China y el efecto mariposa: ¿cómo puede afectar el descenso de la reserva de divisas a la curva de tipos de EE.UU.?


Un proverbio chino afirma que “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. Esta frase ha contribuido a nombrar el famoso efecto mariposa, uno de los principios de la teoría del caos. La comparación es pertinente si se aplica al momento actual del mercado, en el que los inversores se muestran mucho más sensibles que en el pasado a cualquier alteración macro, y resulta especialmente conveniente si se aplica a los posibles efectos que pueda acarrear en un futuro próximo el rápido descenso de las reservas de divisas del Banco Popular de China (BPCh). 

Tal y como recuerda Mo Ji, economista jefe de Amundi en Hong Kong, las reservas de divisas chinas ascendían a 3,23 billones de dólares a finales de 2016… lo que supone una contracción de 762.000 millones de dólares desde el máximo histórico que alcanzaron en junio de 2014 (un 20%), de los cuales 420.000 millones se esfumaron sólo desde julio de 2015. “La depreciación del renmimbi aceleró sin duda el ritmo de la disminución de las reservas de divisas chinas y de la salida de flujos de capital”, explica el economista. 

Mo Ji explica que, en términos de divisas, la composición de las reservas de China se distribuye de esta manera: un 39% está invertido en bonos del Tesoro de EE.UU.; hay un 7% adicional invertido de forma indirecta en activos denominados en dólares a través de terceros (gestoras de fondos y la cuenta belga que utilizan las autoridades chinas para invertir en treasuries); un 11% en otros activos estadounidenses (renta variable, deuda corporativa y otros); un 5% en agencias estadounidenses (Fannie Mae y Freddie Mac); un 20% en activos denominados en euros y, finalmente un 18% en activos denominados en otras divisas (principalmente en libras, francos suizos, yenes, divisas de otros países del G-10 y una proporción muy pequeña en divisas emergentes). Es decir, que “las reservas chinas están compuestas por un 62% de activos denominados en dólares, dato que está en línea con otros países emergentes, que también tienen en torno a un 62,5% de sus reservas en activos en dólares”, comenta Mo Ji. Éste indica que la proporción de deuda europea también está en línea con la de otros países emergentes, que tienen una media del 21% de sus reservas invertidas en estos activos. 

Bastien Drut, estratega de Amundi incide sobre el hecho de que en torno a un 40% de dichas reservas están invertidas en treasuries, motivo adicional de preocupación por los efectos que puedan desencadenar las ventas chinas sobre la curva de tipos estadounidenses. “Es cierto que las inversiones chinas en bonos estadounidenses cayeron unos 257.000 millones de dólares desde junio de 2014 (calculamos la suma de China y Bélgica, porque las autoridades chinas hacen una porción significativa de sus operaciones en el mercado de renta fija desde Bélgica), pero esto ha estado claramente contrarrestado por la fuerte subida de las inversiones en deuda de la eurozona (156.000 millones) y en deuda emergente asiática (134.000 millones)”, explica Drut (ver gráfico). 

La inversión por parte de las autoridades chinas en deuda de la zona euro resulta especialmente relevante a ojos del estratega: “Las políticas del BCE (tipos negativos y QE) empujaron a los inversores de la zona euro a buscar rentabilidad en otras partes, en EE.UU. en particular”. Por tanto, el estratega constata que “a nivel global, las inversiones extranjeras en treasuries continuaron subiendo en los últimos trimestres”. “La cuestión es cómo está cambiando la composición de las reservas de divisas. Ciertamente afectará a la liquidez y la utilidad de las reservas, y con probabilidad implicará una tendencia hacia el aumento de la proporción de activos ilíquidos, al tenderse a vender primero los activos más líquidos”, añade Mo Ji. 

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