¿Acciones o bonos? Mejor una mezcla de ambos


Son pocos los inversores que compran acciones y se echan a dormir, como recomendaba el experto en bolsa André Kostolany. La mayoría invierten y sufren día a día con los vaivenes de los mercados. Ante esta realidad, Hans-Jörg Naumer, director global de mercados de capitales y análisis temático en Allianz Global Investors, se pregunta en una reciente publicación si invertir en acciones es realmente una buena idea y, en ese caso, si resulta conveniente incluir bonos en la cartera para optimizar el perfil de rentabilidad-riesgo.

Si hubiese invertido 100 dólares en una cesta de acciones del S&P 500 a principios de 1988, a mediados de 2013 habría ganado unos 1.115 dólares, contando con los dividendos. Sin embargo, si hubiese invertido esos 100 dólares en bonos estadounidenses, hasta 2013 solo habría recibido unos 504 dólares, incluidos los cupones. Eso sí, habría ayudado a varios secretarios del Tesoro a dormir mejor”, explica Naumer, no sin cierta dosis de humor.

Incluso sin tener en cuenta otros factores, como los impuestos sobre las plusvalías, "los datos históricos demuestran que, a largo plazo, la renta variable genera beneficios mucho mayores que los bonos. El precio que hay que pagar es el mayor riesgo, entendido como fluctuaciones de precios más acusadas, es decir, una mayor volatilidad”, apunta el experto.

“En los últimos veinte años, los inversores en renta fija estadounidense solo han sufrido pérdidas anuales dos veces, frente a las cinco registradas por los que invirtieron en renta variable (la peor, del 46%). Eso sí, en el mejor año de ese periodo la bolsa de EE. UU. ganó un 62% mientras que la rentabilidad anual más alta generada por los bonos fue del 14%”. Para Naumer, estas diferencias son lógicas porque “asumir un mayor riesgo solo tiene sentido ante la expectativa de mayores beneficios”.

La importancia de gestionar el riesgo

Ahora, asumir riesgos no implica dejarse arrastrar por las turbulencias del mercado. Aunque es imposible eliminar totalmente el riesgo, es importante gestionarlo. “Una forma es seguir el consejo de Kostolany e invertir a largo plazo, pero eso nos obliga a usar sólo el capital que no vayamos a necesitar a corto plazo”, explica el experto de Allianz. “La otra forma es lo que podríamos denominar como ‘lo mejor de los dos mundos’ y que consiste en combinar las mejores perspectivas de beneficios de las acciones con la baja volatilidad de los bonos”.

De hecho, si volvemos a analizar la serie histórica para una cartera con distintas ponderaciones de renta fija y renta variable, el efecto amortiguador de los bonos es evidente. “Tan solo añadiendo un 30% de bonos a la cartera de renta variable, la reducción de la volatilidad y la moderación de las pérdidas son notables. Por ejemplo, el peor registro anual pasa del -46% al -30%”, afirma Naumer. “Y si incrementamos el peso de los bonos hasta el 70%, las pérdidas máximas en el periodo se quedan en el -9,1%, pero las rentabilidades también se verían limitadas (en nuestro ejemplo, solo superan el 15% en tres ocasiones entre 1992 y 2012)”.

¿La moraleja? Los inversores deben tener muy presente que el potencial de rentabilidad está estrechamente relacionado con el nivel de riesgo y que, en la mayoría de los casos, solo es posible obtener mayores rentabilidades aceptando un mayor nivel de volatilidad. Para Allianz GI, la clave está en intentar gestionar el riesgo con una acertada mezcla de bonos y acciones que permita reducir las fluctuaciones de los precios y beneficiarse al máximo de las ganancias.

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