Cómo invertir con responsabilidad buscando al mismo tiempo la rentabilidad


La inversión sostenible ha venido para quedarse. Considerada un segmento minoritario hasta hace unos años, este tipo de inversión se está ganando un puesto entre los productos de las grandes gestoras. Algunas entidades están empezando a hacer pedagogía sobre la importancia de regirse por este tipo de criterios a la hora de realizar las inversiones. La última en hacerlo ha sido Natixis Global AM a través de Mirova, la división especializada en inversiones responsables creada en 2012 por Natixis AM, que acaba de registrar en España cinco fondos de renta variable (Mirova Global Climate Change, Mirova Global Sustainable Equity, Mirova Europe Sustainable Equity, Mirova Euro Sustainable Equity y Mirova Europe Life Quality) y dos de renta fija (Mirova Euro Sustainable Corporate Bonds y Mirova Euro Sustainable Aggregate), publica Expansión.

El objetivo que se han fijado en la entidad: tratar de ofrecer al inversor una atractiva rentabilidad a partir de la inversión en modelos de negocio sostenibles que sean capaces de crear valor a largo plazo, tratando de identificar las compañías que darán forma al mundo en los próximos 10 años y que sean capaces de aportar soluciones innovadoras a los grandes desafíos a los que se enfrenta la humanidad. Esa ha sido la razón por la que, según explican, la gestora creó Mirova, la división especializada en inversiones socialmente responsables (ISR) de Natixis AM. Inversión en acciones, infraestructuras, impacto de la inversión y voto y compromiso son los cuatro pilares sobre los que la entidad cimenta su estrategia. El equipo ha identificado ocho áreas de desarrollo sostenible que –a su entender- deberían superar a su sector, que atañen desde la energía hasta el consumo, pasando por las finanzas, la tecnología, la movilidad, la construcción y los recursos sostenibles.

“Aunque el inversor no crea en la estrategia, reconoce las grandes tendencias. El modelo de desarrollo económico actual ya no sirve. Analizar la economía desde la perspectiva de la sostenibilidad te permite entender mejor los riesgos y encontrar buenas oportunidades a largo plazo”, asegura Philippe Zaouati, responsable de Mirova. Para elegir aquellas compañías que más se puedan beneficiar de las principales tendencias, el equipo de Zaouati aplica un análisis fundamental. “Al final del proceso quedan 1.000 empresas en el radar. Muchas de ellas están en el universo de pequeña capitalización. Las agencias de calificación de riesgos tienden a dar un mayor rating a las empresas de gran capitalización. Cuando las ‘small caps’ tienen un modelo interesante, se encuentran con la dificultad de comunicarlo. Esto destapa oportunidades muy atractivas”. Por ese motivo, “en Mirova no sólo nos fijamos en los ratings, sino que hacemos nuestros propios análisis. Para invertir necesitamos tener mucha información”.

Deutsche Asset & Wealth Management es otra de las gestoras que ha hecho un esfuerzo comunicativo en este sentido. En el 2007 empezaron a integran los datos relativos a ESG (environmental, social and corporate governance) elaborados por la empresa independiente Sustainanalytics en su plataforma de análisis G Cube, así como un rating de ESG de elaboración propia. En 2008, la gestora suscribió los Principios de Inversión responsable de la ONU (UNPRI), en 2010, los factores ESG fueron integrados en el proceso de inversión de todos los fondos y en el 2011 se creó un comité de ESG, que está dividido en cuatro grupos de trabajo y cuya misión es la de integrar totalmente los factores ESG en el proceso de gestión y la de dar formación tanto genérica como específica al respecto.

Parte de este esfuerzo fue el lanzamiento de un fondo específico de renta variable europea, el DWS Invest ESG Equity Europe, que pudiera plasmar en una cartera la idea de que tener una información lo más completa de una compañía, no sólo sobre sus resultados sino también sobre aspectos intangibles como los factores medioambientales, sociales y de gobierno corporativo, podía resultar no sólo más responsable sino además más rentable en el medio y largo plazo. El fondo está gestionado por la española Susana Peñarrubia desde Frankurt, que además es analista del sector eléctrico y miembro del grupo de trabajo de DeAWM sobre ESG.

¿Qué es invertir con responsabilidad?

Para Peñarrubia, ser un inversor responsable parte de tener acceso a la mejor y más completa información posible sobre una compañía, algo que no sólo ella, sino todos los gestores pueden conocer desde su propia plataforma de análisis, G Cube, en la que se vuelcan los datos recopilados por la compañía independiente Sustainanalytics. En base a esa información, la gestora realiza un rating ESG de acuerdo a un modelo propio en el que consideran unos 160 indicadores sobre aspectos medioambientales (con un peso del 40%), sociales (30%) y de gobierno corporativo (30%).

El rating va desde la máxima calificación (A) hasta la peor (F) y también está incorporado en G Cube. Es revisado y actualizado una vez al mes y pretende reflejar el impacto de la atención a los factores ESG en los resultados, la posición competitiva, los modelos de negocio y la adaptación de los cambios legislativos de las empresas. En caso de duda, los gestores pueden consultar, además del informe base, un “controversy report” en el que ahondar sobre alguno de los factores.

En el proceso de construcción de la cartera del DWS Invest ESG Equity Europe, el 85% de las compañías seleccionadas tienen que tener una calificación de entre A y C, quedando las que tienen una F excluidas del universo de inversión, aunque el 15% en calificación D expresa la posibilidad de que la compañía pueda mejorar y eso se refleje de forma global tanto en su posicionamiento como en sus resultados. Como ejemplo, hay muchas empresas de capitalización mediana que pueden estar tomando medidas para mejorar, pero todavía no las comunican. Y es que la conciencia sobre la relevancia de los factores ESG cada vez debería ir a más. En opinión de Peñarrubia, “la toma de conciencia va lenta pero va. Es todavía un movimiento lento, pero que ganará velocidad e importancia si los inversores lo demandan”.

España, un mercado propicio

El mercado de la inversión socialmente responsable representa unos 200.000 millones de euros en Francia, donde reside Franca Perin, frente a los cerca de 60.000 que mueve en España. Por eso, la responsable del equipo de analistas de ISR en Generali Investments Europe no duda en afirmar que “el mercado español ofrece mucho potencial para la ISR”. Y parece que no se equivoca. Según datos de Spainsif, entre 2009 y 2011 la ISR creció en nuestro país un 71% y su tasa de penetración en el mercado pasó del 13% al 27%, fundamentalmente en el sector institucional, que representa el 97% del mercado de la ISR en España.

La inversión socialmente responsable, cuyos orígenes se remontan a la Gran Bretaña del siglo XVIII, ha vivido un verdadero renacer en los últimos treinta años y ha perdido su halo ‘ético’ para convertirse en una excelente herramienta de gestión del riesgo. “Por eso -responsable del equipo de analistas de Inversión Socialmente Responsable (ISR) de Generali Investments Europe- la crisis financiera mundial ha supuesto un punto de inflexión para el crecimiento de la ISR, porque ahora los inversores no solo buscan obtener una rentabilidad, sino que quieren saber que su inversión contribuirá a una crear una sociedad mejor”.

“La dificultad principal con la que se encuentran los inversores es que no existe una única definición de lo que constituye ISR, aunque sí hay cierto acuerdo en las variables no financieras que pueden tener efectos sobre los resultados de las empresas a largo plazo, los denominados criterios ASG (ambientales, sociales y de buen gobierno)”, explica Perin.

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