Cien días de Trump (y II)


TRIBUNA de Juan Jesús Gómez Cubillo, socio de Consilio, Asesores Patrimoniales Independientes EAFI.

A pesar de que hoy las guerras se libran de otro modo y que las labores de inteligencia son, sobre todo en la lucha contra el terrorismo, mucho más importantes que un devastador ataque como el lanzado contra Daesh, Trump ha preferido apelar al orgullo patrio y recordar el fatal 11-S, que es uno de los factores que explican su llegada al poder. Pero ¿por qué ganó Trump?

Una América amenazada cada vez más por un terrorismo global que no conoce fronteras, es el caldo de cultivo para buscar una solución fácil a problemas difíciles que no es otra cosa que la definición más sencilla de populismo. A su vez, Hillary Clinton era realmente una muy mala candidata para el Partido Demócrata porque tenía un elevado nivel de desafección en casi todo el electorado. Finalmente, el enemigo exterior: China que como Japón en los años 80s es presentado como el culpable de la destrucción de puestos de trabajo en EE.UU.

Pero esto no es cierto porque en EE.UU. no hay paro relevante. La actual tasa de paro se sitúa en el 4,5%, muy cerca de lo que los economistas denominan “paro friccional”, esto es, aquella tasa de paro que se debe a la pura movilidad laboral y por debajo de la cual se generaría inflación. En particular, esta tasa se ha fijado en estudios realizados por el economista Phelps en el 4% que es la denominada NAIRU (Non Accelerating Inflation Rate – tasa de desempleo que no genera inflación) a partir de la denominada curva del también economista Philips que en una servilleta de una cafetería dibujó la relación inversa entre paro e inflación.

Lo que sí es constatable empíricamente es que la desigualdad ha crecido en EE.UU. en las últimas décadas (el 1% de la población más rica detenta el 20% de la riqueza del país). Los más ricos ganan mucho más,  mientras que los más pobres se mantienen o mejoran modestamente pero quienes realmente han sufrido una rebaja drástica de su poder adquisitivo en los últimos tiempos han sido las clases medias. Es este un fenómeno no sólo americano sino común a todas las economías desarrolladas donde los trabajadores con cualificaciones medias-bajas han sido golpeados duramente por la deslocalización de empresas que dejaron de producir en EE.UU. para buscar ubicaciones más favorables en términos de costes laborales. Durante la gran recesión (diciembre de 2007 a junio de 2009), casi nueve millones de americanos perdieron su empleo: un 60% de esos trabajadores ganaban entre catorce y veintiún dólares. Cuando los empleos se recuperaron, el 58% de los trabajadores que encontraron trabajo lo hizo con salarios inferiores a los catorce dólares la hora. La devaluación interna fue muy dura y mucha gente ha votado a quien le ha contado lo que deseaba escuchar. (seguir leyendo o descargue el documento)

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