Carmignac pide al BCE que compre bonos ilimitadamente y que no esterilice esas compras


El fundador y presidente de la gestora de fondos francesa Carmignac Gestion, Edouard Carmignac, ha vuelto a reclamar acción al BCE, tres meses después atacar a la institución y a su entonces presidente Jean Claude Trichet, al que pedía bajar a 0 los tipos de interés, como publicaba Funds People.

 

Carmignac, que sigue criticando a la institución por su falta de respuesta a la crisis, ha publicado ahora una carta en el Financial Times, Il Sole 24 Ore y El País, entre otros medios, sugiriendo a Mario Draghi que se comprometa a comprar masivamente bonos de estados como España e Italia, que ya han manifestado su voluntad de realizar reformas y que además no esterilice esas compras, ya que debe combatir la deflación. Eso sí, el tono es mucho más suave que en la anterior carta y comienza con alabanzas a sus decisiones de bajar tipos, dar financiación a la banca y promover un pacto fiscal en la Eurozona que, con todo, han dado resultados decepcionantes. Por eso pide más acción.

Esta es la carta íntegra:

"Muy señor mío,

¡Mis más sinceras felicitaciones! En apenas dos meses, ha borrado las desafortunados subidas de tipos de su predecesor, ha brindado a los bancos acceso ilimitado a financiación en euros y dólares y ha incitado a los estados europeos a alcanzar un pacto fiscal de buena conducta como requisito indispensable para que el BCE preste un apoyo más decidido a los mercados de deuda pública de los países más frágiles.

 

Con ello refuerza usted implícitamente la credibilidad de la institución y ampliando su misión más allá del desarrollo de una política monetaria escrupulosa, centrada exclusivamente en el control de la inflación, para dar cabida a la preservación de la actividad económica satisfactoria en el conjunto de la zona.

 

Sin embargo, convendrá conmigo en que los resultados son decepcionantes a fecha de hoy. El coste ponderado de la deuda del conjunto de los Estados miembros ha seguido aumentando durante estos dos últimos meses (del 4,4% al 4,8%), el volumen de depósitos aparcados por los bancos en el BCE se ha situado en un nivel sin precedentes (cercano a los 500.00 millones) y las perspectivas económicas se ensombrecen en el conjunto de la zona.

 

¿Por qué? Conocemos la razón: el saneamiento de las finanzas públicas y la adopción de reformas estructurales tardarán meses, años, en dar fruto y tienen un coste inmediato, en forma de descenso de la actividad económica, que los mercados no pueden financiar sin la confianza que aporta un prestamista de último recurso.

 

¿Cómo va a refinanciar Italia, ese país que conoce tan bien, a refinanciar los 63.000 millones de deudas a largo plazo que vencen durante los tres próximos meses sabiendo que, a un interés del 7% y con una previsión de crecimiento negativo para este año, la devolución de esta deuda es más que problemática?

 

Italia y España cuentan ahora con gobiernos que han expresado una voluntad inequívoca de acometer reformas. ¿No convendría echarles una mano antes de que la presión de la calle les haga dar marcha atrá? Además, como le sugería hace tres meses a su predecesor, en mi opinión es imperativo que el BCE anuncie su intención de comprar deuda pública de los países en dificultades sin restricciones de volumen y sin esterilizar dichas intervenciones.

 

Tiene que ser sin restricciones de volumen, porque si las compras siguen siendo reducidas solo servirán para mantener los costes de devolución de la deuda en los niveles actuales. Para impedir las desviaciones, se debe estipular que a partir del momento en el que las compras acumuladas del BCE excedan un umbral expresado como un porcentaje del PNB de un país, éste deberá someterse obligatoriamente a un programa de ajuste estructural del FMI.

 

Y tiene que ser sin esterilizar estas intervenciones, ya que la reación monetaria contribuirá a poner coto a las tensiones deflacionistas engendradas por la recesión en marcha y la contracción de los balances bancarios.

 

La situación es grave y demanda acciones decisivas. Solo el BCE está en disposición de actuar, ya que las elucubraciones en torno al FEEF están destinadas a seguir siendo quimeras, teniendo en cuenta la fragilidad de las calificaciones crediticias de la mayoría de los países europeos.

 

Como director general del Tesoro italiano a comienzos de la década de 1990, usted se ganó el halagador apodo de "Súper Mario" tras garantizar la entrada de Italia en la zona del euro. A su vez, Europa necesita a Súper Mario para reparar sus cañerias financieras y garantizar la pervivencia del euro.

 

Con esta esperanza, y con la certeza de que hará todo los posible por no defraudarla, reciba, estimado Señor, mis más cordiales saludos.

 

Edouard Carmignac"

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