Biodiversidad y economía global, lecciones de la naturaleza


2010 es el año internacional de la biodiversidad. Un tema crítico, aparentemente irrelevante. Pero la biodiversidad contiene importantes lecciones prácticas. Según Evaluación de Ecosistemas del Milenio la pérdida de especies es cien a mil veces mayor que la tasa de extinción natural y aumentará con el cambio climático. La cifra se basa en menos del tres por ciento de dos millones de especies conocidas, pero el número total de especies se desconoce y puede ser cinco a 30 millones. Muchas especies se extinguirán antes de hayamos tenido la oportunidad de maravillarnos.

Si vamos a vivir de manera sostenible en este planeta debemos prestar atención a las lecciones que naturaleza y biodiversidad nos enseñan.

Nuestra economía, globalizada y estrechamente entrelazada, no es muy diferente de un ecosistema y mantener el equilibrio es crucial. Una especie que florece excesivamente a expensas de otra conlleva a menudo consecuencias desastrosas. Cuando los depredadores se descontrolan toda la cadena alimentaria puede colapsarse. Así, la crisis financiera nos ha recordado brutalmente lo que puede suceder si unas pocas empresas altamente relevantes se extinguen -quiebran- o se vuelven disfuncionales.

El coste de estabilizar el sistema es extremadamente alto y no hay garantías de ajuste permanente. En un artículo publicado en Nature en 1997, Costanza et al. estimaron que el valor de los servicios proporcionados por diecisiete ecosistemas en todo el mundo era 16 a 54 billones de dólares por año, con promedio de 33 billones. Entonces el PIB nominal era de 18 billones. No hay posibilidad alguna de suplantar estos servicios de ecosistemas naturales, a ninguna escala, usando nuestras “prótesis” tecnológicas. El colapso de sólo algunos de ellos casi con seguridad puede empujar a la economía global al borde del precipicio.

Además cada especie tiene un nicho y papel específico. Cuanto más bio-diversificado, más resistente a choques externos. Del mismo modo repartir riesgos de las carteras se ha convertido en piedra angular de la moderna teoría de la inversión. En cierto sentido la biodiversidad es la versión natural sobre la teoría de la cartera de inversión de Markowitz, anticipada a lo largo de más de tres mil millones de años de evolución.

Los inversores deben inspirarse en los ecosistemas naturales, con visión a largo plazo. Deben favorecer la diversidad de modelos de negocio y asignar más capital a agentes económicos con más probabilidad de garantizar estabilidad y sostenibilidad al sistema económico. Un inadecuado énfasis en beneficios a corto plazo puede socavar la ética empresarial y afectar a las empresas más resistentes a los shocks del futuro.

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