BNY Mellon: se acabó el mundo a dos velocidades


Por primera vez desde que empezó la crisis, los expertos están hablando de recuperación en las economías desarrolladas, las más maltratadas por la consecución de burbujas inmobiliarias, financieras y soberanas… al tiempo que los países emergentes se descorrelacionaban, exhibiendo fuertes tasas de crecimiento que ahora están en entredicho. El punto de vista novedoso que aporta Richard B. Hoey, economista jefe de BNY Mellon Investment Management, es que no va a continuar el mundo a dos velocidades: todos los países van a crecer, tanto desarrollados como los que están en vías de desarrollo: “Esperamos una expansión económica global sostenida, con un patrón general de crecimiento tanto en los países desarrollados como los emergentes”.

Hoey desarrolla a continuación esta teoría: “Desde una perspectiva de largo plazo, los países emergentes tienen una tendencia de mayores tasas de crecimiento que los países desarrollados, debido a la difusión continuada de tecnologías modernas y de la tendencia al alza de largo plazo en la productividad de su fuerza laboral. Cíclicamente, sin embargo, los países con mejores perspectivas en el corto plazo de mejora en el crecimiento económico son los países desarrollados, mientras se recuperan desde niveles deprimidos de actividad económica en respuesta a los estímulos económicos”.

La presunción de que las economías desarrolladas lo harán mejor en el corto plazo lleva implícita otra buena noticia: desde BNY Mellon consideran que “el declive económico en Europa ha terminado en términos generales”, y ahora esperan “una transición hacia un camino lento de expansión”. La segunda buena noticia es que la recuperación de Europa, el continente más castigado por la crisis, beneficiará a la economía global. 

Hoey considera que, en este escenario global, sí es cierto que los países emergentes tendrán más dificultades para adoptar políticas de estímulos, dado que la distensión económica es más baja y han aparecido presiones inflacionarias, “especialmente en los países con divisas debilitadas”. No obstante, el economista jefe de la gestora no ve riesgo inflacionista: “Las presiones inflacionarias globales siguen silenciadas, lo que es probable que finalmente cambie las presiones inflacionarias en los países emergentes una vez que los efectos de la depreciación reciente de divisas empiecen a sosegarse”. El experto entiende que la recuperación también puede llevar a un equilibrio en la economía mundial: “Mientras que el crecimiento emergente es algo más bajo de lo esperado, la mejora de la actividad económica de los países desarrollados debería ayudar a estabilizar las tasas de crecimiento de los emergentes”.

Revolución laboral en China

El caso chino se merece un epígrafe aparte dentro del análisis que realiza el economista jefe de BNY Mellon. Hoey resalta el salto cualitativo que están experimentando las clases trabajadoras del país: “La expansión económica china de los últimos 20 años ha elevado sustancialmente los niveles de habilidad y productividad, lo que es un fundamental de largo plazo subyacente a la economía china”. Eso sí, el experto aclara que no es un caso exclusivo de China, sino que hay más naciones emergentes donde se puede encontrar este patrón.

Ahora que el nuevo Gobierno chino ha mostrado su disposición a sacrificar algo de crecimiento a favor de conseguir mayor valor añadido, Hoey entiende que este ajuste viene en parte dado por los efectos del cambio demográfico en el mercado laboral, ya que ha caído el número de trabajadores jóvenes de cuello azul. “Como resultado, el Gobierno chino ha permitido inflación salarial”, apunta el analista, que añade: “El crecimiento de China se está ralentizando en las industrias de salarios bajos al ir volviéndose otros países emergentes más competitivos, dado este ajuste demográfico”.


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