Claves para entender el cambio de liderazgo en China


El próximo 8 de noviembre, 2.270 delegados en representación de 71 millones de afiliados, se reunirán en la Gran Casa del Pueblo de Pekín para celebrar el XVIII Congreso del Partido Comunista Chino. El Congreso tendrá que elegir a los 300 miembros del Comité Central de los que saldrán los 25 miembros del Comité Político (más conocido como Politburó en la terminología comunista) entre los que serán escogidos los nueve miembros del Comité Permanente, las personas más poderosas de China en los próximos cinco años. Dos miembros de este comité ocuparán los puestos más importantes del liderazgo chino, el de presidente (líder del partido) en sustitución de Hu Jintao y el de premier o primer ministro (líder del ejecutivo) como relevo de Wen Jiabao.

Para Victoria Mio, gestora del Robeco Chinese Equities, hay que estar atentos al proceso de relevo porque el Estado todavía controla directamente un 40% de la economía china y las decisiones del Gobierno serán críticas para orientar los temas de crecimiento en lo que queda de década, una vez que el vigente plan quinquenal termine en 2015.

El proceso de transición parece estar pesando en el mercado de renta variable chino, que a pesar de estar históricamente barato en términos de valoración y de contar con el respaldo del estímulo de la política monetaria del Banco Central de China, anda bastante desfavorecido por los inversores.

Tradicionalmente, el proceso de relevo era secreto o discreto. Pero este año ha llegado marcado por el escándalo de Bo Xilai y su familia. Xilai era hasta el mes de abril el líder de los princelings o elitistas, una de las dos facciones más importantes del partido, a la cual pertenece el futuro presidente de la República, Xi Jinping. Secretario general del partido en Chongqing, Xilai aspiraba a ser nombrado miembro del Comité Permanente del Partido y apostaba por unas políticas más conservadoras, de corte neo-maoísta, para corregir un modelo de crecimiento que en su opinión se había apartado demasiado de los principios fundamentales del comunismo chino.

Pero la detención y condena a muerte de su mujer (conmutada por cadena perpetua) por el asesinato del ciudadano británico Chris Heywood tras un supuesto chantaje, ha terminado con sus posibilidades y ha puesto de relieve la corrupción de muchos dirigentes, algo que, no por sabido, deja de inquietar a muchos inversores.

Imagen de equilibrio y unidad

Tras el escándalo, el XVIII Congreso tendrá que hacer un esfuerzo por ofrecer una imagen de equilibrio y unidad entre el ala que lideraba Xilai (ahora expulsado) y los populistas, más favorables a un modelo liberal y a la que pertenece el próximo premier, Li Keqiang.

En opinión de Mio, si las infraestructuras para apoyar la exportación fueron el tema de inversión de la pasada década, la urbanización y el impulso del consumo interno tomarán el relevo en esta nueva etapa. Con una tasa de ahorro del 50%, la creación y refuerzo de los sistemas de protección social es fundamental para que los ciudadanos chinos se animen a gastar. Las compañías del sector servicios podrían beneficiarse de estas medidas. En cuanto a la urbanización, la liberalización progresiva de la emigración a las ciudades y la creación de redes de transporte urbanas con suficiente capacidad (metro, autovías metropolitanas) sustituirán en las inversiones a puertos, ferrocarriles de larga distancia y autopistas.

En opinión de Mio, a la espera de la definición de las políticas, muchos inversores podrían esperar al final de la transición (los líderes escogidos en noviembre no tomarán posesión hasta marzo de 2013) para volver a entrar en un mercado, que hasta entonces podría seguir una tendencia lateral.

 

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