de forma genérica Inversión Responsable que en los últimos años está creciendo de forma exponencial, en términos de activos bajo gestión, hasta el punto de que en este momento hay mucha más demanda que oferta por este tipo de activos. Cuando hablamos de Inversión Responsable una de las carencias que nos encontramos es la falta de estandarización tanto en los conceptos como en la medición de los objetivos, haciendo muy difícil la comparación entre los gestores. Ni siquiera existen líneas nítidas en cuanto al nombre más apropiado para cada tipo de inversión. Existen diferentes definiciones que en algunos casos hacen que algunos términos de los incluidos en el título serán considerados sinónimos mientras en otras ocasiones se acepta que son muy diferentes y tienen muy distintos objetivos. Por tanto, antes de entrar a analizar, comparar o realizar adquisiciones en inversiones que se dicen responsables es importante comprender si debemos considerarlas como tal y si los objetivos que persigue están en línea con nuestra visión o la de nuestros clientes.

Naciones Unidas ha realizado un gran esfuerzo y es pionera en la definición de objetivos concretos y que van ganando una aceptación general y a los que las compañías pueden adherirse libremente. Ofrece, además, formación para profesionales del sector a través de unas certificaciones empezando a generar un primer acercamiento a cierta estandarización que va permitiendo un punto de partida.

En esta línea de actuaciones merece la pena destacar también el esfuerzo de organismos e instituciones representativas del sector de la inversión. Por ejemplo, CFA Institute avanza en la creación de un estándar de inversión sostenible y coordina un grupo de trabajo que se centra en crear un estándar que podría estar listo en 2022.

El interés que despierta este tema entre la sociedad en general y entre los inversores en particular, así como el crecimiento exponencial de este tipo de inversores hace imprescindible que grandes e influyentes instituciones realicen el loable esfuerzo que están llevando a cabo.

Sin embargo, en mi opinión, no podemos conformarnos con un enfoque de arriba hacia abajo que venga dado y en el que se nos marquen unos criterios que aceptemos sin más. Es importante que la sociedad y especialmente los profesionales que nos dedicamos al análisis, estudio e inversión responsable lleguemos al fondo de los objetivos que, por ejemplo, nos ofrece Naciones Unidas en agenda 2030 y estudiemos como pretenden llevarse a cabo esas iniciativas. No podemos quedarnos únicamente con los titulares. Es necesario profundizar comprender y apoyar la mejora de los principios.

Un ejemplo, es una obligación moral respetar el medio ambiente como nuestro entorno y para las futuras generaciones. Reducir las emisiones de CO2 reduciría el efecto invernadero mejorando la calidad de vida de las personas. Tenemos ejemplos de ciudades chinas donde se ha primado el desarrollismo exacerbado sin tener en cuenta las consecuencias para el medio ambiente, perdiendo sus habitantes calidad de vida hasta el punto de que en ciertos momentos no es recomendable salir a la calle por ser irrespirable su aire. En el acuerdo de París de 2017 se propone un aumento de la temperatura global muy por debajo de los 2 grados Celsius. Si bien es imprescindible reducir las emisiones de CO2 y reducir el efecto invernadero, esperar que un acuerdo plurinacional pueda influir en el clima hasta el extremo de fijar la variación en una cifra muy por debajo de los 2 grados Celsius es como mínimo algo ingenuo. Ya que el clima se ve afectado por muchos factores quizá más relevantes que las emisiones de CO2, como por ejemplo las tormentas solares.

Como el ejemplo anterior podría poner muchos, algunos basados en un malthusianismo, implícito en algunos de sus planteamientos, que es cuando menos discutible, y que en ocasiones va contra la ley natural.

Desde aquí mi invitación a todos los inversores, gestores y todo tipo responsables implicados en la inversión responsable en profundizar en el significado de esos titulares que cualquier persona cabal podría aceptar. Hay que comprender sus implicaciones e hipótesis de forma que coincidan con nuestra visión o la de nuestros clientes.

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