¿Cómo puede afectar a los emergentes la presidencia de Donald Trump?


Probablemente la reacción de mercado más llamativa a la victoria de Donald Trump haya sido la caída del 11% del peso mexicano hasta mínimos históricos. Aunque sea el ejemplo más evidente de qué podría pasar si se cumplen a rajatabla las promesas electorales del magnate, no sería el único impacto sobre el mundo emergente. La consideración de si Trump podrá aplicar todo su programa electoral o sólo una parte (al estar controlado por el Partido Republicano) es clave. En Amundi, Philippe Ithurbide (responsable global de análisis y estrategia) y Didier Borowski (responsable de macroeconomía) asignan un 90% de probabilidad al primer escenario y un 10% al segundo.

En el primero, vaticinan que los emergentes sufrirían por la incertidumbre en aspectos como “los aranceles, la diplomacia estadounidense, el crecimiento global y el comercio global”, así como por el incremento de la aversión al riesgo. “Debido a las opiniones de Trump sobre Rusia, los activos rusos y el rublo podrían portarse mejor si EE.UU. levanta sus sanciones”, añaden.

En el segundo escenario, se juntarían aversión al riesgo y aumento del proteccionismo: “Debido a las intenciones de Trump y a su proximidad con EE.UU., México y China serán las naciones más afectadas por el comercio. Esperen una depreciación significativa del renmimbi, con grandes consecuencias sobre los mercados financieros globales”. Los activos rusos y el rublo repetirían como grandes ganadores, de levantarse las sanciones.

“México y China son los mercados emergentes más expuestos y sus activos relacionados son particularmente vulnerables, pues los inversores temen que las medidas proteccionistas tengan un impacto serio sobre las importaciones en EE.UU. de economías emergentes”, afirman los analistas de NN Investment Partners. De hecho, el 82% de las exportaciones mexicanas se dirigen a su vecino del norte. “El sector exportador del país es una fuente primaria de empleo, y el crecimiento de las exportaciones tiene que compensar a las importaciones para evitar un incremento excesivo del desequilibrio externo”, detallan.

Paralelamente, el 18% de las exportaciones chinas se dirigen a EE.UU. “La previsión de demanda interna de China no parece particularmente brillante, por lo que el país necesita publicar un crecimiento de las exportaciones decente para evitar una ralentización brusca del crecimiento económico”, puntualizan.

Jason Pidcock, gestor de Jupiter, cree que Filipinas también saldría perjudicada:  “Tanto si le gusta al presidente Duterte o no, el país tiene lazos económicos con EE.UU. Tiene uno de los mayores call center de operaciones del mundo, y las empresas americanas son grandes empleadores en este campo”. Dicho esto, y a pesar de la posibilidad de un conflicto diplomático, Pidcock afirma que “gran parte de las malas noticias ya se han puesto en precio”.

Claudia Calich, gestora de M&G Investments, apunta en cambio a Centroamérica: “Si Trump sigue adelante con todas las propuestas de su campaña y consigue superar la pesadilla organizativa que supondría deportar a todos los inmigrantes ilegales, las remesas de estos inmigrantes dejarán de llegar y eso repercutirá seguro en las economías de sus países de origen”. Los más afectados serían Guatemala, El Salvador y Honduras, “donde las remesas no autorizadas procedentes de EE. UU. podrían suponer hasta el 5,6%, el 8% y el 13,2% de sus respectivos PIB, según nuestros cálculos”. 

Calich se fija igualmente en las oportunidades generadas por la volatilidad. Primero, también piensa que Rusia podría beneficiarse del levantamiento de sanciones. Después, se fija en que países como India o Brasil presentan “economías relativamente cerradas, con un nivel comparativamente menor de lazos comerciales o de inmigración con EE. UU.”. Los países de Europa del Este “dependen mucho más de Europa que de EE. UU. para sus exportaciones o flujos financieros”, por lo que cree que les influirá más la agenda política en Italia, Francia y Alemania. Sobre los países productores de commodities, como los de África subsahariana, recuerda que son más dependientes de China que de EE.UU. En cuanto a China, indica que “los movimientos que hay que vigilar son la introducción de aranceles comerciales y la posibilidad de que el Tesoro de EE. UU. designe al gigante asiático como manipulador cambiario”.

Steve Ellis, gestor de Fidelity, se fija en el posible impacto de un cambio de política en la Fed sobre el mundo emergente: “Surgirán dudas sobre la capacidad de la Fed para subir tipos en diciembre y los bancos centrales de todo el mundo probablemente mantengan posturas expansivas en un entorno de huida del riesgo. Este hecho podría acentuar aún más la búsqueda de rendimientos de la que tanto se han beneficiado los mercados emergentes este año”. Ellis lanza un mensaje tranquilizador: “Aunque algunos países, como México, se verán directamente afectados, los mercados emergentes están en su mayor parte lejos del epicentro y siguen ofreciendo a los inversores rendimientos atractivos y ventajas de diversificación”.  

¿Fin de la globalización?

“La campaña de Trump estaba basada en la idea de que el resto del mundo es responsable del deterioro de la situación en EE.UU. Por tanto, deberíamos esperar una estrategia que primordialmente gravite en torno a EE.UU. Esto implicará la reconsideración de los tratados firmados y, al respecto, el presidente de EE.UU. dispone de considerable libertad, al poder actuar sin la aprobación del Congreso”, observa Philippe Waechter, economista jefe de NAM (filial de Natixis Global AM).

Waechter delimita tres consecuencias. La primera, que “EE.UU. podría optar por salirse de los tratados existentes, incluso ir tan lejos como sacar al país de la Organización Mundial del Trabajo (OMT)”. Esto implicaría por ejemplo la recisión del acuerdo NAFTA, que afecta directamente a México. Si abandonara la OMT – ganando flexibilidad para imponer aranceles- podría afectar especialmente a China. Waechter también considera que la elección de Trump ha reducido las probabilidades de que se cierren las negociaciones para firmar el tratado TPP con los países asiáticos excluyendo a China (TPP) y el TTIP con los países europeos.

Finalmente, Waechter cree que “EE.UU. quiere reducir sus compromisos políticos con el resto del mundo”, lo que podría implicar su salida de la OTAN. La reducción del compromiso podría suponer “una fuente de preocupación para Europa, pues el equilibrio político podría desplazarse, particularmente a la luz de las ofensivas de Putin”.

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