Atemperando los ánimos


Pocas veces he visto a toda la comunidad financiera (analistas, estrategas, gestores de fondos, asesores financieros…) estar tan de acuerdo sobre un mismo asunto: que este año será el de la renta variable. Sospecho que el origen de esta opinión ampliamente compartida se debe a que el otro gran activo, la renta fija, ya ha dado a los inversores prácticamente todos sus frutos y poco hay que esperar de él para este ejercicio. Y los mercados, de momento, les están dando la razón.

Reconozco que yo también comparto esta opinión pero, quizá, convendría tener un poco de cautela y atemperar las expectativas de los inversores finales. Lo digo por varios motivos. Primero, porque si bien los inversores españoles han vivido un trienio perdido, con retrocesos en el selectivo español en estos últimos tres años, no podemos decir lo mismo del resto de mercados mundiales. Para el resto del planeta, el 2013 puede ser no “el año” de la renta variable, sino “el cuarto año” de la renta variable. El rally alcista que han vivido estos mercados ha sido, como suele recalcar la prensa estadounidense, el más odiado de la historia. ¿Es el momento de coger el tren en marcha? Eso parece pensar la mayoría de inversores si nos atenemos a las fuertes entradas de dinero en los fondos de renta variable. Pero también cabe preguntarse si no estarán llegando demasiado tarde e intentando subirse a un tren que ya ha alcanzado su máxima velocidad. La historia nos lo dirá.

Hay otro asunto que me preocupa: la complacencia que hay ahora mismo en el mercado. Da la impresión de que nada preocupa a las bolsas, de que nada puede afectarles, ni el impasse de las elecciones italianas ni la patada hacia delante del problema de deuda en Estados Unidos. Estamos viviendo una sobrecarga de tranquilidad, un periodo de anestesia bursátil. Basta mirar el nivel del VIX para darse cuenta de que algo no cuadra. Puede que el mercado no esté haciendo otra cosa que anticiparse a un periodo de resplandor económico que vendrá en un futuro cercano, pero yo que usted no me fiaría. El mercado siempre suele coger a la mayoría de inversores con el pie cambiado.

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