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Cómo funciona el Barómetro del Riesgo Geopolítico de BlackRock y hacia dónde está apuntando actualmente


Una de las iniciativas que ha reforzado BlackRock en el marco de la actividad que desarrolla su órgano de liderazgo intelectual y contenidos didácticos, el BlackRock Investement Institute, es un barómetro que toma el pulso a los riesgos geopolíticos. Este barómetro (conocido como BGRI o BlackRock Geopolitical Risk Indicator) recoge datos históricos desde 2003, y se revisa mensualmente para identificar un top 10 de riesgos. Después de once meses a la baja, en mayo ha experimentado un repunte que los expertos de la gestora han interpretado como que los mercados están volviendo a prestar atención a los riesgos de esta índole.

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“Examinamos cómo de cerca están vigilando los mercados cada riesgo; explicamos el contexto, avances recientes y catalizadores, y medimos el impacto posible sobre los activos que históricamente han sido más sensibles a cada tipo de riesgo”, indican los miembros del BlackRock Investment Institute.

Para conseguirlo, BlackRock aplica técnicas de big data, mediante la recopilación de distintas fuentes de información financiera: informes de analistas, noticias financieras o incluso tuits (se analiza el millón de tuits de cuentas verificadas más popular de cada semana), así como los bancos de datos de Thomson Reuters Broker Report y Dow Jones Global Newswire. “Calculamos la frecuencia de las palabras relacionadas con el riesgo geopolítico, ajustadas por sentimiento positivo y negativo, y después asignamos una puntación. Asignamos un peso mucho mayor a los análisis de brokerage que a otras fuentes de datos, porque queremos medir la atención que presta el mercado a cualquier riesgo particular, no la atención del público”, aclaran desde la gestora.

Además, el Barómetro es capaz de distinguir entre sentimiento positivo y negativo, para poder determinar con precisión el grado de importancia que se debe asignar a cada riesgo. Desde la gestora ponen como ejemplo lo que sucedió durante la Primavera Árabe de 2011: “Mucha de la atención se centraba sobre los efectos potencialmente positivos de los cambios de régimen. El ajuste de este sentimiento positivo mitigó el impacto de la Primavera Árabe sobre el nivel del BGRI”.

El proceso que se sigue para efectuar estos ajustes empieza con la asignación de una puntuación para medir el grado de atención que está prestando el mercado a un riesgo en particular, mediante el rastreo de palabras relacionadas con ese riesgo que selecciona un grupo de expertos compuesto por gestores de carteras, analistas expertos en geopolítica y gestores de riesgos. Después, se asigna una puntuación por sentimiento, que también aplica un análisis lingüístico: BlackRock tiene un diccionario propietario que cuenta con 150 palabras que clasifica como indicadores de sentimiento positivo, y otras 150 de sentimiento negativo. A continuación, se aplica una media móvil ponderada que pone énfasis sobre las publicaciones recientes para establecer la puntación. El tercer paso es la calificación total, para la cual se asigna una proporción 80% - 20% a la puntuación por mercado y puntuación por sentimiento, respectivamente.

En último lugar, los expertos en geopolítica identifican posibles catalizadores de una escalada de riesgo y evalúan de qué manera sería más probable que se manifieste ese riesgo en un horizonte de seis meses. Por ejemplo, ahora piensan que hay más probabilidades de que se tensen las relaciones entre EE.UU. y China, mientras que sitúan el riesgo de fragmentación de Europa en la parte más baja de la escala de riesgos.

Además, se calcula la severidad del impacto sobre el mercado a partir de un análisis de escenarios efectuado por el equipo de Riesgo y Análisis Cuantitativo, que estima el impacto de cada riesgo sobre la renta variable global a un mes. Por ejemplo, el equipo calcula que las tensiones entre Rusia y la OTAN serían de los riesgos geopolíticos con un mayor impacto potencial sobre los mercados, mientras que el riesgo con menor impacto sería una nueva oleada de populismo en Latinoamérica.

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Caso práctico

En la última edición del Barómetro, los expertos de BlackRock han situado como riesgo número uno de su top diez a las tensiones geopolíticas en Oriente Medio en general, y el Golfo Pérsico en particular. Describen así el escenario de riesgo: “La vuelta de las sanciones estadounidenses golpean a las empresas europeas y asiáticas que están haciendo negocios en Irán, agitando a la economía iraní y amenazando una cancelación completa del acuerdo nuclear. EE.UU., Arabia Saudí e Israel expresan preocupación creciente sobre un posible reinicio del programa nuclear, e Irán contraataca animando a los países de su esfera de influencia”.

La visión de BlackRock es que “la Administración estadounidense ha tomado una postura cada vez más beligerante en Oriente Medio, reforzada por cambios clave de personal y evidenciada por la retirada del acuerdo con Irán. Esto ha escalado tensiones en una región ya tensa y compleja de por sí”, en referencia al duelo entre Irán y Arabia Saudí por ocupar la mayor esfera de influencia en una región donde se están librando dos conflictos bélicos, el de Yemen y el de Siria (con injerencia rusa).

A pesar de esta fotografía, la conclusión a la que ha llegado el Barómetro es que sí, las tensiones han subido – la lectura actual es una desviación estándar por encima de su media histórica-, pero al mismo tiempo BlackRock espera un impacto limitado sobre los mercados globales. ¿La razón? “Los mercados del Golfo son vulnerables, pero tienen un peso pequeño sobre los índices de renta variable emergente y de renta fija”.

Sin embargo, la escalada del conflicto sí podría afectar directamente al precio del petróleo, que históricamente ha mostrado una alta sensibilidad a todo lo que sucede en la región. Cabe recordar que el precio del barril ha mostrado una tendencia ascendente en lo que va de 2018, llegando a tocar los 80 dólares en mayo, hasta máximos de cuatro años.

Desde BlackRock constatan que el mercado del petróleo exhibe actualmente unas condiciones muy ajustadas: los inventarios han caído por debajo de su media de cinco años, los recortes en la producción de la OPEP han corregido el exceso de oferta y, junto con el alza de las tensiones, estos factores explican la subida del crudo. “Una subida persistente del petróleo hasta 100 dólares el barril o más – impulsado por recortes en la oferta o shocks geopolíticos- podría golpear fuerte al consumo y el sentimiento. El impacto económico podría ser compensado parcialmente por el gasto del sector de la energía”, detallan en primer lugar.

La escalada del petróleo también tendría consecuencias para los mercados emergentes, que con los precios actuales están disfrutando de un buen momento económico y margen para seguir implementando reformas estructurales: Los expertos alertan de que una subida mayor del precio del crudo podría reducir el apetito por las reformas estructurales de estos países.

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