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Cómo acabar con el riesgo de tener una cartera mal diversificada


La inversión directa en acciones ha sido una práctica habitual del inversor español. El mercado local ha sido el principal destino del dinero de muchos ahorradores. Lo demuestra el hecho de que los consultorios se colapsen de llamadas de inversores que plantean cuestiones relativas a compañías en las que han tomado posiciones por motivos, en muchos casos, poco fundamentados. La infravaloración del riesgo ha sido una práctica constante del inversor español. Subestimar el peligro que entraña concentrar el capital en un reducido número de valores resulta poco aconsejable. De hecho, puede resultar letal. La lista de valores fallidos es larga. Pescanova ha sido el último caso que habría servido para recordarle al inversor español la importancia de tener una cartera equilibrada y bien diversificada, publica Expansión.

Se entiende que una cartera de renta variable está diversificada cuando su composición alcanza como mínimo los 15 valores. Sin embargo, esto no significa en ningún caso que dicha cartera esté bien diversificada. Conocer cuál es la correlación entre los diferentes valores que integran la cartera es fundamental. Pongamos por ejemplo que un inversor tiene en cartera dos compañías con correlación uno, es decir, que ambas se mueven exactamente igual en el mercado. En ese caso, el inversor no estaría reduciendo el riesgo de su inversión. De igual forma, si se incorporasen 15 acciones con una elevada correlación entre ellas, el riesgo no sistemático, es decir, aquel que se puede eliminar a través de una correcta diversificación de la cartera, seguiría siendo alto.

Otro de los aspectos importantes que el inversor no suele tener en cuenta es la volatilidad del valor. A mayor volatilidad, mayor riesgo. No es lo mismo invertir en una compañía cuyo precio sufra fuertes oscilaciones que hacerlo en otra que muestre una volatilidad más reducida. A esto hay que añadir la frustración que puede provocar en el inversor el hecho de haber elegido un valor que registre una peor evolución que la bolsa en la que cotiza. En los últimos 12 meses, por ejemplo, el Ibex 35 acumula una revaloración del 37%. Un inversor que hubiese apostado por Banco Popular, sin embargo, registraría minusvalías del 60% en ese periodo.

Un inversor que esté decidido a apostar por la renta variable española y quisiera eliminar el elevado riesgo de concentración en un determinado valor se encontraría con el gran inconveniente que supone el elevado coste que acarrea la compra y el posterior mantenimiento de todos los valores. Una de las posibles soluciones a esta problemática podrían ser los fondos cotizados (ETF), productos creados para replicar el comportamiento de un índice. Al cotizar como una acción, el inversor puede hacer y deshacer fácil y rápidamente sus posiciones, de igual forma que lo haría con cualquier valor bursátil. En España, el Lyxor ETF Ibex 35, el iShares MSCI Spain Capped ETF, el db x-trackers Ibex 35 UCITS ETF y el Amundi ETF MSCI Spain son productos diseñados para recoger el comportamiento de distintos índices de la Bolsa española.

Sin embargo, el inversor tiene a su disposición una gran variedad de productos que permiten recoger la evolución de todo tipo de índices tanto de mercados desarrollados como emergentes. Uno de los factores más importante que debe tener en cuenta el inversor a la hora de contratar estos productos es el subyacente, esto es, cómo está compuesto exactamente el índice que está replicando. Pero no es el único factor a analizar. La comisión, el tipo de réplica o lo mejor o peor que recoja el ETF el comportamiento del índice son aspectos a valorar por el inversor.

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