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Cómo evitar enamorarse de sus acciones


El día de San Valentín se remonta al siglo XIV y, aunque su verdadero origen sigue siendo un misterio, esta celebración del amor ha llegado hasta nuestros días. Sin embargo, los más pragmáticos y disciplinados advierten del peligro de verse arrollados por tanto romanticismo. La idealización romántica es un riesgo muy real.

Para evitar enamorarse de las acciones en las que invierten, Nick Clay, gestor de BNY Mellon IM, recomienda a un inversor que invierta en renta variable global aplicar un enfoque disciplinado por el que solo se invierta en empresas que rindan un 25% más que el índice FTSE World. En cuanto el rendimiento caiga por debajo de ese umbral, lo que recomienda es venderlas. “Imponerse una disciplina objetiva resulta esencial, ya que nos protege frente a un mal demasiado común: la manipulación de la tesis de inversión”, afirma.

En su opinión, cuando una inversión funciona y la valoración aumenta, es fácil encontrar nuevas razones que justifiquen el aumento de la valoración y así poder seguir invertidos en esa acción ganadora que nos tiene enamorados. “En realidad, lo que ocurre es que la asimetría del perfil de rentabilidad-riesgo de la inversión original se está moviendo en la dirección contraria”, revela.

“Estadísticamente, que la asimetría entre la rentabilidad y el riesgo muestre un sesgo a nuestro favor nos proporciona cierto margen de seguridad frente a las incertidumbres del futuro. Sin embargo, si esa asimetría cambia, aumentan las posibilidades de que la inversión acabe decepcionando. Dicen que el amor es ciego, por lo que puede ser muy difícil darse cuenta de que estamos actuando así. Por eso es necesaria una disciplina objetiva que nos ayude en cierto modo a protegernos, para que no nos rompan el corazón”, concluye.

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