Análisis: los futuros gestionados


Harry Skaliotis, gestor de AHL, analiza la estrategia de futuros gestionados. Los mercados financieros con frecuencia se ven impulsados por emociones y acontecimientos imprevistos por lo que predecir sus fluctuaciones es difícil. La teoría de carteras convencional se basa en el concepto de que el valor de las clases de activos tradicionales aumentará a medio-largo plazo. Sin embargo, la crisis financiera ha demostrado a los inversores que deben aventurarse más allá de las clases de activos tradicionales para construir una cartera verdaderamente diversificada, como la estrategia de futuros gestionados (managed futures).

La mayoría de los inversores reconoce la relación entre riesgo y rentabilidad. Sin embargo, muchos continúan centrándose en el componente más evidente de la ecuación, la rentabilidad, y de esta forma lo que consiguen es que sus carteras sean vulnerables a los movimientos desfavorables del mercado. Por tanto, construir una cartera diversificada, capaz de sortear las turbulencias, es la clave para generar una rentabilidad de la inversión consistente, y aquí es donde los futuros gestionados pueden añadir un valor considerable.

Los futuros gestionados: visión general

Históricamente, los mercados financieros exhiben ineficiencias persistentes en forma de tendencias de los precios. Los estilos de trading de los gestores de futuros gestionados son sistemáticos y se basan en modelos informáticos sofisticados. El objetivo de estos modelos es generar beneficios mediante la identificación del inicio de estas tendencias de los precios, abriendo posiciones largas o cortas cuando se desarrollan y cerrando esas posiciones cuando las tendencias finalizan.

Fig 1. Capturando una tendencia de precios

Fuente: Man Investments – ilustración esquemática

Como ejemplo práctico, los gestores de futuros gestionados se habrían beneficiado considerablemente con el petróleo en 2008 manteniendo una posición larga mientras el precio subía hasta 145 USD/barril en julio y cambiando a una posición corta cuando se hundió hasta menos de 31 USD/barril a finales de año, según Bloomberg.

La naturaleza flexible y líquida de esta estrategia significa que las posiciones pueden invertirse rápidamente cuando finaliza una tendencia y comienza otra, algo muy diferente del mensaje de “comprar y mantener” defendido por la inversión tradicional long-only. Por consiguiente, la singularidad de los programas de futuros gestionados es que suelen exhibir una correlación negativa cuando la tendencia de los mercados de renta variable es bajista. A medio y largo plazo, esto se traduce en una mejora de la protección frente a las caídas durante los periodos de debilidad sostenida del mercado de renta variable.

Dinámica de rentabilidad

Una de las principales ventajas de invertir en futuros gestionados es su baja correlación con las clases de activos tradicionales, como valores y bonos. En 2008, por ejemplo, los fondos de futuros gestionados disfrutaron de un año estelar en un marco de crisis del mundo financiero, y ganaron un 13,9% (según el índice Barclay CTA) cuando los valores mundiales perdieron en torno a un 40% [rentabilidad por precio del índice MSCI World].

De hecho, como muestra el siguiente gráfico, los gestores de futuros gestionados tienen un largo historial de generación de rentabilidades positivas en mercados de renta variable bajistas.

 Fig. 2 Correlación baja y mejora de la protección frente a las caídas en los mercados de renta variable bajistas

Valor índice USD (escala logarítmica)

1 de marzo de 1986 a 30 de noviembre de 2009

Fuente: Bloomberg

Por supuesto, como ocurre con la mayoría de las estrategias de inversión, los gestores de futuros gestionados no siempre ganan dinero. En los periodos caracterizados por cambios repentinos de tendencia y mercados sin dirección, el entorno generalmente no favorece a los programas de futuros gestionados. Por consiguiente, de vez en cuando se producen pérdidas inevitables, como las sufridas en 2009. No obstante, los programas de futuros gestionados cuyos riesgos están rigurosamente controlados, rara vez sufren unas pérdidas superiores al 30%, como las que suelen asociarse a los grandes mercados bajistas de la renta variable.

Raíces históricas y muy líquidas

Al igual que otros muchos enfoques de trading innovadores, los futuros gestionados cobraron protagonismo a finales de la década de 1980 tras la liberalización de los mercados financieros. Como su nombre implica, los fondos de futuros gestionados generalmente invierten vía bolsas de futuros globales e intentan beneficiarse de un enfoque sistemático de inversión en divisas, tipos de interés, renta variable, metales, energía y materias primas agrícolas. La estrategia de inversión se denominó inicialmente de “asesores de trading de materias primas” (CTA, por sus siglas en inglés) y el origen de los futuros cotizados se remonta a 1853 cuando se estableció el primer contrato normalizado en Chicago.

Los instrumentos financieros utilizados en la construcción de una cartera de futuros gestionados son contratos de futuros normalizados negociados en cientos de mercados muy regulados y líquidos de todo el mundo. A diferencia de los títulos tradicionales, el valor de un contrato de futuros es principalmente un reflejo del precio del activo subyacente y de las previsiones de oferta/demanda.

Además de la sencillez de la fijación de precios, los contratos de futuros cotizan en bolsas que utilizan cámaras de compensación para garantizar las transacciones, mitigando así el riesgo de contrapartida. Esto aumenta efectivamente la liquidez y permite que los programas de futuros gestionados mantengan la negociación durante periodos de tensión económica grave.

Los futuros gestionados: una auténtica diversificación

Con independencia de la consideración de la asignación a un programa de futuros gestionados como estrategia independiente o como componente de la construcción de carteras, el motivo para realizar dicha inversión es conseguir una cartera de inversión equilibrada y una rentabilidad uniforme a medio-largo plazo.

En el contexto de las carteras, las características singulares de los futuros gestionados pueden ayudar a reducir la volatilidad a lo largo de un ciclo de mercado completo. Sorprendentemente, la mayoría de las carteras “diversificadas” sigue careciendo de este componente esencial, que puede resultar especialmente valioso en periodos de crisis financiera, como se puso de manifiesto en 2008, o durante mercados bajistas prolongados.

La cuestión de cuánto asignar a futuros gestionados fue examinada por el Chicago Board of Trade (CBOT) en uno de los estudios a posteriori más completos jamás publicado. A lo largo de un periodo de 15 años se ejecutaron distintas simulaciones para determinar qué asignación a futuros gestionados proporcionaría la mayor eficiencia de la cartera. Su análisis comenzó con una cartera del 55% en renta variable y el 45% en bonos y, como se ilustra a continuación, la conclusión fue que el equilibrio óptimo entre rentabilidad de la inversión y volatilidad se lograba con una asignación a futuros gestionados del 20%.

Fig 3. Un estudio de la eficiencia de las carteras

 

Fuente: CBOT: ‘Managed Futures, Portfolio Diversification Opportunities’ (1996). Ilustración esquemática.

 

Experiencia y credibilidad

Aunque los gestores de futuros gestionados más exitosos han producido rentabilidades consistentes de dos dígitos durante más de una década, existen algunas reglas para el éxito duradero que los inversores deben tomar en consideración.

El control del riesgo es un componente integral del proceso de inversión de los gestores de futuros gestionados. Los modelos de trading utilizados han sido diseñados para operar dentro de un nivel de riesgo controlado a medio plazo, y generan sus señales tras evaluar la volatilidad del mercado.

Si bien los gestores de futuros gestionados consideran que los mercados son ineficientes, la mayoría añadiría que la eficiencia de los mercados tiende a aumentar a lo largo del tiempo. Por lo tanto, constantemente comprueban y ajustan sus sistemas de trading en su búsqueda de una rentabilidad superior.

Los programas de futuros gestionados también requieren unos recursos sustanciales para seguir operando con éxito, incluyendo un soporte tecnológico puntero y una plataforma de ejecución robusta. Las estrategias deben programarse internamente haciendo uso de algoritmos informáticos sofisticados y todos los componentes individuales de la estrategia han de analizarse, controlarse a posteriori y desarrollarse individualmente para garantizar que añaden valor, por lo que una experiencia contrastada es esencial.

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