Arte en formol


La crisis en el mercado del arte ya es historia. El mensaje llega desde todos los medios especializados. Por ejemplo, cada año Artprice realiza un sondeo sobre el mercado del arte contemporáneo que sigue a los artistas nacidos después de 1945. Y los resultados de este año muestran una modesta recuperación tras la aparatosa caída del 42,8% que el mercado sufrió entre 2008 y 2009.

Según la misma fuente, en el último año estos artistas han vendido arte por un total de 443 millones de euros (lejos aún de los 975 del año- boom del 2007-2008) y 43 obras han alcanzado el cielo, el millón de euros.

¿Y quienes son los “jóvenes” artistas que venden obras por más de un millón? Pues los llamados “top four”: Koons, Prince, Murakami y, por encima de todos, Damien Hirst, el polémico y provocativo artista británico al que vamos a dedicar unas líneas porque su reinado en el mercado del arte actual es incuestionable. Algunas de sus obras se han convertido en auténticos iconos del siglo XXI. Vamos a ver algunas (con aviso a los hipocondríacos).

Hirst nació en 1965 y su infancia y adolescencia no fueron muy normales ni felices. Su madurez también ha sido difícil y se ha caracterizado, para entendernos, por el “sexo, drogas y rock and roll”. Su rol transgresor se plasmó en la serie de obras que le dieron fama mundial: su serie de animales muertos –como un tiburón, una vaca o una oveja- preservados en formol. Es decir, esto:

 

Esta obra, de 1992, se titula “La imposibilidad física de la muerte en la mente de algo vivo”. Y fue adquirida por “nuestro amigo” el hedge fund manager Steven A. Cohen por 12 millones de dólares. Pero no se la llevó a su hogar en Greenwich, sino que la donó al Metropolitan Museum of Art de New York.

Otro hito en la historia de Hirst fue la venta de “Lullaby Spring”, un gabinete de cristal y acero de 3 metros con 6136 píldoras de colores, vendido por 19 millones de dólares al emir de Qatar. He aquí un fragmento de la obra:

Y ese mismo año fue expuesta por primera vez “For the love of God”, una calavera humana engarzada con 8601 diamantes. Si la vieron lo la habrán olvidado:

 

Como pueden intuir, la obra de Hirst gira en torno al tema de la muerte. Y tampoco les debe extrañar que su obra tenga fervientes admiradores y detractores vehementes a la par. Su estética fascina u horroriza. Pero una historia del arte actualizada no puede pasar por alto su papel revolucionario, siendo un claro ejemplo de lo amplio que puede ser el concepto o la apreciación del arte.

Durante el año 2008, en pleno desplome de los mercados, Hirst sacó a la venta en Sotheby´s London 218 obras que coleccionistas de todo el mundo se quitaron de las manos como si se tratara de las rebajas del Corte Inglés. Se recaudaron 200 millones de dólares. Aquí tienen unas fotos sobre los lotes en venta en Sotheby´s.

PD. Por cierto, en el 2006, debido a su deterioro, el tiburón hubo de reemplazarse por un ejemplar más fresco… Ya sé, este artículo tenía que haber sido escrito hace una semana, coincidiendo con Halloween… Hasta la próxima.

 

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