Behavioural Finance


Partiendo del sentido común y de situaciones cotidianas a las que se enfrentan los inversores, iremos demostrando que el análisis financiero convencional ignora como las personas reales (profesionales y particulares) toman las decisiones. Nos guste o no a veces somos irracionales y dicha característica supone una de las mayores ineficiencias y oportunidades en los habitualmente correlacionados y supuestamente eficientes mercados financieros.

La dimensión humana de la Psicología Financiera ha generado ya varios Premios Nobel de Economía, como Daniel Kahneman y Edmund Phelps en 2002 y 2006 respectivamente. Además representa desde hace años un campo de innovación y trabajo en entidades de gestión como Julius Baer, JPMorgan o DEKA que han empezado a profundizar seriamente en ello. No me negarán que no deja de ser curioso que se vendan el doble de periódicos especializados en mercados alcistas que bajistas. Como inversores particulares disfrutamos releyendo artículos y comentándolos con personas cercanas cuando acertamos en una inversión, mientras que se llega a no acudir al kiosco cuando las pérdidas se hacen frecuentes ¿No es más razonable estar informado cuando vienen mal dadas y hay que tomar decisiones?

Como profesionales también estamos sometidos a presiones. Sentimos que podemos poner en peligro nuestro puesto de trabajo si cuando invertimos en determinados activos en momentos concretos y somos conscientes que la paciencia de nuestros clientes no suele exceder más allá de dos trimestres. Nos pasamos la vida entre ratios y conceptos sofisticados e ignoramos que términos como expectativas, confianza, pánico o euforia aparecen cada vez con más frecuencia en valoraciones e informes de gestión, y por lo tanto, nos guste o no, hemos de ser concientes que nuestras decisiones se pueden ver afectadas por comportamientos financieramente irracionales.

Lejos de avergonzarnos, esta dimensión psicológica de nuestro comportamiento como inversores es algo que debemos conocer y aceptar puesto que es simplemente algo físico, real y para nada una debilidad o una idea de los de marketing para vender fondos. La neurología explica perfectamente como situaciones de exclusión social, producidas por ejemplo por unos malos resultados de gestión, generan actividad en nuestro cerebro (concretamente en la ínsula) la cual provoca emociones básicas como odio, miedo, disgusto, tristeza e incluso dolor físico. Además cuando otras partes como la corteza del cíngulo anterior reciben demasiadas tareas de autocontrol se pierde un poco de efectividad. Coloquialmente podríamos decir que el cerebro “se gasta” y en cualquier persona esto se traduciría en una mayor cantidad de errores o en una falta de motivación para superar un trabajo difícil. Al mismo tiempo, en momentos en los que el cerebro anticipe una situación de éxito, puede liberar anticipadamente un exceso de dopamina, lo que hará que nos sintamos bien, auto-confiados, más motivados e incluso eufóricos si se disparan los niveles.

Una vez que tenemos claro que la neurología además de salvaros la vida en más de una ocasión puede ayudarnos a mejorar profesionalmente y que el Behavioural Finance es algo real, conviene bajar a un terreno más cercano y cotidiano para los financieros y sacar de todo esto algo práctico y útil en nuestro día a día a la hora de invertir. En el próximo post analizaremos los errores más habituales a lo que nuestra “dimensión emotiva” nos puede llevar.

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