Cien días de Trump (I)


TRIBUNA de Juan Jesús Gómez Cubillo, socio de Consilio, Asesores Patrimoniales Independientes EAFI.

Recién cumplidos los primeros cien días de su mandato, el histriónico, excesivo e incontinente Presidente número 45 de la historia de EE.UU., ha sigue actuando como si se encontrara en campaña electoral. Lo errático de sus propuestas y actuaciones han definido estos tres meses. Para los más optimistas, lo positivo de Donald Trump es  que está en periodo de aprendizaje, que los “check & balances” (contrapoderes en EE.UU.) están jugando su papel y que sus colaboradores más extremos están perdiendo peso. Mientras tanto, lo único que podemos afirmar es que, dada su impredecibilidad, con Trump la certeza es la incertidumbre.

La reciente presentación de su “revolución fiscal” con bajadas del impuesto sobre sociedades desde el 35% actual hasta el 15% es tan sólo un ejemplo de la frivolidad con que el Presidente de los EE.UU. está abordando las cuestiones. La propuesta no es un plan detallado en el que se muestre cómo se va a abordar y cómo se va a financiar, sino una declaración de intenciones sobre que el futuro crecimiento económico permitirá cubrir los menores ingresos derivados de la reforma que se cifran en 2,2 billones (trillion americanos) de dólares durante los próximos diez años. El propio Paul Ryan, portavoz en el Congreso del partido de Trump, el Partido Republicano, ha reconocido que no existen garantías de que el plan sea neutral en términos de ingresos por lo que no apoyarían una medida que se pudiera traducir en un incremento del déficit público. A su vez el Secretario del Tesoro Mnunchin ha mostrado las discrepancias dentro del equipo económico del presidente al hacer referencia a las dudas sobre la implantación de un impuesto por repatriación de capitales de compañías americanas con las teóricamente se financiaría parte de la bajada de impuestos.

Según expertos en Washington, con años de experiencia en diferentes administraciones, la Casa Blanca erró en el anuncio de su reforma fiscal.  Al hablar el asesor del Presidente antes que el Secretario del Tesoro, se le da a entender al Congreso que deberá dirigirse a la Casa Blanca, en lugar de al Tesoro para negociar, lo que dadas las discrepancias entre los diferentes asesores y lo poco detallado del plan, puede condenarlo al mismo final que la reforma del Obamacare que su propio partido, el Republicano, tumbó. (puede seguir leyendo)

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