Actualización de las Abenomics: menos política monetaria, más política fiscal


La lección que ha dejado la primera subida del IVA en Japón desde los 90 sigue pesando como una losa sobre su Ejecutivo. Recordemos: la decisión de Shinzo Abe de elevar del 5% al 8% el impuesto, aplicada en abril de 2014, provocó que la economía nipona volviera a caer en recesión. Además, infundó un enorme pesimismo entre los inversores, que siguen a la espera de que mejore el consumo. Por tanto, mensaje recibido: mejor esperar al momento adecuado para aplicar el segundo tramo de la subida del IVA. En vista de que este año la fortaleza del yen ha causado estragos sobre los activos nipones y avivado el temor a la deflación, no ha sorprendido la decisión de Abe de posponer hasta 2019 el alza fiscal (que sería del 8% al 10%). Pese al buen recibimiento inicial, al día siguiente de comunicar la noticia el yen volvió a apreciarse, y las bolsas niponas cayeron.

“Abe está impulsando sus propias medidas para apoyar el crecimiento”, comenta Keith Wade, economista jefe de Schroders, que opina que “la economía ha pasado dificultades desde el último incremento del IVA en 2014 y claramente no está suficientemente fuerte como para aguantar otra subida”. Según Wade, “el movimiento probablemente refleja también el reconocimiento de que el margen para impulsar a la economía a través de la depreciación del yen es limitado, un mensaje que los compañeros del G-7 de Abe habrán dejado claro en su reciente reunión”. En este contexto, “una relajación de la política impositiva aliviará algo de la carga que soporta el Banco de Japón para apoyar la economía”.

Ichiro Kosuge, responsable de renta variable japonesa y gestor de Goldman Sachs AM, espera igualmente más estímulos fiscales, junto a un incremento del gasto en infraestructuras y construcción: “Estos gastos podrían compensarse por el incremento de los ingresos procedentes del turismo del exterior. Los JJ.OO. pueden ser un aliciente para atraer más turistas. El turismo es una fuente de ingresos muy importante, puede llegar a aportar un 0,5% al PIB nipón". 

El experto explica por qué la reforma fiscal es clave: "Una de las razones por las que Japón ha sido en el pasado una de las naciones más ricas con los impuestos más bajos es porque el sistema impositivo nipón no valoraba correctamente los ingresos de los ciudadanos ni detectaba adecuadamente a los que no cumplían con sus obligaciones fiscales. Esperamos mayor eficiencia fiscal para detectar a los que defraudan, el gobierno de Abe está implementando un nuevo sistema de recaudación de impuestos que tiene como objetivo detectar a los defraudadores. Será la primera vez que los japoneses aplican una medida de este calado". 

Según Akio Yoshino, analista y estratega de Amundi, el principal beneficiario de esta decisión serán los activos inmobilarios y el gasto en consumo, y afirma que “un entorno económico más brillante empujará a las compañías a incrementar el gasto sobre capital (capex)”. En cambio, al implicar la decisión la posibilidad de “una disciplina fiscal más mediocre”, teóricamente podría suponer una amenaza a la deuda soberana nipona. Sin embargo, el experto descarta esta posibilidad por la acción continuada del Banco de Japón (BoJ) y los bajos tipos de interés.

Para Yoshino, como consecuencia del retraso del aumento del IVA “es probable que el gobierno contenga sus gastos al no obtener ingresos fiscales adicionales”. Calcula que se dejarán de ganar 4,1 billones de yenes vía ingresos fiscales, con los que planeaba “financiar el incremento de servicios de la seguridad social”, por lo que señala que “el gobierno debe encontrar otra fuente de financiación para cubrir los gastos de la seguridad social, que equivaldrán prácticamente a la suma del impuesto sobre la renta y el impuesto sobre el consumo”.

La otra alternativa sería reducir gasto en otras partidas: “En todo caso, será difícil compensar todo el recorte de impuestos y, por consiguiente, el Gobierno será obligado a reducir la paga de los pensionistas con menos ingresos, la construcción de viveros y la reducción de las primas de seguros sobre viveros”, asevera Yoshino. En último extremo, estas medidas frenarán el consumo, “porque los pensionistas y trabajadores a media jornada suponen respectivamente un tercio y un sexto de la población total”.

Nueva pérdida de credibilidad

La decisión del BoJ de introducir tipos negativos en febrero generó críticas a la viabilidad de las políticas monetarias acomodaticias. La posposición del alza fiscal renueva esas críticas. Jean Médecin, Miembro del Comité de Inversión de Carmignac, afirma: "La decisión de Shinzo Abe de posponer la subida prevista del IVA es otro indicio más de que las políticas monetarias ultraexpansivas están cada vez más expuestas a los designios de unos rendimientos a la baja”. Para Médecin, la prueba de este fracaso es el fortalecimiento del yen y los números rojos del IPC nipón.

“Posponer la subida del IVA debería dar cierto respiro al dinamismo económico japonés, pero los desafíos que se perfilan en el horizonte siguen siendo ingentes. Con un enorme déficit presupuestario (aún en el 6,7% del PIB en 2015), Japón se encuentra en una tesitura en la que su situación presupuestaria domina el plano monetario, lo que limita aún más las acciones del BoJ”, añade. El experto concluye que “el tiempo adicional que se ha ganado retrasando la subida del IVA sólo jugará a su favor si se emplea en aplicar reformas estructurales antes de que la política monetaria se estrelle contra un muro”.

“El BoJ ha perdido la mayor parte de su margen de maniobra para impulsar la actividad y la inflación en pocas semanas. Dado que el PIB sigue siendo bastante débil, la inflación es decepcionante y el yen se ha vuelto a apreciar, Abenomics está en riesgo”, declara Benjamin Melman, Director de Asignación de Activos y Deuda Soberana en Edmond de Rothschild AM.

Según Melman, “Abenomics es también un tema de credibilidad, porque la administración sabe que cambiar una mentalidad deflacionaria de 20 años necesita un compromiso fuerte si quieren tener éxito. Así que la administración necesita flexibilizar algo más la política fiscal. El aplazamiento de la subida del IVA es una cuestión muy sensible dado que las anteriores habían tenido efectos muy negativos”.

Melman explica que existe una gran división respecto a la política fiscal en el seno del Gobierno y en el Partido Liberal Democrático, “ya que muchos son “halcones” en materia fiscal debido al elevado nivel de la deuda pública”. Su conclusión es que “es muy posible que el Gobierno necesite endurecer su política fiscal por otras vías”.

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