Algunas claves para comprender las implicaciones de la última subida de tipos de la Fed


La Reserva Federal ha subido los tipos 25 puntos básicos, tal y como anticipaban los mercados. La primera variación de las tasas desde diciembre del año pasado se vio acompañada de una previsión de subidas adicionales el año que viene y una senda monetaria más rápida y agresiva de lo que se predijo en septiembre. No se produjeron grandes cambios en las previsiones de crecimiento, desempleo e inflación, y éstas no reflejaban ningún estímulo presupuestario que Donald Trump pudiera aplicar. Si el presidente electo implanta una política presupuestaria expansiva de gran calado, la Fed podría verse obligada a acelerar la normalización de su política, explica Mitul Patel, responsable de tipos de interés de Henderson. “Hasta el momento los mercados han considerado que este anuncio es más agresivo de lo que se esperaba”, afirma.

Estos reaccionaron dando mayor énfasis a la perspectiva revisada de tipos para el 2017. Los bonos de gobierno de EE.UU. se vendieron masivamente, elevando los rendimientos a 10 años en 15 puntos básicos, hasta el 2,59%, su máximo desde mediados de 2014. Sin embargo, fueron los vencimientos más cortos los que más subieron, reflejando así el potencial de que se realicen más incrementos de tipos de lo que se esperaba inicialmente. El bono a dos años americano se sitúa ya cerca del 1,3% cuando a principios de noviembre se encontraba por debajo del 0,8%. El diferencial entre el rendimiento de los bonos gubernamentales de EE.UU y Alemania alcanzó niveles que no se habían visto desde 1989.

“La subida de tipos de la Fed, más las que se esperan para 2017, probablemente aumentarán aún más este diferencial. Sin embargo, no debemos olvidar el rol que juegan las expectativas. Ahora son, en general, positivas para EE.UU y negativas para la eurozona. En otras palabras, parte del efecto Trump ya se refleja en el diferencial de los rendimientos de los bonos americanos y alemanes. En 2017 podría marcar un nuevo máximo”, augura Stefan Kreuzkamp, director de inversiones de Deutsche AM.

Mientras tanto, el mercado de acciones acusó una cierta presión, dado que la normalización de la política monetaria podría lastrar parte del optimismo propiciado por la mejora de las perspectivas de crecimiento, mientras que el dólar se apreció frente al resto de divisas, alcanzando su nivel más alto frente al euro desde el 2003. “Con la subida de tipos llegando en el momento esperado con un mensaje neutro, el rally del dólar puede tomarse un respiro, aunque creemos que en 12 meses alcanzará paridad con el euro”, vaticina Kreuzkamp. Ahora la clave está en saber cómo responderá el dólar a la decisión de la Fed. "Puede que un dólar fuerte no sea lo mejor para la economía estadounidense, pero es posible que agrade a los inversores en renta fija, puesto que la divisa ejercerá una presión a la baja sobre el crecimiento económico y la inflación”, afirma Jack McIntyre, gestor de Brandywine (Legg Mason).

La principal preocupación es...

Si bien los mercados habían descontado el movimiento de la Fed, se observó una postura ligeramente agresiva en las perspectivas de subidas de tipos por parte de los miembros del Comité de cara a los próximos años. Para 2017, la autoridad monetaria anticipa tres subidas, lo que supondría una aceleración en el ritmo de endurecimiento, tal y como recuerda Ken Taubes, director de inversiones de Pioneer Investments en Estados Unidos. Esa es ahora la principal preocupación de los inversores. “La frecuencia y la magnitud de las nuevas subidas de tipos dependerá principalmente de los plazos y las repercusiones de las políticas inflacionistas favorables al crecimiento de Donald Trump, así como su capacidad para implantar aranceles comerciales”, indica Kasia Kiladis, directora de inversiones en renta variable estadounidense de Fidelity.

¿Qué es lo interesante del discurso?

John Bellows, gestor y analista de Western Asset, otra de las filiales de Legg Mason, considera que lo más interesante ha sido la evaluación prospectiva de la FOMC. “El comité no ha revisado sustancialmente su previsión de crecimiento, aunque el mercado parece haber reevaluado considerablemente las perspectivas desde las elecciones. El FOMC probablemente decidió que era demasiado pronto para aportar cambios significativos a sus previsiones de 2017 en adelante. Para un grupo de economistas prudentes, de corte empírico, existe demasiada incertidumbre sobre la magnitud, el alcance y los detalles de la nueva política presupuestaria del Gobierno, por no hablar de lo que esas políticas pueden implicar para el crecimiento. Existe una preocupación real acerca de endurecimiento de la política comercial, con repercusiones en la demanda y la predisposición al riesgo".

Pero… ¿qué implica todo esto?

Para Rick Rieder, director de inversiones de renta fija fundamental en BlackRock, “en general, las características más importantes de esta nueva política y contexto de los mercados son, claramente, la reflación, la inflación y un mayor optimismo sobre la posibilidad de lograr el equilibrio entre un mayor peso de la política presupuestaria y un menor estímulo monetario”. En este entorno, Rieder cree que los mercados de bonos del Tesoro estadounidense protegidos contra la inflación (TIPS) siguen siendo interesantes y que los mercados de activos de riesgo también podrían verse apuntalados.

“Los tipos pueden subirse de forma moderada, las perspectivas de inflación podrían seguir acelerándose y, lo que es más importante, la inversión económica y financiera puede crecer —y lo hará— gracias a estos factores”, asegura. Pero también están los riesgos. Para Ignacio Díez, gestor de renta fija de Credit Suisse Gestión, el repunte de tipos a corto plazo va a encarecer el coste de los préstamos. “A pesar de que los hogares americanos están en plena fase de desapalancamiento, este escenario podría perjudicar al consumo en 2017. El sector inmobiliario, que lleva varios trimestres al alza y que está más ligado a los tipos de interés a largo plazo, también podría sufrir cierto estancamiento. Sería deseable que la Fed fuese cauta a la hora de dar indicaciones futuras en materia de política monetaria para no afectar negativamente a la recuperación de la economía americana y provocar una fuerte corrección de ciertos activos y sectores que son más proxies de bono”.

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