¿Bajar o no comisiones? El dilema al que se enfrenta la industria


El estudio SPIVA nos hace ver que, con el nivel de comisiones actuales de los gestores de fondos, es extremadamente difícil batir los benchmarks de referencia. Por tanto, la industria de gestión de activos se enfrenta a un gran enigma: ¿cómo aportar valor al inversor y a la vez maximizar el valor de mi negocio?

Normalmente, nos dedicamos a opinar sobre las rentabilidades de los fondos, pero rara vez nos sentamos a pensar en la propia industria de gestión de activos. Pues bien, las gestoras necesitan evaluar si el valor aportado al inversor final justifica, bajo su actual modelo, un mayor valor económico para su accionista (el propietario de la gestora).

La acumulación de activos ha sido el patrón general por el cual se han medido el éxito de las gestoras en la última década. Dado que una gestora es capaz de hacer rentable su negocio siempre y cuando pueda apalancarse en una operativa comedida, ágil y eficiente, la acumulación de patrimonio maximiza la rentabilidad del negocio de gestión de activos. Todo esto estaba muy bien cuando las rentabilidades ofrecidas por el mercado eran decentes (y repito, decentes). Sin embargo, en un entorno como al que nos enfrentamos de bajas rentabilidades esperadas a futuro, debido principalmente a la situación macro general de bajo crecimiento y alto endeudamiento de las principales economías a nivel global, las gestoras deben centrarse no solamente en el crecimiento de su patrimonio bajo gestión, sino también en su capacidad de generar rentabilidad sostenible para sus propios accionistas.

¿A qué me refiero? Amasar patrimonio sin una propuesta de valor clara para el inversor final tiende a producir rentabilidades más que decepcionantes para los fondos de inversión en el medio plazo, y con ello, una pérdida masiva de inversores, que en definitiva redunda en una caída indiscriminada de los ingresos de la gestora. Debemos recordar que, para una gestora, sus comisiones de gestión es el “precio del producto” que venden y su equipo e infraestructura son sus “costes fijos”. A mayor volumen de patrimonio gestionado, mayor nivel de ingresos sin una dramática necesidad de incrementar sus costes fijos. De ahí que su modelo de negocio sea tan rentable, rondando el 40% en la última década.

Tal y como hemos comentado anteriormente, amasar patrimonio suele ser difícilmente compatible con mantener sus comisiones y optar por maximizar su rentabilidad a través del talento del equipo gestor (e intentar aportar alfa de manera sostenible en el tiempo una vez descontadas sus comisiones) y, por tanto, creo que es más probable que la gran mayoría de las gestoras opten por reducir sus comisiones (bajar “el precio del producto”), para conseguir ofrecer alfa a los inversores neto de comisiones, lo que supondrá reducir la rentabilidad de su negocio actual. Esto dejaría así a un pequeño reducto de “high alfa managers” con patrimonios más limitados y focalizados puramente en la optimización del valor de su negocio a través de compartir el éxito de las extra rentabilidades con sus inversores de forma equilibrada y justa.

Por tanto, la bajada de “precios” generalizada en la industria de gestión de activos está a la vuelta de la esquina y con ello quizás un reto para que el informe SPIVA siga acallando las voces de aquellos que opinan que la gestión activa siempre aporta valor. La realidad es que la gestión activa debería aportar valor al inversor final, y lo difícil es encontrar al gestor especialista en cada mercado y tipo de activo que lo consigue. Eso no significa que no existan, sino que se esconden mejor, dado que no están tan focalizados en el marketing que les permita amasar patrimonio.