Cómo está afectando la inflación a la política monetaria de los bancos centrales


Tras varios años alejada de la actualidad, la inflación recupera el protagonismo en 2017. Las presiones inflacionistas están aumentando tanto en Estados Unidos como en los principales mercados europeos (Alemania, España…), un factor que presiona al alza las tires de los bonos. El IPC de EE.UU. se situó en el 0% en septiembre de 2015, por debajo del 1% en julio del año pasado y ahora ha vuelto al 2,5%, mientras que en Europa marcó un dato negativo en mayo del año pasado y ya está en el 1,8%, cerca del objetivo del BCE. Según Ben Lord, gestor en M&G Investments, esto se explica por el incremento del precio de las materias primas. “Estamos a punto de notar los efectos del punto álgido del petróleo. En enero y febrero de 2016, los precios del petróleo marcaron mínimos, por lo que los datos de inflación que se están conociendo están reflejando los efectos básicos del alto precio del petróleo con respecto al año pasado. Este es uno de los motivos por los que la inflación ha subido tanto en los últimos meses”, afirma.

Lord coincide con Julien-Pierre Nouen, economista-estratega jefe de Lazard, quien hace un diagnóstico muy similar. A su juicio, la mayor parte de esta subida se debe a los efectos básicos de los precios de la energía. De hecho, la inflación, energía y alimentación excluidas, no presenta signos de aceleración, situándose en el +0,9%. ¿Qué implicaciones tendrá esto en lo que respecta a su impacto sobre la política monetaria? Esa es a día de hoy la gran pregunta, sobre todo teniendo en cuenta que una fuerte subida de la inflación podría adelantar subidas de tipos más rápidas de lo que descuenta el mercado. Lo que sabemos por ahora es que la presidenta de la Fed, Janet Yellen, ha endurecido su discurso, declarando que sería imprudente esperar demasiado para aplicar una subida de tipos. También insistió en las incertidumbres en torno a la política presupuestaria estadounidense, una cuestión que, en su opinión, debería zanjar Donald Trump lo antes posible. 

Según Zane E. Brown, socio y estratega de renta fija de Lord Abbett, quizás lo más significativo es que las preocupaciones de Yellen se han visto reforzadas por otros oficiales de la autoridad monetaria americana, incluyendo al presidente del Banco de la Reserva Federal de San Francisco John Williams, quien dijo textualmente que “si esperamos demasiado, corremos el peligro de permitir que crezcan los desequilibrios, obligándonos luego a ponernos al día". De forma similar, el presidente de la Reserva Federal de Dallas y miembro con voto del FOMC Rob Kaplan, sugirió moverse antes que después, con el objetivo de reducir la probabilidad de que la Fed se sitúe por detrás de la curva y sienta la necesidad de retirar la política acomodaticia más rápidamente.

“Una subida en marzo parece depender de las evidencias de crecimiento económico e inflación, combinados con un mejor entendimiento de las políticas fiscales potenciales y la confianza en su impacto. Afortunadamente para los políticos de la Fed, antes de la reunión de marzo tendrán tres eventos que podrían hacer virar su decisión: el discurso de Donald Trump al Congreso de los Estados Unidos, el dato clave de inflación del índice de gastos de consumo personal, y el informe de empleo de febrero, que se publicará el 10 de marzo”, afirma Brown. Por ahora, los mercados anticipan dos incrementos de las tasas para 2017, y si bien las probabilidades de un aumento en marzo ascendieron, aún permanecen bajas, en torno al 22 %, según datos de CME.

En lo que respecta al BCE, teniendo en cuenta el acta de la reunión de la autoridad monetaria europea del 15 de enero, parece que la mayoría de los miembros del Consejo están de acuerdo en no dar importancia a este reciente repunte de la inflación. Consideran que se debe a factores pasajeros que no deberían incidir en las perspectivas a medio plazo, aunque manifiestan que vigilarán muy de cerca las posibles repercusiones de la subida de los precios de la energía en la inflación subyacente. “Lo que se espera del BCE es que mantenga su política monetaria acomodaticia pese a la anunciada reducción del volumen de compras mensuales de activos (de 80.000 millones de euros a 60.000 millones a partir de abril de 2017), ya que aún hay muchas economías europeas que no registran crecimiento, sobre todo entre las de la periferia”, subraya April Larousse, especialista de producto en Insight, filial de BNY Mellon IM.

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