Aspectos que podrían estar frenando el crecimiento de las estrategias smart beta


El vertiginoso crecimiento de los productos cotizados (ETP) y la gestión pasiva ha dado lugar, en los últimos años, a la aparición de nuevas estrategias que no se conforman con igualar el comportamiento del mercado sino que se proponen superarlo mediante la réplica de índices basados en factores concretos de inversión: es el denominado ‘factor-investing’ que está en la base de las estrategias de smart beta.

“La investigación académica ha demostrado que estos factores pueden contribuir a mejorar la rentabilidad del mercado, es decir, estos índices pueden generar mejores resultados que los índices ponderados por capitalización mediante la aplicación de sesgos sistemáticos hacia factores como las valoraciones, el tamaño de la empresa, la volatilidad o el momentum”, explica Detlef Glow, responsable de análisis para EMEA en Lipper. “En otras palabras, la exposición a estos factores explica el perfil de rentabilidad-riesgo de cada índice”.

Pese a las aparentes ventajas que aportan estas estrategias, Glow identifica cuatro aspectos que, en su opinión, podrían estar frenando el desarrollo del mercado de ETF.

1. Nomenclatura confusa

En primer lugar, el experto considera un error que las casas de inversión intenten diferenciar sus productos de smart beta mediante el uso de diferentes nombres, ya que “puede que los inversores no entiendan por qué un promotor usa términos distintos para describir la misma estrategia que su competencia y −ante la duda− decidan no invertir”.

2. Gestión pasiva 'activa'

El segundo aspecto que podría estar limitando la apuesta de los inversores por este producto es el hecho de que los componentes del índice varían con mucha frecuencia y requieren un alto grado de intervención, lo que ha llevado a muchos a denominar ‘ETF activos’ a los fondos cotizados que siguen este tipo de estrategias.

Para Glow, esta naturaleza a medio camino entre gestión activa y pasiva influye en el análisis que hay que llevar a cabo antes de decantarse por uno de estos fondos. “Un buen proceso de selección debe combinar elementos de análisis de fondos pasivos (para el ETF) y activos (para el índice). En este sentido, los analistas y los inversores deben asegurarse de que entienden bien la estrategia del índice, ya que se trata de su principal factor de rentabilidad”.

3. Escasez de datos

“Como el segmento de los factores de inversión es relativamente nuevo, puede que los analistas no puedan usar datos reales para aplicar sus filtros cuantitativos”, advierte Glow, quien señala además que, en muchos casos, los datos de comportamiento proporcionados por los promotores de índices o de ETP están basados en análisis retrospectivos (back testing).

4. Falta de consistencia

Aunque Glow considera muy útil evaluar el comportamiento de cada estrategia en distintos entornos de mercado a partir de conjuntos de datos de largo plazo “para determinar bajo qué circunstancias podría funcionar, o no, la estrategia”, el experto destaca que “los estudios académicos indican que, pese a que los distintos factores de inversión han generado rentabilidades superiores a largo plazo, ninguno ha conseguido superar consistentemente al mercado en cualquier entorno”. Por ese motivo, la elección de un producto o de un índice determinado dependerá de las perspectivas que tenga el inversor con respecto al futuro.

A pesar de todo, Glow se muestra optimista con respecto al potencial de estos productos: “Creo que los productos de tipo factor-investing serán uno de los motores del crecimiento de la industria europea de ETF, puesto que muchas de estas estrategias pueden ayudar a los inversores a obtener mejores resultados o a aprovechar mejor sus presupuestos de riesgo”. No obstante, el experto incide en la importancia de que las firmas sean capaces de explicar estas estrategias complejas de forma sencilla, ya que “probablemente, los inversores no comprarán un producto que no entienden”.

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