Qué proponen Trump y Clinton en materia económica: análisis y posibles efectos


Los inversores deberían abrocharse los cinturones, porque este año las bolsas pueden estar más movidas de lo normal en el segundo semestre, dado que “la volatilidad típicamente repunta antes de unas elecciones en EE.UU.”, recuerda Richard Turnill, estratega jefe global de BlackRock. El experto apuesta por la repetición en 2016 de esta tendencia histórica, y aporta un gráfico con el comportamiento de la bolsa en los 24 años para apoyar su argumento.

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Las elecciones presidenciales (programadas para el 8 de noviembre) concurren este año con un panorama más incierto de lo habitual en EE.UU., dado lo ajustado de las encuestas y el incremento de la desconfianza en torno a los sondeos electorales: “El voto de Reino Unido a favor de salir de la UE ha mostrado que los pronosticadores pueden equivocarse. Si las encuestas a favor del candidato republicano Donald Trump mejoran, podríamos ver que la incertidumbre en torno a sus políticas futuras ponga presión bajista sobre activos de riesgo como las acciones. También podría desencadenar en el corto plazo un vuelo hacia los treasuries”, afirma Turnill. 

El estratega llama la atención sobre una paradoja: “Ambos candidatos han hecho campaña a favor de incrementar el gasto fiscal sobre infraestructuras, lo que daría como resultado el aumento de las emisiones de bonos. Podríamos ver esto como un empujoncito de la rentabilidad del treasury al alza y un apoyo para el dólar”. En vista de este posible escenario, la conclusión a la que llega Turnill es que “el oro puede ser una cobertura mejor contra las ventas masivas de activos de riesgo en el corto plazo”.

La otra tendencia que suele reproducirse cada vez que se convocan comicios presidenciales en EE.UU. es la de los flujos de salida de fondos de renta variable estadounidense en el mes previo al día de las elecciones. El estratega lanza un mensaje tranquilizador, al avisar de que “la volatilidad de mercado suele sosegarse después de las elecciones”.

¿Qué propone cada candidato?

Para David Page, analista de AXA IM, “la competición entre Clinton y Trump es retratada como la lucha de lo ortodoxo contra lo heterodoxo, y donde es más cierto es en los diferentes planes económicos de los candidatos”. Page explica que la estrella demócrata ha propuesto una serie de medidas con un coste en torno a 1,8 billones de dólares: rebajar la deuda de los estudiantes, extender Obamacare, aumentar el salario mínimo, o incrementar el gasto de infraestructuras ( 275.000 millones de dólares en los próximos 5 años, incluyendo 25.000 millones para crear un Banco Nacional de Infraestructuras), entre otras.

Al mismo tiempo, Clinton propone medidas para ahorrar 1,6 billones de dólares. Entre ellas se incluyen la reforma del sistema de recaudación de impuestos, el incremento en el impuesto mínimo, los recargos y otros gravámenes sobre las rentas con más de un millón de dólares (con lo que pretende recaudar entre 400.000 y 500.000 millones de dólares), el aumento del impuesto de sociedades o la introducción de una tasa para las instituciones financieras.

“Las propuestas de Clinton están proyectadas para ser fiscalmente progresivas, pero modestamente”, detalla Page. Apoyándose en un estudio realizado por el think- tank The Tax Foundation, el experto explica que las propuestas fiscales de la candidata podrían tener un impacto del 1% sobre los ingresos de todos los hogares americanos salvo los situados en el 10% de los más ricos, que sufrirían un impacto del 1,7% sobre sus rentas. El 1% de los más ricos del país sufrirían un recorte del 2,7% en sus ingresos.

Las propuestas del candidato republicano son menos detalladas, pero más agresivas. Propone una reforma fiscal que simplifique y reduzca los códigos de recaudación de impuestos; la derogación de Obamacare; una polémica reforma migratoria (junto con la construcción de un muro fronterizo entre EE.UU. y México); políticas comerciales muy restrictivas (incluyen la imposición de aranceles especiales a China y México y la salida de NAFTA); una reforma de la administración de veteranos de guerra y la protección de la 2ª Enmienda (derecho a portar armas).

Trump pretende compensar estos gastos mediante la reducción o eliminación de muchas deducciones y lagunas legales que favorecen a los más ricos; la repatriación de una sola vez a un tipo del 10% del dinero corporativo que esté fuera del país y una reforma sobre los tipos impositivos a empresas.

El analista comenta que, según una serie de organismos, las propuestas del magnate podrían costar entre 9,5 y 12 billones de dólares, lo que podría provocar que “el nivel de deuda estadounidense se disparase desde el 73% a entre el 100% y el 140% del PIB en la próxima década”. Además, Page califica el plan impositivo del millonario como “agresivamente fiscalmente regresivo”. “El tercio de hogares con rentas más bajas podría esperar que sus rentas subieran después de la reforma un 11% de media. Sin embargo, los hogares situados en el tercio de en medio podrían esperar una subida de entorno al 19%, el tercio con rentas más altas, un 19% y el 1% más rico, un 27%”, detalla.

“Una dificultad para evaluar el impacto potencial de las políticas de Trump sobre la economía es juzgar su grado de compromiso con ellas. Las implicaciones de tal relajación fiscal generalizada serían significativas para la economía, la política monetaria de la Fed, los bonos, la renta variable y el dólar”, advierte el experto de AXA IM. Éste matiza que “si Trump propone más adelante medidas adicionales para neutralizar parte o toda esta relajación, podría tener un impacto muy diferente”.

“Trump ha decidido retomar muchas de las propuestas del programa republicano, justamente para tranquilizar a su base electoral, apaciguar a la comunidad empresarial que financia su campaña y sumar tras el reciente retraso en las encuestas”, opinan desde Groupama AM. Sus expertos consideran que el programa es impreciso y debe resolver una doble ecuación. En primer lugar, una ecuación contable: “No está claro cómo financiará los recortes de impuestos sabiendo que sugiere un posible aumento de los gastos militares e infraestructura”. En segundo, una ecuación política: “Por un lado, el programa es parte del dogma económico republicano de bajada de impuestos, especialmente para los más ricos. Por otro lado, este proyecto sigue siendo proteccionista y en ruptura con la tradición republicana de globalización económica”.

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