Bruselas, tenemos un problema


Si en el artículo anterior, los gestores de Hexam, boutique de emergentes de Ignis AM, hablaron de la actual crisis y sus enormes similitudes con otras recesiones anteriores y en particular con la de 1873, en esta ocasión toca volver la vista a Europa. En particular, a los países de la Europa emergente. Tras la caída de la Unión Soviética, estos países corrieron a ponerse a otra cola: la del acceso a la Unión Europea. Sin embargo, en la puerta se encontraron con un requisito fundamental: los criterios de convergencia de Maastricht que los obligaron a hacer reformas, controlar la inflación y promover estrictas políticas monetarias. Sin embargo, irónico resulta descubrir que a día de hoy ninguno de los estados fundadores sería capaz de pasar todos estos requisitos. Es más, los criterios de déficit y deuda gubernamentales han sido constantemente quebrantados por algunos de ellos.

Después de ahondar en esta cuestión y de reflexionar brevemente sobre la configuración del mundo tras la Segunda Guerra Mundial, los autores retoman su tema inicial aportando unos datos cuando menos sorprendentes. Los 12 nuevos miembros procedentes de las dos últimas ampliaciones de la UE han estado sufriendo problemas graves, incluyendo niveles de deuda más elevados tanto en el terreno soberano como de consumo. De hecho, algunos de ellos tenían en 2008 tasas de endeudamiento y un déficit por cuenta corriente superiores incluso a los alcanzados por los países asiáticos durante su propia crisis de 1996-1997. La principal causa de esta situación se encuentra en el hecho de que se había permitido a estos recién llegados mantener importantes desequilibrios comerciales: importando bienes y servicios de la Europa Occidental a unos múltiplos superiores a los de sus exportaciones a la espera de flujos de capital procedentes de la vieja Europa. Para muestra de ello, el caso de Letonia, doloroso recuerdo de cómo el “visto bueno” político puede convertirse en un juego peligroso en el mundo de las inversiones.

En resumen, parece que mientras los países desarrollados son los primeros en señalar con el dedo a sus homólogos menos desarrollados ante cualquier signo de comportamiento irracional, ellos mismos fueron quienes incitaron a las jóvenes naciones de la Europa del Este a aceptar insostenibles modelos de crecimiento inducido por deuda. ¿Moraleja? La prudencia económica importa.

En la siguiente entrega titulada Quantitative Whezzing prestaremos atención entre otros a los conceptos de liquidez y confianza y pondremos en perspectiva la viabilidad del modelo de crecimiento keynesiano basado en el gasto.

 

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