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Asesoramiento para deportistas: ¿cuál sería la cartera modelo de Cristiano Ronaldo? ¿Y la de un golfista de élite?


Los deportistas de élite se dedican en cuerpo y alma a su actividad, aceptando enormes sacrificios para llegar al más alto nivel. Una vez alcanzada la cumbre no disponen más que de unos cuantos años para acumular un patrimonio suficiente que les proteja de las preocupaciones materiales. Su ciclo de ingresos es corto. Además, suele vivir en varios países antes del final de su carrera y tendrá que desenvolverse en distintos regímenes fiscales. De manera que es esencial contar con servicios de un socio que domine las finanzas internacionales y tener importantes ahorros fiscales. De hecho, la elección de un entorno de expertos permite al deportista y a su familia tener las ventajas de su parte.

Según Carlos González-Mesones, gestor senior de Pictet Wealth Management en España, hay que pensar desde el principio en el largo plazo. “El deportista tiene un doble riesgo de dilapidar la fortuna acumulada. En primer lugar, sus gastos corrientes pueden ser superiores a las rentas generadas por su patrimonio. Además, puede haber emprendido operaciones de inversión arriesgadas sin contar con la experiencia o asesoramiento adecuados. Por lo tanto, es indispensable que desde el principio piense en el largo plazo y tome las decisiones financieras en este sentido”, afirma el experto.

Hay que tener en cuenta que la evolución habitual del deportista en el tiempo tiene tres fases que hay que entender para una buena planificación financiera. “Comienza con una fase de acumulación hasta su retiro del deporte. El objetivo en esta fase consiste en minimizar los gastos y maximizar las rentas. Le sigue una etapa intermedia de transición hacia una nueva y segunda carrera profesional, durante la cual es necesario optimizar y planificar el futuro. El último periodo se caracteriza por el consumo del patrimonio y de las rentas, para mantener su nivel de vida”, explica González-Mesones.

Es en esta fase cuando –tal y como explica el gestor senior de Pictet Wealth Management- hay que armonizar rentas y gastos para cumplir los objetivos financieros. Según el experto, la clave del éxito reside en el equilibrio adecuado entre protección y crecimiento del capital. “En este sentido, una cartera objetivo final podría ser la compuesta en un 30% por renta variable, 25% en inversiones inmobiliarias, 10% en inversiones alternativas, 10% en capital privado (acciones no cotizadas ‘private equity’) y el 25% restante en renta fija”, revela.

González-Mesones explica que la materialización de estas inversiones se puede llevar a cabo de una forma secuencial, comenzando por dar un mayor énfasis en los activos que necesitan un mayor plazo para compensar el riesgo, como es la renta variable y el capital privado en la fase de acumulación. Posteriormente, en la fase de transición puede acometer las inversiones en activos inmobiliarios y alternativas. Finalmente, en la fase de consumo puede completar la cartera objetivo con mayor énfasis en inversiones en renta fija. Esto es: ir reduciendo el riesgo a medida que se va caminando a través de las tres fases.

La prestación de servicios personalizados de banca privada a medida de los profesionales del deporte y la cultura es un área en el que Mirabaud está haciendo un especial esfuerzo. Las estimaciones de Lionel Aeschlimann, socio y responsable de gestión de activos de la entidad suiza, apuntan que este colectivo mueve en España un volumen cercano a los 4.000 millones de euros. “Los deportistas han sido tradicionalmente un colectivo muy maltratado en banca privada. Ganan mucho dinero en su juventud y tienen un ciclo de ingresos corto, lo que refuerza la necesidad de invertir con visión de largo plazo. Esto, a su vez, encaja muy bien con la filosofía de Mirabaud”, afirmaba Aeschlimann en una reciente entrevista a Funds People.

La estrategia que siguen en la casa pasa por adaptar su servicio a la medida de cada cliente. Un grupo muy especial de sus clientes son los profesionales del deporte y la cultura, conocedores de las peculiaridades y problemas financieros y patrimoniales que les surgen durante y después de sus carreras profesionales. “La gestión de ingresos obtenidos en periodos de tiempo muy acotados y concentrados, así como la necesidad de la planificación financiera y patrimonial global y sin fronteras marcan las necesidades fundamentales para este tipo de profesionales. Para ello es necesario disponer de un equipo dedicado en exclusiva a este tipo de profesionales, con la flexibilidad, independencia y ausencia de conflicto de intereses fundamental para ofrecer un buen servicio en el largo plazo”.

Como ejemplo ilustrativo en la entidad ofrecen dos carteras modelo para dos tipos de deportista: un futbolista de élite y un golfista de éxito. A priori, y en términos generales, la principal diferencia es la mayor concentración en la generación de ingresos del futbolista, que termina su carrera mucho antes, mientras que el golfista, quizás, comienza a generar ingresos más tarde, pero duran más en el tiempo.

La cartera modelo del futbolista

Para este primer caso, desde Mirabaud explican que las inversiones en activos alternativos (inmobiliario, private equity o hedge fund), aglutinaría el 40% del patrimonio total. Dentro de esta parte, la principal concentración de la inversión la harían en activos inmobiliarios (25%). En private equity concentraríamos tan solo un 10%, pues este tipo de vehículos de inversión exigen plazos de maduración más extensos  (del orden de los 7 u 8 años). Por último, distribuirían un 5% en fondos alternativos o hedge funds con el fin de buscar instrumentos que ofrezcan en el tiempo rentabilidades absolutas positivas con independencia de la evolución de los mercados.

Según explican desde la entidad helvética, el otro 60% del patrimonio quedaría repartido en activos de renta fija y renta variable. “La distribución de ambos que proponemos es 36% del total de patrimonio en activos de renta fija y 24% en renta variable (concentrado en Europa mayoritariamente y Estados Unidos, donde llegaríamos hasta un 30%). Dentro de renta fija, concentraríamos la mayor parte de esta inversión (hasta un 60%) en títulos de renta fija con una calificación superior a BBB, es decir, activos con grado de inversión. El otro 40% lo concentraríamos en emisiones denominadas en euros cuya calificación mínima fuera BB. Si viéramos alternativas interesante en esta última parte podríamos incluir aquí un 10% en títulos emitidos en dólares”.

La cartera modelo del golfista

Este segundo perfil de inversor ofrece mayores oportunidades por la mayor disponibilidad en el tiempo de dichas inversiones. “En este caso, en las inversiones alternativas concentraríamos un 50%, de donde el 15% lo concertaríamos en fondos de  private equity, un 10% en hedge fund y mantendríamos el 25% en inmobiliario. En inversiones tradicionales (el otro 50%), quedaría distribuido con un 20% del total en activos de renta fija y un 30% en renta variable. En este sentido, seguiríamos con una concentración geográfica en Europa y hasta un 30% en Estados Unidos. En renta fija (20%) ampliaríamos la proporción en emisiones de rating high yield hasta un 60% sobre el total de la tarta de renta fija”, detallan.

En Mirabaud hacen especial hincapié en que en un mundo financiero cada vez más complejo y en constante cambio, las decisiones correctas deben tomarse sobre la base de la información correcta, por lo que desde el momento en que las rentas empiezan a generarse debe haber una planificación fiscal y financiera adecuada, y para esto siempre lo mejor es acudir a un asesor especializado. Y es que, han sido sonados los casos de deportistas de élite que, por una mala planificación financiera, han visto dilapidada su fortuna. El caso más reciente ha sido el de Christian Vieri, ex jugador del Atlético de Madrid, que hace escasas dos semanas reconocía haber perdido todo el dinero que había ganado como futbolista.

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