Cinco preguntas para el gestor del primer fondo que invierte en la temática del shale gas


La revolución energética que se está produciendo en Estados Unidos tiene al shale gas como el gran protagonista. También conocido como gas de esquisto, esta nueva fuente de energía se obtiene de pizarra situada a niveles muy profundos bajo la superficie de la tierra. El principal motor de crecimiento de la industria en torno al gas de esquisto en la actualidad es el ajuste energético que se está produciendo en Estados Unidos: los americanos están consumiendo actualmente más energía extraída y producida en suelo estadounidense y, al incrementarse la producción local, EE.UU. ha reducido las importaciones de energía. Hasta el momento, no existía en el mercado español ningún producto puro que permitiese al inversor ganar exposición a esta temática. Hasta ahora.

Goldman Sachs AM ha sido la primera entidad en registrar un fondo de este tipo. Lo hizo en mayo. Se trata del Goldman Sachs North American Shale Revolution & Energy Infrastructure Portfolio. El fondo cuenta con tres propósitos definidos. El primero es capturar los beneficios de la revolución del gas pizarra en Norteamérica. El segundo, vinculado al anterior, es invertir en las compañías y sectores mejor posicionadas, un espectro que incluye a los productores (upstream), a las infraestructuras (midstream) y a los usuarios finales (downstream), es decir, un acercamiento que abarca toda la cadena de valor. Para lograr resultados positivos para los partícipes, el tercer objetivo del fondo es lograr retornos gracias a la combinación del compromiso por generar rentabilidad y crecimiento, poniendo énfasis en el segundo punto.

1. ¿Cuáles son las grandes apuestas del fondo?

El fondo está gestionado por un equipo de expertos dirigidos por Kyri Loupis y que se beneficia a su vez de la red de analistas de GSAM. Funds People le ha preguntado al gestor sobre su visión, estrategia, perspectivas y manera de gestionar el fondo. Según explica, el fondo tiene una preferencia estructural por la infraestructura energética, puesto que estas compañías están menos expuestas a los precios de las materias primas, y más guiadas por volúmenes, un impulsor que creen tiene un apuntalamiento estructural de largo plazo y mayor previsibilidad. “Además, consideramos que tiene otros atractivos, como por ejemplo potencial de rentas y revalorización, robustez ante los tipos de interés y la inflación, y una baja correlación con las clases de activo tradicionales que le brinda diversificación en los beneficios”, asegura Loupis.

Para poder capturar todos los beneficios de la revolución del shale del sector energético norteamericano, el fondo también tiene la habilidad para invertir en compañías productoras y usuarios de energía. “Actualmente, el fondo tiene una preferencia por los usuarios teniendo en cuenta nuestra opinión sobre las materias primas. Las compañías productoras de energía se ven beneficiadas cuando los precios de las materias primas, siendo bajos, pueden continuar bajando (haciendo que el coste de su contribución pueda disminuir respecto sus competidores globales), mientras que los usuarios de energía generalmente se ven beneficiadas cuando los precios de las materias primas suben o son elevados”, revela.

2. Valoraciones: ¿cotizan caras o baratas estas empresas?

A grandes rasgos, el gestor cree que las valoraciones son razonables. En este sentido, examinan las valoraciones a través de diferentes puntos de vista debido a lo único que es éste sector, tanto en relación a su propia historia, y en relación a la renta variable y renta fija. “Respecto a su propia historia, el sector está cotizando con una cierta prima, pero creemos que esto está justificado por la evolución del sector, que ahora tiene una mayor liquidez, balanzas de pago mucho más fuertes y perspectivas de crecimiento mayores. Respecto a la renta variable, están cotizando con una prima respecto de la renta variable cíclica, pero esto puede ser justificado por el hecho de que están más alejadas del espectro de riesgo, y cotizan con cierto descuento respecto de los valores más defensivos”. Respecto a la renta fija, y en particular respecto del high yield, Loupis considera que están cotizando a un precio muy interesante.

“Creemos que las valoraciones son razonables, y por lo tanto, los beneficios futuros deberían de estar dirigidos por el interés y el crecimiento, lo cual creemos podría traducirse en unos beneficios por encima del 10%. El equipo de Energy & Infrastructure emplea muchas metodologías de valoración, incluyendo el análisis de flujos de caja descontados, evaluación respecto del interés, y otros métodos para estimar el valor justo de las compañías en las que invertirán. El equipo prefiere tomar decisiones respecto del EV/EBITDA por una serie de razones: es una medida de cash-flow que no se ve impactada por factores como la depreciación (que puede ser manipulada contablemente) y es neutral respecto de la estructura del capital (es decir, incluye el valor de la deuda)”, afirma el experto.

3. ¿Cómo diferenciar a las buenas compañías de las malas?

Como resultado de la creciente complejidad y lo fluido que es éste mercado ahora, creen que la mejor estrategia es hacer un análisis fundamental muy riguroso. En este sentido, a la hora de modelar su cartera, ponen en la balanza los méritos de la compañía (activos, gestión de la compañía, balanza de pagos, …) respecto de la oportunidad que presenta, el porcentaje de sus ingresos procedentes del ‘renacimiento de la energía norteamericana’, con una preferencia estructural por Norteamérica y el sector midstream, y una visión oportunística respecto de del sector downstream actualmente. También valoran especialmente la liquidez, las valoraciones y expectativas de retorno total y el impacto respecto a los atributos del fondo (contribuye la inversión a su misión de proveer un retorno atractivo respecto a una volatilidad reducida). Tampoco se olvidan de analizar factores como la diversificación de beneficios o la inflación.

El equipo de GSAM Energy & Infrastructure está formado por 6 personas dedicadas a la infraestructura energética, operando como una boutique, pero formando parte del equipo de ‘Fundamental Equity’, lo cual significa que reciben información de otros 10 gestores dedicados a los diferentes sectores de la cadena de Energía (productores y usuarios principalmente). “Creemos que la dinámica del equipo, que apuesta por un proceso de inversión colectivo, junto con un riguroso trabajo de investigación para localizar las compañías de mayor calidad (expuestas a las materias primas adecuadas en las localizaciones geográficas adecuadas), nos permite evitar a las llamadas compañías perdedoras”, indica.

4. ¿Cuáles son los principales riesgos?

Loupis cita tres. En primer lugar, cita la regulación. "La creciente regulación y los costes relativos a las preocupaciones medio-ambientales. Una potencial decisión del Gobierno estadounidense de acabar con las medidas beneficiosas de las estructuras de MLP". En segundo lugar, una posible caída del precio de las materias primas, que reduzca los niveles de producción. "Esto podría tener un impacto negativo en la generación de flujos de liquidez de las infraestructuras energéticas". El último riesgo hace referencia a los tipos de interés, más concretamente una subida importante e inesperada de los tipos de interés, o el deterioro del sector de financiación. "Esto podría impactar negativamente en el coste del capital, pero asumiendo una subida gradual de los tipos de interés en época de crecimiento debería compensar. Muchas empresas beneficiarias de la energía dependen del mercado de capitales para financiar su crecimiento". Aunque todos ellos son factores de riesgo, el experto asegura que la probabilidad de que cualquiera de ellos bloquee el renacimiento de la energía norteamericana es muy bajo.

5. ¿Por qué la estrategia se centra en Norteamérica?

Los depósitos del gas de esquisto no se encuentran exclusivamente en EE.UU. También existen en China o Europa. ¿Por qué entonces focalizar la estrategia en Norteamérica? “Mientras la fracturación hidráulica del esquisto acaba de empezar a ser utilizada fuera de EE.UU, éste es efectivamente un método que está creciendo –especialmente en China, Reino Unido y Argentina. Sin embargo, las condiciones singulares que se han dado en Norteamérica y que han contribuido a éste éxito no existen en todos los lugares. La combinación única de varios factores han convertido a Norteamérica en un caso especial respecto del resto del mundo.

“Tiene a su favor factores como la abundancia de recursos, experiencia en métodos como el fracking o perforación horizontal, infraestructuras (éstas están lejos de estar totalmente construidas, pero están mucho más desarrolladas que en otros países), acceso al agua (lo cual es un factor con el que China tiene problemas, y que es muy importante en el proceso de fracking), favorable trato fiscal, favorable regulación de los derechos de propiedad (en muchos otros países un propietario de terreno no lo es del gas o petróleo, siendo el estado quien mantiene todos los derechos sobre los minerales), las reservas de esquisto tienen una menor complejidad, lo cual repercute en el coste de producción, las formaciones geológicas (en EE.UU son generalmente de fácil acceso), condiciones meteorológicas (que pueden resultar muy hostiles en el norte de China o la proximidad de población (en Europa éstas son extremadamente cercanas en muchos casos) o la proximidad entre los lugares de producción y consumo de energía (no es el caso en China)”.

Además de todos los factores de potencial producción de energía en Estados Unidos detallados, Loupis asegura haber visto varios desarrollos muy interesantes a nivel de usuario. “En EE.UU hay cada vez un mayor consumo de energía generada en EE.UU, y una menor importación de energía. Las empresas proveedoras están en proceso de cambio desde el carbón hacia el gas natural Las industrias petro-químicas, de agricultura y manufactura están redoblando sus capacidades en EEUU para aprovecharse de los bajos costs. El incremento de producción, junto con el incremento de consumo de energía producida en EE.UU, está creando una mayor demanda de infraestructuras energéticas. Como resultado, estimamos que podría haber unas inversiones de un billon de dólares de aquí al 2025, o lo que es lo mismo, unos 95.000 millones de dólares al año, lo cual generará unos flujos mayores de liquidez y crecimiento. Ésta es una razón fundamental para nuestra apuesta por éste sector de la cadena de creación de valor”, revela.

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