Cómo ha afectado el COVID-19 a la expectativa de rentabilidad de los activos a corto, medio y largo plazo


Cuando a finales de 2019 se preguntaba a las gestoras de fondos qué podrían esperar los inversores en un año como 2020 había cierta unanimidad en tres cosas: no nos enfrentaríamos a una recesión sino a una ralentización de la economía, la renta variable seguiría siendo un destino de inversión con más potencial de revalorización que la renta fija en un contexto de pocos cambios desde la política monetaria y en ese rally, que la mayoría situaba por debajo de los dos dígitos, lo que pesaría serían los criterios fundamentales. Pero llegó el COVID-19 y si al igual que el mundo hoy no tiene nada que ver con el de diciembre de 2019, las previsiones de las gestoras también distan mucho de parecerse a las vistas a finales del año pasado.

“Entramos en un mundo que va a ser distinto y hay que pensar en cuál va a ser el nuevo new normal”, afirmaba Gonzalo Rengifo, director general de Pictet AM en Iberia y Latinoamérica en una entrevista con FundsPeople . Y esa nueva normalidad también afecta a cómo se van a comportar los activos financieros tanto a corto como a largo plazo. 

A corto plazo, la palabra clave que domina en la mayor parte de los comentarios que las gestoras hacen analizando la situación actual es la de cautela. No en vano las incertidumbres siguen siendo altas, como lo es la volatilidad, ya que el mundo atravesara una pandemia como la actual no aparecía en ninguna bola de cristal de economistas ni analistas y las consecuencias son igual de imprevisibles. A las caídas históricas vistas en marzo en la gran parte de los índices bursátiles, les sucedieron alzas igual de históricas en el mes de abril. ¿Ha pasado ya lo peor? Se preguntan muchos, y la respuesta es simple: no se sabe.

“Creemos que las compras de activos de los bancos centrales explican el estado de ánimo del mercado, pero dudamos que puedan funcionar para siempre. ¿Es posible que los mercados de valores ya hayan tocado fondo?”, se preguntan desde la gestora Invesco. Para ello han reeditado sus previsiones de mercado a 12 meses en función de diferentes escenarios y, en el caso de la renta variable, no valoran ningún escenario que acabe con la bolsa al alza en este periodo.

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“Hoy en día las empresas otorgan prioridad a la liquidez y a la supervivencia en detrimento de dos de los tres pilares principales de la valoración: el crecimiento y los beneficios. A nuestro parecer, en el futuro, las rentabilidades serán más reducidas; el crecimiento, más lento; y los riesgos, más elevados, lo que generará un complicado entorno para los activos de riesgo”, afirman en MFS Investments.

Sin embargo, una cosa es la evolución que puedan tener los activos de riesgo a corto plazo y otra muy diferente a largo. Por ejemplo, BlackRock acaba de revisar sus expectativas a cinco años  y lo ha hecho elevando la rentabilidad en activos como la deuda emergente, la renta variable emergente y la renta variable de países desarrollados y recortándola en el caso de los bonos del Tesoro de EE.UU o la deuda pública europea.

“En igualdad de condiciones, la venta de una clase de activos determinada la hace más atractiva a través de una lente de valoración, aumentando mecánicamente nuestros rendimientos esperados en los próximos cinco años. Incluso después de un rebote sustancial en las últimas semanas en los activos de riesgo, sus caídas de precio este año todavía implican un fuerte impulso a nuestros retornos esperados. Por el contrario, el repunte de los bonos del Estado apunta a menores rendimientos futuros en comparación con nuestras expectativas a principios de año”, afirman desde BlackRock Investment Institute.

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Pero, ¿qué pasa con las previsiones a más largo plazo? ¿Ha traído consigo el COVID-19 grandes modificaciones en las perspectivas de rentabilidad de los activos a 10 años vista?  Desde DWS Research Institute han publicado un white paper que analiza la rentabilidad anualizada que se puede conseguir con diferentes tipos de activos a 10 años en función de tres escenarios económicos y financieros.

“Presentamos tres escenarios: el primero (status-quo) utiliza el mismo crecimiento económico, dividendo y riesgo de crédito, las suposiciones que se utilizaron para nuestro publicación anual de principios de este año, actualizando nuestras  previsiones anteriores por los cambios en los precios y las previsiones de inflación observados en el primer trimestre. Los escenarios 2 (repetición de 2009) y 3 (triángulo) son escenarios alternativos que cambian la situación económica en cuanto a crecimiento, dividendos y supuestos de riesgo crediticio con la asumción de que la crisis en curso es de la misma magnitud como la crisis financiera de 2008 y esta última suponiendo que la crisis sea mucho peor, como un evento del tipo "una vez en el siglo", afirman desde la gestora.

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Como se aprecia en el gráfico superior, la expectativa de rentabilidad a 10 años de la renta variable es muy similar a la que contemplaban a finales, dejando las grandes variaciones en función de cada escenario a los activos de renta fija, sobre todo en aquellos que abarcan el universo del high yield.

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