¿Cómo cerrar el grifo de la escasez de agua?


TRIBUNA de Sol Hurtado de Mendoza, directora general España y Portugal, BNP Paribas Asset Management. Comentario patrocinado por BNP Paribas Asset Management.

La mayoría de nosotros no solemos pensar en el agua. Nos limitamos a abrir el grifo y tenemos a nuestra disposición un suministro de agua limpia y potable. Pero ¿no estaremos pecando de complacencia? Al fin y al cabo, el agua es un recurso finito del planeta, y en el mundo en rápido cambio en que vivimos impone una demanda cada vez mayor de esta sustancia tan vital.

La oferta no podrá satisfacer esta demanda creciente de manera indefinida. En este contexto surge una pregunta: ¿hacen los líderes mundiales lo suficiente para abordar esta crisis en ciernes? A continuación examinamos los retos crecientes de la cadena de suministro del agua, identificamos lo que se necesita para mejorar los sistemas actuales y nos planteamos cómo puede conjugarse la inversión con la tecnología para ofrecer las soluciones innovadoras del futuro.

La escasez de agua es un problema global

El planeta Tierra está cubierto de agua. De hecho, alrededor del 70% de la superficie del planeta es agua, aunque solo un mero 0,025% es agua potable accesible en la superficie(1). Esta cantidad ha permanecido estática desde la época de los dinosaurios, y hasta ahora ha cubierto nuestras necesidades. Sin embargo, estas necesidades están aumentando de manera exponencial.

El crecimiento de la población mundial es el principal motor de este aumento de la demanda, pero el modo que usamos el agua (que refleja la mayor urbanización y una mejora del nivel de vida) añade más presión si cabe. Este desequilibrio entre oferta y demanda no durará mucho: se prevé que la demanda de agua potable excederá al suministro en un 40% de cara a 2030(2). A menos que se tomen medidas urgentes, casi la mitad de la población mundial podría encontrarse en riesgo de estrés hídrico.

Es fácil suponer que la escasez de agua solo será un problema del mundo en vías de desarrollo (por ejemplo, se anticipa que la demanda de agua de China sobrepasará en un tercio la oferta actual a lo largo de los próximos 10 años(3)). Es probable que estos países sufran el grueso del déficit, pero no se enfrentan a esta crisis solos: las naciones desarrolladas ya están experimentando sus propios problemas de abastecimiento. Francia y Alemania afrontan su tercer verano consecutivo de sequía, lo cual afecta de forma considerable a la producción agrícola y, tal como sucedió en 2018, el descenso en picado del caudal del río Rin podría suponer una enorme disrupción del transporte fluvial. Esto significa que la escasez de agua no solo tiene un coste humano: también tiene un coste económico significativo.

¿Puede solucionarse esta mala gestión del agua?

Afortunadamente, la futura brecha del agua tiene solución(4). El problema no es tanto el agotamiento de un recurso natural sino la gestión actualmente deficiente de los recursos hídricos. Con la innovación, la productividad y la inversión adecuadas, esta mala gestión tiene arreglo.

El consumo doméstico es el uso más reconocible del agua, pero no es el principal y solo representa alrededor de un 14% del uso total(5). Aun así, las infraestructuras malas o anticuadas suponen que la pérdida del agua depurada sea un problema importante. Ya solo en Asia, se estima que esto representa 29.000 millones de metros cúbicos al año(6).

Los usos industriales suponen un 16% de la demanda(7), siendo las consumidoras principales actividades como la minería y la producción de electricidad. Pero la mayor usuaria del agua es, de lejos, la industria agrícola, que representa un pasmoso 71%(8) del agua total utilizada a nivel mundial. El logro de mejoras de la eficiencia hídrica en estas áreas clave tendría un impacto enorme a la hora de cerrar la brecha entre oferta y demanda.

En busca del oro azul

Arrastramos un legado crónico de inversiones insuficientes en la cadena de suministro del agua, pero la inminente insuficiencia de abastecimiento y el apoyo de importantes organismos internacionales como Naciones Unidas (que ha hecho de la obtención de agua limpia y el saneamiento uno de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible) están impulsando cambios. Se estima que en los próximos 15 años se gastarán 7,5 billones de dólares estadounidenses en infraestructuras hídricas en todo el mundo(9), lo cual crea oportunidades excitantes para los inversores. No es por nada que se hable del agua como el oro azul.

Las oportunidades de inversión abarcan a todos los sectores y regiones, ya que la industria se beneficia de avances tecnológicos para crear una cadena de suministro de agua más sostenible. En el primer puesto de la lista se encuentra la agricultura de los superconsumidores, donde el objetivo es mejorar la cosecha por gota de agua mediante la innovación. Una mejora en las tecnologías de aplicación del agua (como una mayor adopción de la irrigación por goteo y aspersión) es esencial para aumentar la eficiencia. Además, se ha demostrado que tales métodos reducen costes, al limitar la cantidad de fertilizante requerido y aumentar el rendimiento.

La industria es otra área crucial. Los avances en el reciclaje de agua están ganando terreno, como el mayor aprovechamiento de las aguas grises (las aguas residuales, relativamente limpias, de hogares y edificios comerciales). Allí donde se necesita agua de mayor calidad, la tecnología de filtración por membranas de baja presión está pasando a un primer plano. 

Tener una infraestructura hídrica eficiente es responsabilidad de todas las naciones. Se están adoptando iniciativas para modernizar sistemas a fin de procurar una mayor vida útil de las conducciones, reducir los costes de explotación y mejorar la detección de fugas. Además, las aplicaciones inteligentes ayudan a que los usuarios domésticos comprendan mejor su consumo de agua y sean más responsables. 

La eficiencia hídrica nos atañe a todos

Si queremos conseguir un cambio real, el agua ha de ser un asunto de todos. la inminente escasez de agua se ve agravada por la falta de concienciación, y es necesario obligar a gobiernos, agricultores e industrias a que adopten técnicas de ahorro de agua.

Por suerte, una mayor concentración en cuestiones como la escasez de recursos, las infraestructuras inadecuadas y las restricciones medioambientales aumentará esta concienciación y ayudará a acelerar la transición hacia una economía global más sostenible.

En BNP Paribas Asset Management, creemos que un movimiento así ofrecerá valiosas oportunidades de inversión a largo plazo. Las empresas a la vanguardia de estas iniciativas transformadoras deberían beneficiarse del enorme capital que se está destinando a mejorar la cadena de suministro de agua. Para conseguir rentabilidades sostenibles a largo plazo, nuestro fondo BNP Paribas Aqua invierte en un abanico amplio y profundo de acciones defensivas y cíclicas relacionadas con el agua en toda su cadena de valor global. Estas acciones no solo tienen potencial de lograr un fuerte crecimiento, sino que, además, tienen un impacto positivo en el medioambiente.

Si deseas más información, visita nuestra página “temas de inversión”.
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Fuentes y notas:
Water. A finite resource, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), 1995: http://www.fao.org/3/u8480e/U8480E0c.htm. Water availability and water scarcity (disponibilidad y escasez de agua).
Options for decoupling economic growth from water use and water pollution, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, 2016.
Charting Our Water Future, The 2030 Water Resources Group, 2009.
Charting Our Water Future, The 2030 Water Resources Group.
Charting Our Water Future, The 2030 Water Resources Group.
The Issues and Challenges of Reducing Non-revenue Water, Banco Asiático de Desarrollo (ADB), 2010.
Charting Our Water Future, The 2030 Water Resources Group.
Charting Our Water Future, The 2030 Water Resources Group.
Bridging Global Infrastructure Gaps, McKinsey Global Institute, junio de 2016.


El valor de las inversiones y de las rentas que generan podría tanto bajar como subir, y es posible que el inversor no recupere su desembolso inicial.

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