Brasil: razones para ser optimistas desde una perspectiva top down


Enero de 2016: Brasil está sufriendo una fuerte recesión, una parálisis política que impide aplicar medidas para mejorar su posición fiscal, su bolsa se desploma y sus CDS repuntan. En agosto de 2016, la fotografía ya es algo distinta: hay un nuevo presidente, aunque sea interino; la administración central vuelve a tener margen de maniobra para implementar reformas estructurales muy necesitadas y se atisban signos de que se podría restaurar la credibilidad del gobierno y, de forma más importante, la confianza de los inversores.

“Desde una perspectiva top down, hay varias razones para ser optimista”, asegura Ilan Furman, gestor de renta variable emergente de Columbia Threadneedle Investments. Éste indica que el tipo de interés oficial está muy alto según los estándares globales, al situarse en el 14,25%. La inflación se está reduciendo después de marcar un máximo en 2015, gracias a que la presión generada por el aumento de los precios regulados en 2015 se está difuminando, y la recesión está rebajando las presiones sobre el exceso de capacidad. “Por tanto, hay un margen significativo para recortar los tipos desde los niveles actuales hasta el 10% para finales de 2017”, afirma Furman. El experto va más lejos, al declarar: “Después de dos años de severa recesión – con el PIB contrayéndose un 3,8% en 2015 y con la expectativa de que se contraiga otro 3,5% en 2016-, estamos esperando una suave recuperación del crecimiento, con un PIB del 1% estimado para 2017”.

El gestor afirma por otra parte que “la alta calidad del nuevo equipo económico del gobierno ya está ayudando a impulsar la credibilidad de la política brasileña. Es más, estamos viendo los primeros signos de cambio en algunas de las compañías estatales. Por ejemplo, Petrobras cambió su equipo directivo y ahora está trabajando de forma más coherente sobre las ventas de activos y restaurando su balance”.

El gestor sigue encontrando grandes desafíos tanto en el panorama macro como en el corporativo. Aun así, prefiere ver el vaso medio lleno. Por ejemplo, afirma que los resultados de la actual temporada “están tocando suelo en varios sectores, lo que podría significar que también podrían tocar fondo las revisiones negativas sobre beneficios vistas en los últimos años”. Como Furman observa que el consumo sigue estando muy dañado, debido a la expectativa de que repunte el desempleo y a la baja disponibilidad de concesión de crédito, en su opinión “la recuperación estará liderada por las inversiones y la producción industrial”.

Mapa de riesgos

El experto es muy consciente de que hay varios riesgos internos que no se deben ignorar. En primer lugar, está el hecho de que aún no se ha acabado el “culebrón” político: “Dado que mucho depende de la política, cualquier cambio en el momento actual será tomado muy negativamente. Por ejemplo, un escenario en el que Dilma no sea destituida será mal tomado por el mercado. Además, continúa la investigación sobre casos de corrupción. Un escenario en el que uno de los miembros clave del nuevo gobierno esté debajo de tal foco tendrá consecuencias negativas”. A esto hay que añadir que la investigación sobre corrupción tiene influencia directa sobre una serie de empresas brasileñas, por lo que “el flujo de noticias continuará creando algo de volatilidad”.

También son un riesgo los impuestos actuales, teniendo en cuenta la difícil posición fiscal en la que se encuentra el país. El riesgo para el gestor es que se implementen más gravámenes o que se eliminen ciertos beneficios fiscales, Otro posible riesgo es que la recesión dure más de lo esperado.

No se deben ignorar tampoco los riesgos procedentes de exterior, “dada la importancia de los precios de las materias primas y del tipo de cambio brasileño sobre el proceso de ajuste”. En este sentido, Furman afirma que “la posibilidad de una subida de tipos en Brasil podría poner a la divisa brasileña bajo presión y, mientras que la reciente recuperación del precio de las materias primas ha ayudado a Brasil en términos comerciales, unos precios más bajos podrían dificultar la recuperación”.  

 

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