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Adiós a un hombre bueno


Ayer lo decía María Gracia Rubio en su bello artículo: Antonio Moreno Espejo era, ante todo, un hombre bueno y los que tuvimos la suerte de disfrutar de su amistad estamos conmocionados por su pérdida.

Conocí a Antonio en mi condición de supervisado y eso me permitió descubrir que era un hombre estricto pero flexible, con determinación pero comprensible, con un permanente deseo de ayudar al desarrollo del mercado y facilitar todo lo que estaba en su mano el crecimiento de la industria de inversión sin reducir los requisitos exigibles, de escuchar nuevas ideas sin apriorismos e intentar ponerlas en práctica si eran factibles.

Creo que el mejor homenaje que le pueden hacer quienes continúen su labor profesional será aplicar ese espíritu y talante en su relación con todos los que desarrollamos nuestra labor en este ámbito.

Pero más allá de esa relación profesional, el tiempo me permitió forjar una de tipo personal que es la que hoy me aprieta el alma y de la que me siento totalmente orgulloso. Porque lo que he comentado en el párrafo anterior, sólo era el reflejo de su personalidad. Antonio siempre estaba dispuesto arrimar el hombro, a dedicarte, a pesar de su agenda, el tiempo necesario para escuchar tus dudas y darte su mejor consejo, a ayudarte a tomar decisiones y sentirte apoyado y seguro de que la opción elegida era la correcta. En mi caso tengo que decir que, sin ese apoyo y ayuda, seguramente hoy no estaría donde estoy, ya que las decisiones más importantes que he tomado en el ámbito profesional en los últimos años lo fueron de su mano y su consejo siempre fue acertado.

La tierra gaditana nos permitió tener un punto más de conexión y, desgraciadamente, la próxima vez que pasee por la playa de La Barrosa, no podré evitar recordar que allí disfrutamos juntos hablando de lo divino y lo humano y constatar que le echaré mucho, pero mucho, de menos. Porque era un buen amigo y, sobre todo, un hombre bueno. Un abrazo Antonio.

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