China: riesgos actuales versus potencial de inversión gracias a las reformas


China vuelve a engrasar su maquinaria. Tras varios meses en los que la desaceleración económica y el temor ante la creciente burbuja inmobiliaria llevaron a muchos a vaticinar un brusco desplome del crecimiento chino, las medidas emprendidas por el gobierno de Xi Jinping empiezan a dar sus frutos y el país volvió a registrar un crecimiento interanual del 7,5% en el segundo trimestre. “No obstante”, advierte Mauro Ratto, responsable de mercados emergentes en Pioneer Investments, “el proceso de ajuste puede provocar altibajos”.

Para Ratto, la ralentización del mercado inmobiliario es, precisamente, uno de los principales riesgos para el crecimiento chino. “Se estima que el sector inmobiliario y los servicios relacionados suponen cerca de un 20% del PIB chino, por lo que, si el mercado colapsase, la economía real podría verse afectada, reduciendo el PIB”. Sin embargo, el experto señala que la mayoría de las caídas de precios se concentran en ciertas ciudades y que “el continuo proceso de urbanización, el sólido crecimiento de las rentas familiares y las elevadas tasas de ahorro deberían evitar un colapso generalizado del mercado de la vivienda”. Y, lo que es más, “una menor inversión en ‘real estate’ podría implicar más inversión en otras áreas más productivas, como la protección medioambiental o la salud, lo que contribuiría significativamente a un futuro más sostenible”.

A ese crecimiento sostenible van también orientadas otras reformas de calado, como la ‘liberalización’ del sector financiero y nuevas medidas fiscales. Con respecto al primer punto, Ratto destaca que, a partir de 2015, “los inversores chinos podrán negociar títulos cotizados en la bolsa de Hong Kong y viceversa”. Además, la reciente flexibilización de la política de tipo de cambio, con el que el gobierno persigue frenar la continua apreciación del renminbi y los flujos especulativos “podría generar cierta volatilidad a corto plazo pero supone un avance hacia una mayor liberalización del mercado y la potencial desregulación de los tipos de interés de los depósitos”.

La transformación de las empresas públicas

Además de la esperada reforma del mercado de capitales, las autoridades chinas le han dado un nuevo impulso a otra reforma clave: la de las empresas públicas. “Siguiendo a la suave transición política del pasado año”, explica Mike Shiao, director de inversiones de Asia ex Japón para Invesco Asset Management en Hong Kong, “el nuevo liderazgo de Xi Jinping es consciente de la importancia de la reforma de las empresas públicas para generar mejoras de la eficiencia a largo plazo para la economía en su conjunto, por lo que ha diseñado un mapa de ruta para acelerar esta reforma. En lo que va de año ya hemos observado avances alentadores en este sentido”.

En concreto, Shiao destaca tres medidas orientadas a mejorar la competitividad de las empresas públicas chinas: la entrada de capital privado, la mejora de la rentabilidad del accionista y la desregulación de los precios. Con objeto de combatir la ineficiencia operativa de las empresas públicas, “el gobierno chino ha introducido el concepto de Asociación Público-Privada con ochenta nuevos proyectos que están abiertos al capital privado en áreas tradicionalmente dominadas por el sector público”. De momento, el programa piloto cubre las infraestructuras de transporte y energías limpias pero Shiao espera que el modelo se extienda a otros sectores como exploración de petróleo y gas, servicios públicos, agua y aeropuertos.

La retribución al accionista es otro de los ejes de la reforma. “Actualmente, las empresas públicas generan una rentabilidad menor para su accionista que las privadas. Por ello, el gobierno chino ha anunciado planes para elevar el payout en cinco puntos porcentuales, hasta un máximo del 25% del beneficio de las empresas, a partir de 2014”, señala Shiao. “Este movimiento impulsará la rentabilidad por dividendo, lo que contribuirá a una mejora de la retribución al accionista y aumentará el atractivo de invertir en las empresas públicas”. Por otra parte, el gobierno ha aprobado un programa de incentivos (primas en acciones) para los directivos de las empresas públicas con el que se propone alinear los intereses de directivos y accionistas y se plantea ahora que los empleados de estas empresas también puedan poseer acciones.

Por último, el gobierno chino está adoptando medidas para mejorar la competitividad de sectores —como telecomunicaciones, servicios o salud—, que hasta ahora veían sus precios regulados, lo que permitirá a estas empresas reaccionar mejor a los cambios del mercado y mejorar sus márgenes de beneficios, impulsando la producción y la calidad.

Oportunidades en educación, informática, turismo… pero no en banca

Pese a los esfuerzos del gobierno chino por estabilizar los flujos de crédito entre el sector financiero y la economía real y mejorar la eficacia en la asignación de capital, el excesivo apalancamiento de la economía china pesa sobre los bancos del país, que la analista Rebecca Jiang, de Fidelity Worldwide Investment, considera “no aptos para la inversión a largo plazo, al menos de momento”. En un reciente evento en Singapur, en el que también participó el gestor del FF Pacific Fund, Dale Nicholls, Jiang advirtió del riesgo que suponen “el creciente apalancamiento de toda la economía, la inadecuada asignación de capital y los riesgos acumulados en las carteras de préstamos de los bancos, así como los compromisos fuera de balance”.

En opinión de la analista, el sector bancario chino se beneficiaría de una mejor asignación de capital y de algún impago selectivo “que desencadene la garantía implícita que acarrean actualmente las instituciones financieras. También es necesario que el sistema bancario se desapalanque, que se reconozcan los préstamos fallidos y se recapitalicen los balances”. Por todos esos motivos, Jiang cree que ahora mismo es difícil justificar la inversión en bancos chinos, opinión que comparte Nicholls y que se reflejada en la infraponderación del 11% en el sector financiero que mantiene el fondo.

El gestor y su equipo han identificado otros sectores de la economía china que ofrecen interesantes oportunidades de inversión en estos momentos. Uno de ellos es la educación —que abarca también al sector de las clases particulares—, teniendo en cuenta que el 20% de la población china es menor de 25 años. El aspecto demográfico también resulta relevante en otro de los sectores que recomiendan, el de los hoteles low-cost, muy populares entre los viajeros más jóvenes. Por último, los expertos de Fidelity destacan el imparable aumento de la conectividad en China, que los lleva a decantarse por las empresas que gestionen centros de datos de Internet, que se beneficiarán de la reforma de las telecomunicaciones así como del desarrollo de la nube (cloud).

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