BlackRock, ¿el análisis que mueve el mundo?


¿Le gustaría saber cómo se comportará su cartera ante el tapering de la Fed? ¿Y ante una posible epidemia de gripe aviar? Pregúntele a BlackRock o, mejor dicho, pregúntele a Aladdin, su plataforma propietaria de gestión de riesgos que controla los activos de más de 170 fondos de pensiones, bancos, fundaciones, aseguradoras y otras firmas de inversión, un enorme cerebro artificial formado por 6.000 ordenadores que supervisa un patrimonio de más de 15 billones de dólares, es decir, cerca del 7% del total de los activos financieros mundiales.

Si le preocupa que una de las principales firmas de inversión del mundo por valor de mercado y el mayor inversor mundial (es el principal accionista de la mitad de las 30 empresas más grandes del mundo), ofrezca sus servicios de análisis y gestión de riesgo a un porcentaje cada vez mayor de las gestoras de activos del mundo, sepa que no es usted el único. Como advierte The Economist en un artículo publicado recientemente (The monolith and the markets) en el que analiza el negocio de la firma estadounidense, “un fallo en el sistema no solo afectaría a BlackRock, sus inversores y sus clientes. Si todo ese patrimonio está siendo gestionado por personas que basan sus razonamientos en los datos proporcionados por la misma herramienta, se exponen a cometer los mismos errores”.

La calidad de su análisis ha sido una de las señas de identidad de BlackRock desde su creación en 1988, en parte gracias a la “obsesión por el control de riesgos” de su cofundador, Larry Fink, quien a mediados de los ochenta, y con apenas treinta años, se convirtió en uno de los pioneros de la titulización de activos. “BlackRock destacó rápidamente por ser capaz de descifrar los títulos más complejos que Wall Street pudiese imaginar”, cuenta The Economist. “Los inversores que compran acciones de una empresa solo necesitan entender ese negocio, mientras que invertir en titulizaciones hipotecarias como las que diseñaba Larry Fink, actual presidente de la gestora (en la imagen), exige analizar el comportamiento de los miles de préstamos subyacentes”.

Ahí es precisamente donde encaja Aladdin. Según sus creadores, el sistema se basa en una extensa base de datos históricos de gran calidad y aplica simulaciones de Monte Carlo para generar estadísticas sobre cómo podrían comportarse diversas clases de acciones o de bonos bajo distintos supuestos. Como explica The Economist, “no se trata solo de determinar cómo se comportará cada título de una cartera, sino también de conocer la correlación entre ellos y de saber si esa correlación podría amplificar un posible shock. Los gestores de carteras grandes y complejas pueden apoyarse en estas simulaciones para ajustar sus posiciones”.

Actualmente, Aladdin supervisa unas 30.000 carteras de inversión, incluidas las de BlackRock. Algunos clientes solo contratan los servicios de gestión de riesgo y cerca de un tercio lo usan para gestionar sus carteras y procesar órdenes. Aunque el listado de clientes de Aladdin no es de dominio público, incluye a otras firmas de inversión del calibre de Deutsche Bank. Según informa la publicacion británica, la oficina de análisis financiero del Tesoro estadounidense destacó en un informe reciente que “las gestoras de activos que ofrecen servicios de valoración o de consultoría a otras gestoras de activos generan interconexiones y dependencias que incrementan su importancia en los mercados financieros”, exactamente lo que está haciendo BlackRock con Aladdin.

Las implicaciones obvias son dos. Por un lado, “las instituciones que subcontratan este análisis a un tercero no invierten esos recursos en desarrollar esas capacidades a nivel interno”, por lo existe el riesgo de que no entiendan bien los riesgos que asumen. La segunda implicación es más sistémica ya que tiene que ver con la formación de precios. “El éxito de BlackRock supone que una parte cada vez más grande del mercado piensa de la misma forma”, apunta The Economist. “Si los compradores, los vendedores y los reguladores se basan en los mismos supuestos, porque todos consultan Aladdin, puede que todos reaccionen del mismo modo en un momento de pánico”.

Aunque esta idea pueda parecer exagerada, lo cierto es que existe un precedente: antes de que estallase la burbuja inmobiliaria en 2008, los inversores confiaban ciegamente en el análisis de agencias de calificación crediticia tan reputadas como Moody’s y Standard & Poor’s, con el resultado sabido. Obviamente, BlackRock aplica modelos mucho más sofisticados que los de las agencias de calificación pero hasta Larry Fink admite que están sujetos a error: “Quien crea que los modelos siempre aciertan, se equivoca”.

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