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Claves de uso de los stop loss: ventajas y desventajas


Una orden de stop loss es, literalmente, una orden de “corte de pérdidas”. Los gestores de fondos suelen utilizar este tipo de órdenes cuando desean establecer de forma explícita un nivel a partir del cual no estarían dispuestos mantener una posición en un instrumento o estrategia. Normalmente la definición del nivel del stop loss se hace sin recurrir expresamente a un modelo de posicionamiento de cartera, sino precisamente para acotar los posibles errores de juicio implícitos en la interpretación del gestor de dicho modelo.

Por ejemplo, un gestor opina que el spread del bono español se va a ampliar desde los niveles actuales, de acuerdo con los resultados de su “investment case”. Sin embargo, a efectos de evitar el potencial impacto en su cartera de un movimiento en la dirección opuesta como resultado de un shock no esperado, el gestor establece una orden de stop loss para la estrategia, situada en un nivel inferior del spread actual. De esta forma, el gestor es capaz de limitar a priori la pérdida máxima en caso de equivocarse. De hecho, dicho stop loss funcionaría como una opción put comprada sin coste. La diferencia obvia es que el stop loss no es una opción, y si se alcanza el nivel se ejecuta obligatoriamente. Así, uno de los retos de la gestión con stop losses es la definición del rango entre el nivel actual de la variable (instrumento, estrategia) y el nivel al que deseamos que se ejecute el stop. Órdenes demasiado cerca de los precios actuales (en términos de volatilidad) serán frecuentemente ejecutadas, pero órdenes demasiado lejos no resultan stop loss creíbles.

Existen al menos dos tipos de problemas a los que se enfrentan los operadores que utilizan órdenes de stop loss. En primer lugar, la existencia de huecos en la cotización de los instrumentos financieros. Estos huecos se asocian, además, a shocks no anticipados de gran impacto. Un buen ejemplo reciente es el caso del franco suizo cuando el Banco de Suiza decidió levantar el límite a la apreciación del franco frente al euro en enero de 2015. El problema es que si el precio no pasa por el nivel del stop loss, no se ejecuta la orden. El segundo problema, ligado a la cuestión del rango, es el de las rápidas reversiones desde niveles extremos en algunas estrategias de trading. Esto puede hacer que nuestra posición entre en pérdidas, se ejecute el stop loss, y al poco tiempo dicha posición haya recuperado una parte no despreciable de dicha pérdida, con el consiguiente mazazo a nuestro sesgo de aversión al arrepentimiento que nos llevará a abandonar, sin mayores miramientos, la estrategia de stop losses.

Pensando en el impacto para el conjunto del mercado, es posible que el uso de stop losses sea una estrategia óptima a nivel individual, pero ineficiente a nivel agregado. La confianza de los inversores en los stop loss de protección unidos a la prociclicidad inherente a las posiciones apalancadas puede producir una fragilidad en el mercado que desencadene situaciones de crash en cortos períodos de tiempo. Tras un shock que produce las primeras ventas, el flujo de ejecución de las órdenes de stop loss arrastra rápidamente los precios en una espiral. Y este movimiento se retroalimenta, por ejemplo, por la necesidad de atender a los requerimientos de mayores garantías en las posiciones apalancadas todavía no liquidadas.

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